La Comunicación en tiempos de cólera

En su “El amor en tiempos del CóleraGabriel García Márquez perfila la frase que puede muy bien invitar a mirar con otros ojos la herida inferida a Francia y Europa: “fue el error de su vida, tal como su conciencia iba a recordárselo a cada hora de cada día, hasta el último día”.

Paris, atentados el 13 de noviembre

Paris, atentados el 13 de noviembre

Después del último, por ahora, gran atentado de París; después de la cancelación de varios partidos internacionales amistosos; después del despliegue de aparato defensivo en Saint Denis; después de que Suecia impusiera severos controles en su fronteras y pidiera evaluaciones biométricas en el espacio Schengen; después, en fin, de los ataques de represalia de la aviación francesa contra campamentos de entrenamientos del Daesh los europeos seguirán preguntándose qué va a ocurrir en los próximos meses y aun años.

La respuesta nadie la sabe. Pero sí hay algunas cosas que sí sabemos.

1.- Los grupos terroristas están bien armados: ¿está Europa proporcionalmente bien equipada en armamento y personal para hacer frente a este terrorismo? No: no lo está: los países europeos son flojos, pacifistas y burocráticos. Los despachos prevalecen sobre el terreno. La comunicación, el sistema de opinión pública activa, ha anestesiado a la política. Cantar “La Marsellesa” cuánto queráis, y cuando acabéis con la estrofa final – qu’un sang impur abreuve nos sillons! – echad un ojo a la línea del Presupuesto de cada país para ver qué hacer ante miles de cucarachas con kalashnikov en vuestras propias letrinas. Por no hablar de las telas de araña de comunicación de captación.

2.- El Daesh sabe perfectamente dónde hacer daño y cómo magnificarlo en los medios de comunicación de la Civilización de las Pantallas: ¿tiene Europa un plan de contingencia – no hablo de protocolos de urgencias – para prevenir el ataque terrorista, o, en su caso neutralizar el pavor comunicativo fin real de este tipo de acciones neo-bélicas? No: no lo tiene. Por lo visto, más allá de operaciones de cosmética sentimental, de velitas, ositos y manifestaciones la comunicación sigue jugando ese papel de kleenex, como el de esos psicólogos – ¡qué horror! – que mandan para hacer no se sabe bien qué ni con qué eficacia a los heridos y a los familiares de los muertos. Y

3.- El Daesh tiene unos principios – sí, serán odiosos hasta el vómito, pero son principios – y con ese “core” teleológico plantan cara a Occidente con una insolente consistencia; recordemos que de Europa salieron mujeres y hombres bomba que repartieron muerte por decenas en Madrid, Londres y ahora París. Recordemos que en escuelas y barrios se impone socialmente a no musulmanes evitar la carne de cerdo y observar el Ramadán y, siguiente paso, se imparten consignas de odio en conocidas mezquitas. No soy anti musulmán, ni anti nada. Pero sí digo que desde los grupos de terror de pretexto islamista hay un aprovechamiento de la ausencia de comunicación y enraizamiento de un principios europeos que hay que respetar y hacer respetar.

Organizar el horror

Organizar el horror

Porque donde hay más vacío de esos principios europeos es entre los ciudadanos de Europa.

La apelación a la democracia, que es todo – pero también sólo – un modo de régimen político no es suficiente. La llamada a la libertad económica que impulsa el progreso material se queda en la superficie.

Europa, antes que aterrorizada por las balas y entelerida por los explosivos, está paralizada en su ánimo a causa principalmente por la preterición de los principios que la hicieron grande. El respeto a la vida no es el menor de ellos. Querer transcender y dejar un legado no es el penúltimo. La libertad como capacidad para discernir lo mejor – no lo que apetece – y elegirlo para serle fiel no es lo antepenúltimo.

Y la verdad como bien del que es posible participar, como fundamento de convivencia, como propósito a la hora comunicar tampoco debe estar en el baúl de las quimeras, los imposibles y los ideales irrealizables.

Catedral de Notre Dame

“Fluctuat nec mergitur” es el lema de París

Si gobiernos, empresas, asociaciones, escuelas, universidades, familias y medios de comunicación se ponen a ello, esos principios europeos desactivaran la inercia, rearmarán moralmente a las personas y harán de Europa de nuevo un poderoso continente. Para ello la comunicación hoy es la maquinaria imponente desde la raíz al desarrollo de esa gran misión.

Por dejar pasar el tesoro que encierra esta turbación de hoy, que es hija de un “antes”, a Europa le puede suceder lo que a aquel personaje del libro que encabeza estas líneas: “era una palabra prohibida: antes. Ella sintió pasar el ángel quimérico del pasado, y trató de eludirlo”.

No está escrito el destino, sí la misión y el lema de la ciudad de Paris resulta más inspirador entre las lágrimas de esta semana: “Fluctuat nec mergitur”

 

Idea fuente: viaje de la comunicación desde la emoción hasta la misión

Música que escucho: Europa, Santana (1976)

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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