Instagram y compartir historias

 

And you mean to me what I mean to you and together baby,
There is nothing we won’t do
‘Cause if I got you, I don’t need money,
I don’t need cars, girl, you’re my all
(With you, Chris Brown)

¿Cuántas historias ha compartido usted en lo que va de año? O desde otro punto de vista, ¿cuántas de las cosas que ha compartido son verdaderas historias?

“Compartir” es una palabra densa que pocos pueden utilizar con propiedad. Sólo los que han dejado con ese verbo – “compartir” – dinero del que cuesta dar, tiempo extirpado a la piel del alma, o el alma misma son los que comparten de veras.

Tiempo arrancado al alma

Tiempo arrancado a la piel del alma

Cuando uno comparte con alguien algo experimenta que ya no es tan fácil hablar en singular (“yo pienso”, “a mi me gusta”), sino que el plural, con una neta cesión de soberanía individual, se instala en lugar principal del propio programa: deja de ser solitario para ser algo que se vive con otro.

La atracción sensible del término compartir ha llevado a uno uso degradado de esa noble acción. En este sentido ha corrido la misma suerte que padecen muchos conceptos cuando la vulgarización de Internet y el poder de sus empresas más significativas (Google, Facebook, Twitter, Instagram o Apple) se lo apropian. Seguidor, influyente, grupo, tendencia, ¡biografía! y hasta la palabra amigo han sido no pocas veces víctimas de violación semántica.

Marne Levine afirma que “no hay manera más poderosa de compartir una historia, ni más universal, que la imagen”. No dudo de la inocencia de la Directora de Operaciones de Instagram, que subrayaba con esa frase (Expansión 04/04/2014) la noticia del titular: “En 2016 se harán más fotos que en toda la era analógica”.

Instagram

Instagram

Instagram, red de divulgación de fotos y vídeos cortos creada en 2010, fue comprada por Facebook dos años después por 1000 millones de dólares. “Su plantilla de 350 empleados da servicio a una comunidad de más de 400 millones de usuarios en el mundo que comparten alrededor de 80 millones de fotos y vídeos cada día” en uno de los sistemas de “relación virtual” preferido por los jóvenes de 12 años en adelante.

Tartas de cumpleaños, pies en la playa, pies en la piscina, novios, novias, celebraciones, celebridades, gente vulgar, gatos, perros y otros seres y eventos llenan diariamente Instagram para que otros cientos de seres puedan verlos y disfrutar – o padecer – con ellos.

Son realidades, micro momentos, instantes que gracias a la imagen, a la tecnología y a Internet pueden verse – y por tanto apreciarse, despreciarse, ser amados u odiados – en toda la redondez de la tierra.

Pies y otras historias

Pies y otras historias

Es posible que la hipérbole de llamar historia a cada uno de esos instantes esté en consonancia con pensar que quienes lo “suben” a Instagram estén realmente compartiendo.

Compartir una historia es lo que hace cada día una madre con su hijo, un médico con su paciente, un maestro con su discípulo, un corresponsal con sus lectores o, lo que vive y construye una pareja enamorada.

Y esa participación conjunta les lleva a emplear imágenes y palabras. Y silencios. Y miradas. Miradas y silencios son los hilos que tejen la más potente manera de compartir historias. Luego los novelistas escriben sus libros, los directores de cine filman sus películas y las televisiones sus series. Luego, acaso una foto efímera crea haber inmortalizado algo, cuando en realidad la inmortalidad estaba en los protagonistas que se dejaron en su historia compartida un tiempo arrancado a la piel del alma, o el alma misma.

Idea fuente:  compartir historias en la Civilización de las Pantallas

Música que escucho: With You, Chris Brown (2007)

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