Lo que dice de ti el uso que haces del móvil

Send your dreams
Where nobody hides
Give your tears
To the tide
(Wait, M83)

 

1.- No tienes móvil. Por eso no te dice nada. No has cumplido los 7 años o superas los 90. O eres Ramón, mi amigo abogado: “si tienen que encontrarme, saben dónde”, declara.

2.- Lo tienes encima de la mesa mientras comes con tu pareja. Si ella – o él – es ocasional eres un maleducado: si es tu futura (o futuro), se trata de un futuro imperfecto: puedes apostar a que cortáis antes de que salga a la venta el próximo terminal. Ah!, y sigues siendo un maleducado. Si es tu cónyuge coge el teléfono, marca su número y cuando lo descuelgue frente a ti os reís de vosotros mismos por lo muy tontos que sois los dos.

mesa, compañía y smartphone

3.- Te quedas sin batería desde la 5 de la tarde o antes. Eres un bobo abusón, eso me dice de ti el móvil. MeToo. Lo has manoseado desde que te hizo de despertador esta mañana y ahora te dice “´déjame cargando y coge El Principito”. (Nota para ti: El Principito no es un jugador del Atleti; tampoco el último modelo de Samsung. Lo escribió Saint-Exupéry, no llega a las 100 páginas y su lectura te reseteará; recomiendo el capítulo XXIII sobre el “mercader de píldoras especiales que aplacan la sed”).

4.- Sólo lo usas parar recibir llamadas y lo has convertido en fijo. Eres mujer; has cumplido los 50; probablemente ama de casa y tienes una o dos hermanas que te llaman a diario. Racionalista y organizadora de tu tiempo: muy lista. Tu móvil siempre está en silencio, en el bolsillo del abrigo, en la mesa de la cocina o, peor, en el cajón de la verdura de la nevera. No te interesa el móvil. Ya escuchas demasiado; ya oyes muchas cosas. Ahora hablas contigo misma riéndote a carcajadas con Carlos Herrera.

5.- Lo enciendes y lo miras cada 45 segundos. No hablas con Dios desde hace años. Contigo lo hiciste una vez en el último mes: y es que, realmente ya sabes lo poco que hay que sobre ti: dentro sólo tienes los reutits y videos vistos esta semana; no te acuerdas del título de un solo libro leído en los últimos meses. Estás muy ocupado pulsando teclas mientras pagas a plazos tu soledad. Piensa: hay conversación personal gratis que genera compañía.

6.- Abres todo vídeo que te llega vía Twitter o Whatsapp. Los hay graciosos, muchos; guarros, algunos; inteligentes, los menos; en cualquier caso metido que estás en varios grupos de chat, no te permites mirar los ojos de alguien y debatir con ideas. “Al no tener ideas que intercambiar, los hombres intercambian naipes buscando arrebatarse los florines” escribió Arthur Schopenhauer. Hoy ni naipes, les bastan videos que no valen un florín.

Nomofobia

7.- Padeces ataques de angustia por un riesgo de quedarte sin batería o sin conexión durante lo que resta del día: eso se llama nomofobia. Tiene tratamiento. Mientras, aprieta fuerte la mano que amas, la mano que no va a soltarte: la batería que importa es la que da motivo a tu vida.

8.- Subes con él a Instagram fotos de tu paella, de tus pies, de tu T-Shirt. Pues que bonito, pero, ¿de verdad que no te aburres de ti? Anda, toma este es otro libro: “Primero lo Primero”; Capítulo 3, “Vivir, Amar, aprender, dejar un legado” y te copio “Hacer muchas cosas más rápido no reemplaza a actuar correctamente”. ¿El autor? Pues ese búscalo en Internet. Pista: el nombre empieza por “S” y el apellido por “C”.

9.- Miras las llamadas recibidas y no la respondes. Eres un grosero. Y te brindo dos pensamientos. Un día serás tú quien llames y dolerá que ni reconozcan tu nombre en la pantalla de destino. La otra, que hay una llamada al final del túnel por el que transitas y a esa no podrás dejar de responder.

10.- Sacas fotos y fotos de la reina Leticia mientras pasa por delante de ti. Perfecto, tu teléfono tiene cámara 12 megapíxeles, con apertura f/1.7, tecnología Dual Pixel. Querrás inmortalizar el momento. O, por el contrario, hacerlo fugaz porque sólo pretendas decirte – y decir a tus contactos – que estabas allí. Pero allí tú no estabas, era tu máquina. Y si estabas, no eras. Ni serás si no sabes vivir el momento, mirar a la reina – o a quien sea – percibir y grabar en tu cerebro, no en el disco duro, lo que están significando para ti y para los demás los acontecimientos que te implican. Puedes vivir, quiero decir, si sueltas el teléfono y te aferras a las personas y a la vida.

No perderse nada. O todo.

11.- Escuchas con auriculares una y otra vez “Me cuesta tanto olvidarte”. Sí, de Mecano. Te entiendo. Te ha dejado. O le has dejado. Da igual. Pero hija, ¡si ya han pasado años de aquello! Además, si buscas en Spotify, también está el Canon de Pachelbel. O más actual Perfect de Ed Sheeran. También puedes amar el sonido de la calle, de la voz de tu madre o la de ese mendigo. Él sí que está solo.

12.- Andas todo el día liado con el teléfono en un montón de grupos. Grupos que charlan sin parar; tuitean que les duelen los dedos; cuelgan imágenes por millones; se apuntan, se borran, se vuelven a apuntar. Y ahora pregúntate, ¿cuántos amigos – de verdad amigos – tengo?

13.- Das prioridad a las llamadas entrantes del trabajo sobre las de tu hija (novia, hermano, mamá). “Lo que importa más nunca debe estar a merced de lo que importa menos” escribió Goethe. O del libro de Primero Lo primero que cité antes “Cuantas personas en su lecho de muerte desearían haber pasado más tiempo en la oficina? Ese es el título del capítulo primero.

Personalidad y exclusión

14.- Experimentas miedo a perderte algo en las redes sociales o a quedar excluido de un evento, lo que puede llegar a obligarte a permanecer conectado a Internet. Visita a tu consejero espiritual, porque padeces FOMO (Fear Of Missing Out), pavor a ser excluido.

Y si me permites yo te digo otra cosa: nunca estás sola; nunca estás solo porque tú vales más .Para alguien lo vales todo. No te miento.

 

Idea fuente: ¡Ay si los Smartphone hablaran!

Música que escucho: Wait, M83 (2011)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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