El poder de la comunicación si los dos se quieren

 

 

You have secrets I don’t know
And I have scars that you can’t read
I know your past ain’t far behind
I hear it knocking on the door
(Be of Good Heart, Joan Baez)

 

La comunicación interpersonal – también la de empresa y organismos – está siempre condicionada por dos fuerzas que tiran de ella: el conocimiento y la voluntad. En otras aportaciones hemos escrito sobre el conocimiento (pensamientos, ideas, planes, programas y estrategia) que hace posible convivir.

Conocimiento y Comunicación

La comunicación nace en la mente, es verdad. A veces estimulada por la realidad. Pero el embrión de algo que compartir habita en el cerebro. Aunque a veces, muchas veces, late más fuerte en el corazón. Cabeza y corazón acunan lo comunicable. Pero es la voluntad la que nos mueve, en esto como en casi todo, a actuar. Es una afirmación audaz pero tantas veces real aquella de que puede más el que quiere que el que puede: “Quien de veras quiere, mucho puede”.

Querer es necesario como lo es pensar. Además del querer que expresa el motor de la acción, está ese otro hermoso tipo de querer que si es mutuo es un quererse.

Quererse de verdad es la cima de la comunicación. Los que se quieren “miran por los ojos del otro”; “beben los vientos por ella”; “dos que se aman, con el corazón se hablan”; y “el corazón no habla, mas adivina”. Cuando funciona a tope es una comunicación-comunión. Ya no hacen falta más palabras: basta mirar. La comunicación vive entonces en contemplación. Ahí comunicar es comprender y comprender es compartir: ya no hay otra cima. No se desea llegar más lejos porque sencillamente ya se ha llegado.

Quererse, llegar..Photo by Everton Vila on Unsplash

Pero, ¿cuánto dura?, ¿de qué se alimenta? ¿hasta dónde llega? Sus ojos son ya el cielo; la vida es que él (ella) viva. Morir no es una opción. El amor es lo único que queda cuando ya nada quede. “El amor lo vence todo”: tiempo y espacio.

Eso parecía expresar este grafiti que fotografíe la tarde del domingo, después de ver pasar La Paz: “si los dos se quieren, siempre se podrá”, seguido de un enigmático “@…

 

un grafiti y el poder del amor

Comienza la frase con una condición que parecer presumirse cumplida “si los dos se quieren”; es como el supuesto de hecho que se da por cierto para expresar lo que tiene trazas de deseo o esperanza; “no hay amor sin esperanza”, dice el refrán.

Pero deseo y esperanza no son lo mismo; aunque miran en la misma dirección: el futuro. Futuro incierto siempre y ahora imaginado colmado de bienes. La esperanza dice todo terminará bien. Dice yo mismo terminaré bien. Pero sobre todo dice los dos terminaremos bien. Y el deseo viste ese futuro con la imaginación para hacerlo vivo ya ahora.

Del “tiempo detente” del camino rociero del amor, se pasa al “apresura las horas”, porque los dos quieren, aunque por ahora se ve que no pueden.

Y con el anhelo en carne viva el autor (o autora) del grafiti piensa que basta la voluntad, el amor entre ellos, para arrebatar contra viento y marea – “siempre se podrá” – lo que parece inaprensible.

He llegado a pensar incluso que en su fiebre de amor el grito “siempre se podrá” es más un llanto de desesperanza, un sollozo con spray sobre un muro de imposibilidad ante una realidad fatal que no quiere reconocerse. Es el miedo a perder el amor. Y como decía Don Quijote uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son”.

Pero no quiero admitirlo. No: si los dos se quieren siempre se podrá, porque “más discurre un enamorado que cien abogados”. El valor y no la desesperación; la voluntad determinada y no la rendición dejaron su huella en negra tinta. Una huella que tiene acentos de consigna, de lema heráldico.

Pero también quedan en el aire dos inquietantes cuestiones: ¿por qué utiliza la tercera persona del plural (“se quieren”) y no la primera (“nos queremos”)? Y ¿a quién va dirigida la frase; quién es el destinatario que ha de leerla?

Al ponerlo en el reflexivo “si los dos se quieren” apunta a un universal, a una frase que abarca a ellos dos y todos los “doses” del mundo que se aman.

Y ahora el destinatario de tan sugerente, breve y potente discurso. Se me ocurren tres posibilidades: lo escribe él a ella; lo pinta ella para él. Lo proclaman él o ella para alguien que se opone a su amor.

No hay más pistas, salvo que un grafólogo descifre caligrafía y un psicólogo la intención. Me inclino por la primera opción. Este Montesco del siglo XXI lo dirige al corazón de su doncella Capuleto, para animarle a vencer sus miedos: si nos queremos siempre podremos, parece decirle para romper sus cadenas interiores.

Él acaso escuchó en algún lado al cantante argentino Luis Alberto Spinetta, por sobrenombre “El Flaco” que cantaba “Si a tu corazón yo llego igual, todo siempre se podrá elegir, no me escribas la pared sólo quiero estar entre tu piel.”

Idea fuente: el amor es aquí abajo lo más cercano a la omnipotencia.

Música que escucho: Be of Good Heart, Joan Baez (2018). (De su último álbum Whistle Down The Wind, con el que terminará su carrera de 50 años de canciones)

José Ángel Domínguez Calatayud

Etiquetas: , , .

Los comentarios están cerrados.