La vida en sus manos: el Caso Alfie Evans

Mientras escribo hay un bebé de 23 meses, Alfie Evans que, contra la opinión de los doctores – que no le atienden -, frente al hospital que lo desconecta, desdiciendo a varios tribunales – incluido uno que, no sé por qué, se llama Tribunal de Derechos Humanos -, un niño, digo, que ha decidido respirar por su cuenta (Liverpool Echo 25/04/08) para sonreír a sus padres.

Sus padres y otros muchos, entre ellos el Gobierno italiano – están dispuestos a darle el soporte vital que médicos de Liverpool, Jueces de Londres y Estrasburgo y algunos medios cainitas le niegan. Hasta el avión estaba preparado para llevar a Alfie a Roma.

Respirar en Roma, qué maravilla. Pero no está el mundo para maravillas, está para morirse de asco y, si se puede, “reducir sufrimientos” a ese niño. Tienen poder para desconectar a Alfie en Liverpool, pero Alfie and us will never walk alone.

No caminaremos solos, porque la vida tiende a abrirse paso frente a la burocracia y si le dices, como dijeron a sus padres, que dejaría respirar a los pocos minutos de retirarle la asistencia, la vida responde: “permítame doctor que le contradiga: voy a hacerlo horas y horas”.

Alfie Evans

Pero el debate sobre quién tiene derecho a vivir y quienes deben morir está conectado a una máquina que – esa sí – habría que desactivar. La Máquina de la Inhumanidad.

La negación de la realidad (por ejemplo sobre la dignidad del ser humano intocable), a la que sigue el relativismo primero, y el positivismo jurídico después son el alimento de esa máquina de manipular de la que vive mucha gente: opinadores bienintencionados, médicos de falsa compasión, jueces sin equidad para distinguir el bien del mal, y políticos metidos a legislar más allá de su acreditada incompetencia…

Ese positivismo – no hay más derecho que el legislado y nada es bueno por encima del BOE – lleva a la anulación de un hombre al que no se considera real, sino fruto de lo que se legisla: Usted no es sujeto pasivo de protección porque tenga unos derechos previos y anteriores que le son debidos por ser persona, sino sólo porque la ley – y sólo ella – defina que eso a lo que usted aspira – por ejemplo, respirar – merece protección jurídica y lo haya recogido un texto que los jueces aplican sin más consideraciones.

Esta falta de consideración no es nueva en el caso de Alfie, el caso de la Vida, sino que con la ayuda de medios de comunicación, campañas millonarias de propaganda y publicidad, explotación de emociones y arrinconamiento de ideas se impone en otros muchos campos del saber y del hacer: Mujer, Salud, Familia, Amor, Vida, Muerte, Pensamiento e Historia.

El caso de Alfie, no es un asunto lejano de unos padres jóvenes histéricos. Es algo que le toca usted. Y le toca a diario. El caso de Alfie, último de la serie por ahora, es que usted sólo vivirá mientras se lo permita un juez después de leer un folio en términos médicos. No se engañe: no viajará a Roma para respirar.

Aproveche este momento para hacerlo, dar gracias a Dios y meditar. Porque algo siempre se puede hacer para que este hermoso mundo sea más respirable.

Idea fuente: Algo que hacer a favor de la vida de las personas y todo bicho viviente

Música que escucho: Ma vie, Alain Barrier (1964)

José Ángel Domínguez Calatayud

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