Guadalupe, querida Grano de Arroz

Lo que más me cuesta, Guadalupe Ortiz de Landázuri, es darte el tratamiento adecuado. Delante mí tengo una estampa para devoción privada que me han dejado y pone “Sierva de Dios”. Pero ¿debería llamarte Venerable ahora que vas se beatificada el 18 de mayo? ¿Cómo dirigirme a ti? ¿Amiga? Te llamaré querida Grano de Arroz y veo que casi intuyes porqué.

La libertad de amar

El pasado martes me cupo el honor de presentar el libro que sobre ti, querida Grano de Arroz, ha escrito Cristina Abad, periodista y amiga. Como comprenderás me lo leí varias veces intentando entresacar materia para el acto. Cris ha hecho una estupenda semblanza tuya que te muestra sencilla y grande, si eso se puede decir. Tu vida fue como grano de arroz: simple, comprensible, predecible por fuera pero repleta de vigor y calorías incoadas por dentro. La belleza, el bien y la verdad son poderosos e invisibles encerrados en su cascarilla.

No que no tuvieras defectos, si no que de ellos sacabas materia para reciclarte, para renovarte y renovar el mundo.

En tu normalidad hiciste cosas asombrosas. Pero lo genial es que las hiciste de modo sobrenatural. No me refiero sólo a que volaras en avioneta con 16 años. Ni a que fuerais tú y otras cuatro las únicas alumnas entre sesenta alumnos de tu curso en aquella Facultad de Ciencias Químicas. Eran los años 30 del siglo pasado. Y que con sólo otras dos iniciases obras en México que ya no son sólo rastros sino piedras de amor compacto.

Guadalupe Ortiz de Landázuri

Sí, querida Grano de Arroz, eso estuvo de miedo. Pero más importante me parece que te entregaras a Dios en todo y para todo y lo hicieras con un sonrisa en la boca y una copla en el corazón.

No se ve todo el surco de las almas grandes, como no es visible la savia interior del roble, el latir de un corazón enamorado o el cálido aire que hace levantar el vuelo a la libertad de amar. “Libertad de amar”, ese es el título del libro de Cristina Abad, la semblanza – detallado puzzle de hechos valiosos – de tu vida por aquí abajo.

Me quedo con todo el libro, ¿sabes, querida Grano de Arroz?, pero sobre todo, pensando en tantas personas que buscan la verdad en lo pequeño y que parece despreciable, me quedo con tu tesis doctoral que enciende la vigorosa energía de quien tiene y busca el reto de la verdad.

El título de tu tesis, “Refractarios aislantes en cenizas de cascarilla de arroz”, es un destello sugerente.

“Cenizas de cascarilla de arroz” me parecen cinco palabras inspiradoras. Vamos, un seguidilla. Tú, querida Grano de Arroz, y yo hemos escuchado muchas veces lo de “hacer limonada del limón” como consejo sabio para endulzar las angustias. Ahora podemos aplicar otro principio: sacar provecho de lo despreciable, dar utilidad a lo marginal: ser ceniza de cascarilla de arroz.

Si el acrónimo ONG ni existía siquiera cuando te dejabas en México la piel a jirones para subir a la Mujer en aquel gran país, tampoco nadie usaba lo de “sostenibilidad” cuando tú y tu ciencia descubrías el valor de aislante refractario de la cenizas de la cascarilla de arroz

Supongo que para el Cielo también la cascarilla de arroz de nuestros errores, es aprovechable con tal de que los quememos convirtiéndola en ceniza que oxigene el aire: vivimos un mundo necesitado de  ese aire  que le permita respirar fuera de la mediocridad, empezando, querida Grano de Arroz, por la ceniza de nuestra pobre cascarilla.

Cascarilla de arroz

No será adecuado el tratamiento que te deba, querida granito de Arroz, pero me ocurre que así entiendo mejor tu servicio lúcido, tu no brillar para que sean las obras las que dejen su rastro.

Idea fuente: La ceniza de cascarilla de arroz como aislante refractario y una dama camino de los altares

Música que escucho: Ordinary World, Duran Duran (1993)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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