18 minutos

“Le quedan 18 minutos, carga de batería en un 10%”

Muchas veces me había pasado lo mismo: concentrarme en la tarea con el portátil y no darme cuenta de que el tiempo agotaba la batería. Todo por no haberlo conectado a la red.

Sí, pero esta vez era diferente porque esta vez sí quedaban sólo 18 minutos. El ordenador no sabe de flexibilidad ni de prórrogas. La vida tampoco. Mi ordenador no sabe de segundas oportunidades. Mi vida tampoco. Lo que me parecían antes segundas oportunidades eran nuevos momentos únicos, cerrados, excluyentes, aunque guardasen parecidos unos con otros.

18 minutos son una eternidad cuando te mata un dolor. Son impaciencia ardiente en el atasco para llegar a casa después de un mal día.

Y, a la inversa, son nada cuando necesitas al menos 30 para terminar y enviar el informe final de tu contratación. Son un parpadeo si es el tiempo exacto para la inyección letal. 18 minutos son puñalada cuando son los que quedan antes de dejar a tu amor en tierra un domingo y tomar un avión.

18 minutos y despegar

Si el ordenador vuelve a poner en su pantalla “Le quedan 18 minutos”, le preguntaré ¿qué harías tú si sólo te quedase ese cuarto de hora ampliado?

Mejor, me lo pregunto a mí; y a ti, mi lector amigo. Si hoy, si ahora mismo te quedan 18 minutos, ¿qué vas a hacer con ellos?

Idea fuente: Un aviso de mi ordenador portátil

Música que escucho: Leaving on a jet plain, Peter, Paul and Mary (1967)

José Ángel Domínguez Calatayud

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