Regreso a Gaztelueta

No estabais ya viejos y nobles cipreses de la avenida junto al campo de fútbol. Ni tú, pérgola de sombra junto al chalet. Ni los cuernos de los ciervos del pabellón primero. Veros; quería veros a todos: a los chicos corriendo por el recreo, a la sustituida cuesta para llegar al colegio, al estanque para cazar sapaburus.

Pero el tiempo os ha quitado de en medio a unos; a otros ha cambiado tanto que somos otra versión de nosotros mismos. Cosas que pasan medio siglo mediante.

Más duele preguntar “¿ tú quién eres?” que tener que repreguntar “¿es que no me reconoces?”. Duele que te haya la memoria arrancado más que borrado el gesto que declaramos un día inolvidable. Pocas cosas hay inolvidables y una eres tú.

¡Ay! mano amiga que nos sacó del pozo. ¡Ay! oído amigo que escuchó nuestra herida. ¡Ay! cálida voz que serenó el minuto, firmes dedos que descorrieron la cortina de futuros de esperanza.

Escucharte quería “Haurtxo polita” en voces del Coro del colegio y hoy no sonabas más que en mi alma. Del mismo modo que sólo en ellas pude oír vuestros, nombres rezados en plegaria amigos que ya partisteis: Guillermo, Rafa, Jesús, Santi, Ander, Juanma, Pedro, Tomás. Sonaban vuestros nombres con el eco ya perdido de un “San Francisco” de Scott Mackenzie entonado por aquel grupo Old Music de nuestro curso.

Y sin embargo qué alegría que no haya que lamentar los gozos que nos regalamos sin saber ni de nosotros mismos.

Quería verte, tejadillo del pabellón primero, y ahí estabas. Quería verte perfil del Serantes y allá te alzabas. Verte necesitaba puerto de El Abra y tus agua movieron sus olas en un saludo apenas apreciable. Deseaba verte esplendorosa primera casa, chalet convertido en colegio, en alma mater, en fragua, impulso, raíz, rama, savia y flor. Y te vi. Vaya que si te vi y te contemplé en el silencio interior que, sólo para ti, resguardé del hermoso jolgorio exterior de la Fiesta Deportiva.

“Corazones y cruces” que orlan el escudo se abrazaban al cabo de los años para poner el amor en sus sitio. Y los recuerdos. Se abrazan en vosotros, amigos compañeros, al celebrar haber vivido lo que vivimos.

No estaban, no sé si estuvieron alguna vez en un día como éste, los ojos que adivinaban mis pensamientos. Los tuyos. Pocas cosas hay inolvidables y una eres tú.

Pero tuve la seguridad de que  siempre por entonces te tuve cuando te necesité. Algo andarías cantando guitarra en mano bajo un sauce, o junto a un fuego, o frente a la orilla del lago que nunca se secó dentro de mí.

“Where have all th flowers gone long time passing?» podríamos tener la tentación de cantar con nostalgia, pero después de volver a vernos en el castillo, nido de águilas de nuestra amistad. estamos más seguro que la canción a cantar y a vivir es “You’ve got a friend”.

Así es. Así sea.

Idea fuente: viaje desde la nostalgia a la amistad

Música que escucho: What worry? Mark Knopfler

José Ángel Domínguez Calatayud

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Una respuesta a Regreso a Gaztelueta

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