Los valientes nunca se equivocan

Le voy a llamar Miguel, para no identificarlo. Hoy he estado haciendo deporte con él. En un momento determinado ha debido verme pensando cuál era la estrategia adecuada para la siguiente acción. Seguro que le ha parecido que la mía era una actitud remisa.

Ha sido entonces cuando con un tono amable pero imperioso me ha soltado.

.- Los valientes nunca se equivocan.

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Luego, mientras caminábamos juntos hemos hablado de la frase y de lo que encierra. Me ha hablado del espíritu de los marines, de que “no equivocarse” en su frase viene a significar que puedes errar en la acción concreta y caer; pero “no equivocarse” es entonces levantarse – a lo mejor herido – pero estar seguro por tu valentía de que no te equivocas al persistir en la misión recibida, en la decisión adoptada.

Miguel volvió hace un tiempo de Jacksonville. Allí, en la Clínica Mayo, trataron su asunto de páncreas. Está repuesto. Todo lo repuesto que se está en estos casos. Y vigilando cada tres meses los marcadores. Su atención a los marcadores es de parecida intensidad a la que podía poner Nick Nurse, entrenador de los Toronto Raptors, en el último partido de la final frente a los Warriors. El matiz quizás esté en la cuestión sobre lo que está en juego en el caso de uno y del otro.

Para él, desde entonces, el valor es más actitud que valor. Vivir es su valor. Hacerlo mientras Dios le dé vida. Me recordaba aquella anécdota del general que se esforzaba por retirar a Pompeyo de la primera fila donde combatía como un soldado; le advertía que podía morir si no se apartaba de tan arriesgada posición. A lo que Pompeyo el Grande respondió: “aquí no se trata de vivir, sino de vencer”.

Vencer es lo que hoy no se quiere con tanta fuerza. O si aparece la dificultad o se tiene que arriesgar.

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Contrariedad, probabilidad de sufrir, de ser incomodado, tenido por menos o incapacidad de acometer riesgos es algo que está tapando no pocas bocas. Hay perros pastores que ya no avisan con su ladrido – voz, escritura, actitud – que llega el lobo, que ya está a la puerta, que ya ha asumido el poder.

Esto es terrible. No se trata de ser violento, ni de arrojar el barro de la injuria y menos de la calumnia. Es más bien haberse lavado bien por la mañana, saber distinguir la suciedad y advertir que está ahí. Y que es sólo basura. No la representación de la verdad, del bien y la belleza.

Es por eso que si uno siente el fuego del amor dentro de sí se encienden las lámparas de la valentía,  y entonces nada va a cambiar tu mundo, tu decisión.

Se cuenta que el zapatero Kilinski fue detenido en la sublevación de Varsovia contra los rusos. Era el año 1796. Traído a la presencia del temido príncipe Repnin, éste, indignado ante la serenidad y sencillez con que expresaba aquel humilde artesano, se descubrió bajo el abrigo la cantidad de estrellas, cruces y condecoraciones que cubrían su pecho y dijo al zapatero: “Mira y tiembla”. Ante eso Kilinski respondió “¿Estrellas? Otras veo en el cielo, señor, y no tiemblo”.

No hay que acudir al siglo XVIII para observar actitudes de valor. Frente a la que está cayendo – corrección política – hay personas y empresa que no se acobardan:

Leo en El País (23/07/2019) que el personal de vuelo de “Vueling deja en tierra a una pasajera por su ropa: la aerolínea dice que llevaba bañador, ella que era un ‘body’”.

Coco Comín le declara a Salvador Sostres (ABC, «España camisa blanca», 27/07/2019) su aversión a la danza contemporánea: “las bailarinas hemos luchado mucho para vencer la ley de la gravedad… para tener ahora que arrastrarnos que es lo que propone la danza contemporánea”.

Y otra valiente, Pastora Soler (ABC de Sevilla, 28/07/2019, pág. 82) no tiembla y lo proclama: “hay canciones de reguetón que contienen mensajes con los que no me gustaría que mi hija se dejara influenciar”.

No se equivocan. Los valientes y las valientes no se equivocan.

Idea fuente: el poder inmenso de ser valiente

Música que escucho: Across the Universe, Fiona Apple (1999). La versión original (1968) pertenece a The Beatles que la incluyó en dos de sus discos, One’s Gonna Change Our World (1969) y Let it Be (1970).

José Ángel Domínguez Calatayud

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