La belleza del verano

De un modo espontáneo se han ido acumulando en el álbum de mi smartphone fotos, las más de atardeceres en el mar. La primera vino a alojarse ahí a mediados de julio. Comenzaba el verano de mi teléfono. Me la enviaba una prima desde una playa cantábrica. Allí acababa de pasar una galerna en un cielo de grises y plomo, que dejaba un mar de luz oscura. Era mi mar y de recuerdos se me llenó ese lugar del corazón reservado para lo que fue primero.

Cristina

Después han ido llegando torrentes de atardeceres en una interminable paleta de colores gaditanos y onubenses principalmente. Esto sobre todo en un grupo de Whatsapp de muchos amigos. Parecían rivalizar para ofrecer la mejor imagen del sol acostándose por occidente. Nadie ha superado a Cristina. Arquitecta, pintora, amiga de los amigos, bebedora a sorbos profundos del aire de la vida.

Cristina persistente nos enviaba una foto de cada ocaso. Un sol resplandeciente abría un camino de luz brillante desde la orilla hasta el umbral del fin del mar. Otra  desde el campo de prácticas de un campo de golf con palmeras peinando los rayos del astro.

Paco

Después cada uno del grupo se unió a la iniciativa y, ya digo, un colmarse de instantáneas de hermosura: Luis, desde la orilla del Guadalquivir y luego en la playa: Mónica desde una inmensa torre en Singapur o desde las indonésicas Islas Gili. Paco desde La Sabana. Otros, no sin humor, enviaban estremecedores atardeceres capturados en el caladero de…Internet. O rescatadas del pasado otoño, como la de Jesús (“igualadla si podéis”). Y playas, playas, playas que evocaban a Marie Laforet y su “La plage”:

L’amour offrait l’éternité

A cette image

De la plage ensoleillée

C’est bien dommage

Mais les amours de l’été

Bien trop souvent

Antonio

Si como los cocineros de élite pudiera sintetizar todas esas imágenes haría un solo plato apellidado “Belleza”. El nombre sería el de cada amiga, de cada amigo que amo, de todos vosotros a quienes deseo lo mejor.

Y el centro del plato tendría que ser el autoservicio de una porción de corazón y mente que tiene que poner cada uno. Un verano así lleno de belleza no nació sin un objetivo. Nació para ti.

En el sonido de cada grano de arena que canta agudo al roce con sus vecinos; en el aire de esa montaña a la que has ascendido y desde donde ves cadenas de cumbres; en los millares de verdes y azules que ofrece el mar; en tu agradecer al Cielo minutos intensos de paz; en la música que al refrescar suena en tu lista de canciones favoritas; en fin, en cada persona – a la que atiendes con la mirada y el alma – se esconden teselas para el mosaico de tu felicidad. Recógelas con el intenso disfrute con que el niño recoge conchas.

Y es por belleza. La belleza y el ser tienen un fuerte vínculo: amando lo bello somos más. Y, con un poco de delicadeza, nos hace mejores.

Este agosto de la personal biografía, puede llenarse de belleza y empapar los pensamientos y cargar la batería que importa más:  la del corazón. No es de litio, es de coraje, sueños y detalles luminosos para los que están cerca.

José Luis

Idea fuente: imagen fuente de un atardecer marino

Música que escucho: La Plage, Marie Laforet (1964)

José Ángel Domínguez Calatayud

Etiquetas: , , , .

8 respuestas a La belleza del verano

  1. Monica dijo:

    Muy bello!! Felicidades Jose Angel!! Escribes de maravilla!! Que viva la sensibilidad masculina!! Abrazos!!!

  2. Cristina dijo:

    “Amando lo bello somos más”…lo apunto para siempre. Gracias por tu sensibilidad, y por saber expresarla tan bien. Un lujo ser tu amiga.

  3. ¿Lujo? Con dos como tú se conquistan las estrella. Muchas gracias, Cris. Fuerte abrazo

  4. Jesús dijo:

    Me ha encantado, te acuerdas de mí, un fuerte abrazo

  5. Macarena González Espada dijo:

    Felicidades Jose Ángel!!!! Es tan bonito lo que has escrito….tienes una sensibilidad que de verdad es admirable. Gracias por compartirlo. Un fuerte abrazo