Luz de esperanza: los medios

Tengo abiertos en mi ordenador una docena de periódicos digitales, algunos internacionales. A esta hora de la tarde he leído una veintena de artículos y docenas de titulares como parte del oficio de escribir.

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Claro que siempre hubo males y noticias sobre males. Aquí mismo pongo una listas de palabras extraída ahora de estos periódicos que pintan un cuadro puntillista fácilmente reconocible: se suicidó; apagón eléctrico; explosión; machete; Brexit; abandonar; obesidad; abuso; mentiras; aborto; Hong-Kong; cohetes; huelga urgencias; supremacista; golpe de estado; el teléfono, mi peor amigo; mal antiguo; Trump; mata a cuatro; segunda explosión; cuando no puedes sostener la vida; carrera armamentística; levantamiento; a fuego abierto; cuesta más que nunca: Xi; disputa; armas; tasas negativas; La ciudad rechaza el plan para la manifestación proheterosexual; manada; porno; recital de madurez; migrantes; homenajear a expresos; calvario bursátil; narcos; sin gobierno; herido por disparos; incendios forestales; sacrificada; matones; insultos; abucheos…

No hay claves que descifrar: es lo que se escribe y lo que se dice.

Veo negro. Negro sobre blanco si quieren, pero negro, muy negro al fin. Parece que la realidad hubiese elegido la festividad de san Lorenzo, mártir en una parrilla, para achicharrarnos de hedor a carne humana victimizada.

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Pero hay una canción luminosa. La canta First Aid Kit y se titula My Silver Linning. Su estribillo repite “Show me my silver lining, I try to keep on keeping” que podría traducirse como “muéstrame mi lado positivo y trato de seguirlo”.

Silver lining tiene otros significados según qué contexto: consuelo, parte positiva, resquicio de esperanza y luz de esperanza.

Eso me importa. Eso pienso que importa a muchas personas: una luz de esperanza frente a las desgracias.

Y no sólo malas noticias, sino malos fondos, declaraciones y posturas que siguen grandes tendencias (megatrends) que tienen la letra del mismo diablo para acabar con las personas en eso que les hace tan humanas que las acerca a lo divino: la mente y la voluntad recta.

Sin que se me ofenda ningún exquisito de la Historia afirmo que asistimos a un nuevo Holocausto: el Holocausto del espíritu.

Igual que aquel, al principio fue negado, pese a los testimonios y pruebas horrendas, el actual no puede ni nombrarse sin sufrir la indiferencia, el desprecio condescendiente de la “nueva” inteligentzia o la persecución directa. Las leyes actuales de nuestro occidente siguen en muchas materias un tono que parece hasta digno pero que vacuna contra la razón en no pocos casos: eso es la esencia de lo políticamente correcto y del apoyo desmesurado a lo que desintegra la sociedad. Está mal visto ser libre y pensar diferente a la ideología de lo ordenado por la “autoridad moral mundial”.

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En otras épocas siniestras de la historia no faltaron voces de pensadores formados que señalaban con agudeza la herida de la sociedad. Plumas de periodistas con criterio que llamaban a las cosas por su nombre. Comunicadores que con paz, pero con sabia fortaleza, no callaban por comodidad o cobardía. Eran luz de esperanza. No tenían en sus manos las soluciones pero apuntaban a ellas con el dardo de la palabra.

Sin embargo esto no es la muerte; ni la muerte es el final. El final es la luz de esperanza. Alumbrarla es cosa de comunicadores que se atrevan a buscar la verdad y a proclamarla sin otro compromiso que el servicio al hombre y mujer en su integridad.

Es posible con libertad y formación. Y muy buen humor.

Idea fuente: necesidad de personas modélicas en los medios de comunicación

Música que escucho: I don’t talk to talk about it, Amy Belle (2009). La canción la lanzó en 1975 Rod Stewart. Pero el creador fue Danny Ray Whitten, compositor estadounidense que la compuso en 1971 para debutar con su banda Crazy Horse. La prematura muerte de Danny, permitió a Rod hacerse con la canción. La cantó a dúo con Amy Belle en el Royal Albert Hall (2004) y causó una impresión imborrable en el público.

José Ángel Domínguez Calatayud

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