Comunicar: la vida-puzle

Todo lo que comunicamos está en nosotros. A veces en aterradora desnudez. Otras vestido de ropajes del entorno. Ruidos externos. Circunstancias que son también un “yo”, un “nosotros”.

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Para algunos la vida es un camino. Para otros la vida es una casa. Para muchos es un túnel,  o una carrera de obstáculos, o una lucha a brazo partido por sobrevivir. Pocos hay para quienes la vida sea de una pieza. Pero para mi amiga – no es la única – la vida es un puzle.

Cada uno vive su vida así. Es una vida intransferible y desde ella escribe, habla, sufre, abraza, sueña, comunica y muere. Es este un dato que pasamos de largo al tratar con alguien, al traducir un artículo, al descifrar las querencias de un público o la lágrima de una mujer.

Vuelvo a mi amiga. Más que amiga, debería en justicia escribir pues tengo testimonio en mi carne de lo que le debo. Con justa reciprocidad nos cantábamos “you’ve got a friend” sinceramente. También cuando la distancia hacía impracticable el “and soon I will be there”, al menos físicamente.

La vida también es un carrusel, un tiovivo y en una vuelta volvemos a vernos las caras. Eso me pasó la otra tarde en Comillas. Hacía muchos, muchísimos años que yo no volvía a la ciudad palaciega. Ella tampoco es habitual allí. Yo tenía que ocuparme de un evento de comunicación. Mi amiga, con ligero atuendo veraniego, paseaba mirando, turisteando con la atención de quien en las piedras de los escudos de armas disecciona con el bisturí del recuerdo infancias adheridas.

El silencio es lo primero que nos dijimos después de la sonrisa del encuentro. Cuando llevas mucho tiempo sin andar cuesta cada paso. Lo mismo tras años de no verse y de no hablarse más allá del “feliz cumpleaños” telefónico. Así que las palabras salían torpes y los malentendidos rápidos. La bicicleta de la comunicación también requiere unos minutos para andar recta si hace tiempo que no pedaleas.

Enseguida, llegamos de los recuerdos a las risas, de las risas a la composición de la situación personal y de ahí a la vida. La vida que de verdad late en nuestros pasos y en el alma.

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Ahí descubrí que ella llevaba años viviendo una vida-puzle.

La vida-puzle no es exactamente una vida truncada como la dura del parado de edad o la del atleta que se rompe y debe cambiar todos sus hábitos. Tampoco es una vida desordenada, ni plenamente sin sentido. Bebe de semejantes fuentes pero tiene una distinta profundidad.

La característica de la vida-puzle es, lógicamente, que está compuesta de piezas como todo rompecabezas. Pero el rompecabezas como el motor a explosión son órganos complicados. Mientras que la vida, como un plato de espagueti es complejo. Complicado y complejo no es lo mismo. Las piezas de un motor o de un puzle no modifican a las demás: se complementan y ya está. Pero uno no puede tirar  de un espagueti sin mover, sin afectar al espagueti de al lado. Pues la vida-puzle,  por ser vida es compleja como ese plato de pasta. Si dices, haces, olvidas o mueves algo cambias la propia vida y la de los cercanos.

La hondura de todo ello llega al paroxismo con la pérdida de una pieza del puzle. No me refiero a la muerte de un ser querido, aunque pudiera ser. La pérdida que hunde en un abismo de dolorosa impotencia es la de lo amado en vida: hermano, esposa, amigo íntimo, hijo mayor…

En esas estaba mi amiga más del alma. La yedra del muro de “Los Castaños” miraba muda nuestros cafés. Y ella me contaba lo que no puedo desvelar pero que tenía la pinta de un abisal pozo de pena.

Cafetería «Los Castaños», Comillas

La confianza hacía fácil comunicar. Comunicar es compartir. Pero ¿es que hay palabras acaso para llenar el hueco de la pieza que falta? “¿En qué estrella estará?” cantaba Nena Daconte.

Se me ocurre que nada suple las piezas vitales. A veces el cerebro te deja descansar con un trampantojo y funcionas como si estuviera ahí. El peligro de la desesperanza puede conjurarse como en los puzles clásicos poniendo en su sitio las piezas de referencia.

En la mesa de al lado un abuelo, al que parecía que le habían encargado del cuidado de una nieta, se esforzaba con la pequeña niña para componer un puzle.

.- Primero busca las esquinas; vamos a buscarlas juntos.

Nos quedamos mirando con curiosidad.

.- ¡Muy bien! Ya están las esquinas. Ahora los bordes. No es tan difícil. Ves. Aúpa.

La firmeza de las piezas de referencia es una necesidad para recuperar la ilusión vital. Todos tenemos cuatro puntos fuertes que nos permiten mantenernos cuerdos cuando alguna pieza tira demasiado, o no vuelve, o peor…

Mi amiga del alma volvió a mirar a la niña y al abuelo, luego tomó una hoja de la yedra de aquella pared y la retuvo unos segundos en sus manos. Me la dio y me dijo:

.- Todavía no encuentro todas las piezas de referencia en mi vida-puzle. ¿Eres tú, Amistad, una de ellas?

Idea fuente: la amistad en la comunicación

Música que escucho: En Qué Estrella Estará, Nena Daconte (2006)

José Ángel Domínguez Calatayud

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