Una gaviota al horizonte

Les oía hablar en la mesa de al lado. No tenía otro remedio. Las mesas en Yucas, en Torrequebrada, están algo juntas y ellas hablaban alto. No gritaban. Su voz era normal. Su rostro, el de amigas que se cuentan confidencias.

Yucas

Me llegaban sus inquietudes, pero no parecían darse cuenta. Tampoco les importaba, me parece. En aquella terraza sobre él Mediterráneo yo era una parte más del paisaje. Quizás para ellas un guiri llegado del Reino Unido.

.- Desde aquel día no supe más de él -, dijo la más morena

.- Chica, tú le dijiste adiós – respondió la más rubia.

.- Sí. Y Ahora soy una buganvilla, que trepa la roca para mirar el horizonte de este mar.

.- Y el sol del atardecer quema tus ojos.

Horizonte

.- Querría volar como esa gaviota y romper el silencio, las olas, las nubes, la distancia con tal de decirle que no sé qué es un horizonte.

Idea fuente: las gaviotas nunca vuelan al horizonte.

Música que escucho: Me cuesta tanto olvidarte, Mecano

José Ángel Domínguez Calatayud

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