La capacidad de empatizar

Confieso que estoy empezando a cogerle tirria a la palabra empatizar. No al hecho, sólo a la palabra.

Uno de los síntomas de la edad es que vamos percibiendo el olor a podrido que emanan palabras que han sido manoseadas sin los guantes del respeto a su sentido y al contexto en que se usan. Como la fruta en el súper, hay vocablos que tienen la huella del abuso. Me cuesta escuchar sin un cierto grado de hastío palabras como visibilizar, empoderar, concretizar (galicismo de ínfulas culteranas, en vez de concretar), hidratarse (por beber); sustentable (por perdurable), escuchada esta semana y las anteriores. Admitidas o no, produce desazón y empacho su cansina aparición.

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La desazón viene cuando ves que han acabado convirtiéndose en comodines para su uso como parte de un lenguaje artificial ideológico. Así, hay personas, con macilentos conocimientos del lenguaje, que las emplean en tertulias y otros ambientes como signo de pertenencia a un grupo que se tiene superior.

 Pero pasemos de las musas al teatro. El hecho de empatizar con el interlocutor o la audiencia es una condición preferente, cuando no imprescindible, de la comunicación.

Escribimos, hablamos para alguien. Ese “alguien” y sus circunstancias son un norte que nos guía para compartir un mensaje, una pena, una alegría, una canción… lo que sea que nos pueda unir un poco más. Ponerse en la piel del otro es una acción de piedad, pero es también llamada para que nos abra la puerta. La puerta de la comunicación se abre sólo desde dentro.

Por eso es tan difícil decir cuáles son las claves de la comunicación efectiva. Clave, como conjunto de signos convenidos para una acción personal. Si son convenidos es que hay preacuerdo entre las partes. Ese acuerdo existirá en el momento en que cada uno se calce los zapatos del otro; haga suya, en lo que es posible, la existencia del otro; o, por lo menos, desee que madure en ellos un pensamiento o compartir una emoción.

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De este modo, el esfuerzo por empatizar, por releer la realidad desde los ojos de la otra persona, es un camino que aunque pueda costar en algún momento es necesario, salvo que sólo se quiera un trato convencional, que se queda en la corteza. Éste es casi siempre estéril porque sólo en el corazón del fruto está la vida.

Así, que si deseamos concretizar una relación con una comunicación sustentable, lo primero es visibilizar los sentimientos de la otra parte e hidratarnos con lo mejor de ella para empoderarla con nuestra empatía.

Daban las 12:00 horas de la noche. Comenzaba el aniversario de una fecha de común importancia afectiva: sin haberlo hablado antes se transmitieron el uno al otro, a la vez, un mensaje de felicitación. Conectados es más que empáticos. Hay veces, pocas, y exclusivas por ello, que la comunicación es comunión. Qué cortas las palabras. Qué pobre parece el mensaje. No, no es que sobren las palabras, pero sabemos que aún así son insuficientes para llenar aquel corazón con el cariño del propio. Lo sabemos y por eso basta conocer muy dentro que hemos sido conocidos y queridos tal cual somos.

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Idea fuente: en el camino y en los ojos del otro

Música que escucho: Don’t Think Twice, It’s All Right, Joan Baez (1962)

José Ángel Domínguez Calatayud

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