La carta del soldado

Te escribo desde &&&&&&&&&&&&&; Ayer &&&&&&&& &&& &&&&&&&, & && &&& &&&&&& levemente. &&&& && &&&&&& que en unas dos semanas &&&&&& &&&&&&&&&&&&&&. ¡Ya veremos! La &&&&& & &&& está &&&&&&&& para && &&& &&/&&/&&&&. Mientras, te echo de menos.

Soldado en misión

Te imagino con todo el trajín de las compras navideñas. Aquí también celebraremos la Nochebuena. Tendremos un rancho especial. Han traído turrón. Y mazapán. El mazapán me trae recuerdos, como aromas de ti, de cuando vuestra familia se venía después de cenar para cantar villancicos en casa de mis padres. Y a las 12 rezábamos el Ángelus alrededor del belén. Y cantábamos el Adeste Fideles. Tú me mirabas a hurtadillas y te reías de mi mal oído.

Luego todo era un barullo de abrazos y besos de un montón de gente en aquella sala de estar deseando la felicidad y lo mejor en la Navidad. Yo también te deseaba con una abrazo todo lo mejor, que no sabía entonces que sería estar unidos después de los años.

Lo que sí supe entonces, y tú seguro que también, es que la Navidad, el Nacimiento, el Árbol eran parte de la raíz de un cariño grande por las cosas valiosas. Y también estaban las otras cosas que nos hacían querer el imposible de que la noche no acabase: chistes, bromas como payasadas imitando a los mayores, turrón del duro, canciones de la edad de nuestros padres, una copa de cava que nos dejaban tomar y un mirarse en el fondo de corazón, ignorantes de que los corazones de los niños no tienen fondo, sino la altura de una estrella lejana.

Cuando ahora llegue esa Noche, te prometo acercarme a la tienda donde han instalado el belén de aquí, muy modesto pero muy majo, y elevaré un plegaría por unas cosas tuyas que no voy a escribir aquí pero que tú sí sabes. Luego imaginaré que intercambiamos regalos en aquella sala de estar: yo te daría una flor de porcelana bellísima que te he comprado en el zoco de &&& && &&&&, cerca de la &&&& && &&&&& &&&&&. Tú no sé que me darías. A lo mejor una pluma para escribir mensajes o esa novela que siempre me dices que llevo dentro y no saco a la luz. O un marco hecho por ti con una foto tuya sonriendo, blanca escalera hasta el cielo, y diciéndome que aún te acuerdas.

Lo de la foto no vendría mal, que el otro día en una patrulla cerca de las dunas de &&&&&&& se me cayó en el barro y está más descolorida que “una medalla muy vieja/ con un cordón renegrío/que apenas se ve la cara/ de la Virgen del Rocío” y que me diste cuando cumplí  17.

Y de vuelta al belén, daría gracias por esa Noche de Gloria de hace 2019 años, por la vida recorrida, por las personas queridas, también por el privilegio de haber tenido cerca tan grandes personas que ya terminaron el camino. Gracias por nuestras familias; por nuestros amigos; por las canciones que cantamos juntos; por la estrella que nos mira, por el aire que siendo grande es el mismo aquí en &&&&&&&&&&&&& que en donde estás tú. Y gracias por su Santa Madre.

Idea fuente: cuando el deber  -sea en la misión que sea – separa en Navidad

Música que escucho. Holy Mother, Eric Clapton, y el East London Gospel Choir. Hyde Park, Londres, 29/06/1996.

José Ángel Domínguez Calatayud

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2 respuestas a La carta del soldado

  1. Isabel María Aroca dijo:

    Emocionante. ¡GRACIAS! ¡FELIZ NAVIDAD!