La energía para comunicar

El niño llevaba en su mano un dragón, espectacular regalo cogido del Árbol de Navidad. No paró de dar vueltas, de hacer que asustaba a todos los que en esa cena llenaban la sala. Era un ciclón, un tifón, un derroche de actividad plena de alegría, que todos celebraban esa noche. Si de pequeños vieron los dibujos de Warner Bross y vivieron las secuencias de Taz, el Diablo de Tasmania, se pueden hacer una idea aproximada, aunque, en comparación con aquel niño, la bestia de los dibujos era un ser algo tímido.

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Nadie se sentía molesto por el movimiento incesante y persistente de la criatura y su juguete. Al contrario: la sonrisa que acompañaba a su frenética acción tenía cautivados a todos los invitados, por más que los padres le pedían, sin conseguirlo, que parase.

Alguien dijo que era un niño extrovertido.

Su madre, que lo ve a diario, asintió y sentenció:

.- Exacto;  y como todo los extrovertidos coge la energía de los que tiene alrededor.

Me quedé pensando entonces, y aún en esta hora sigo considerando que si aquel niño, por extrovertido, alimenta su actividad con la presencia de los demás, ¿Cuál es la fuente de la comunicación en otros casos?

Es verdad que conocemos familiares y amigos que en cuanto se reúnen unos cuantos, son incapaces de callar, de permanecer quietos, de dedicarse sólo a la contemplación, a la tertulia pausada, o a simplemente gozar con el privilegio de compartir el aire con otros humanos. Son extrovertidos y su batería se carga con la sola presencia de los amigos y se vuelcan – se vierten, son extro-vertidos – en los demás porque los demás le prestamos la fuerza de vivir.

Vivir es comunicar.

Pero no todos somos así y por eso la convivencia es tan rica. A unos les mueven los retos; o los libros, o el afán de acaparar cosas sobre las que comunicar. Conocemos personas que viven y se relacionan a partir de un rato de meditación; buscan dentro de sí, o más allá, la energía que mantiene el mundo y, desde luego el mundo que habitan.

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Otros, acaso porque llevan mucho camino recorrido, hallan en un rincón del alma, que cantaba Alberto Cortez, unos recuerdos que, aún idealizados, fueron su primera energía, su primer amor, su paso más emocionante por la tierra. De ahí, de una aventura íntima y legendaria, beben sus pensamientos y los sentires que les ayudan a ser mejores personas. En algún caso a sobrevivir, que en no pocas ocasiones es el mensaje heroico que están emitiendo para que los demás alcemos el vuelo. El reto nuestro es comprenderlo y brindar por ello.

Vivir es comunicar. Comunicar es compartir.

Era muy avanzada la noche cuando el niño, sin soltar el dragón, se quedó dormido en mis brazos, como una estrella de consuelo.

Idea fuente: buscar la energía de la comunicación en  uno mismo y fuera

Música que escucho: En Un Rincón del Alma, Alberto Cortez

José Ángel Domínguez Calatayud

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