Altruismo del loro gris africano

La historia me la contó la otra tarde Kimmi, amiga loro gris africano. Es residente permanente en el laboratorio donde convive con otros de su especie.

Loro gris africano

Soy gris, soy loro africano. Soy dama (lo de hembra me suena pobre). Y tengo mis sentimientos. Creo entender a los humanos, a los de tu especie, pero los de este laboratorio son gente especialmente sorprendente. Nos hacen pruebas que te dejan pensando en qué estarán pensando ellos.

Verás:

El otro día me colocaron en una cámara de cristal. Junto a la mía, separada sólo por una lamina de cristal colocaron a mi amiga Bella.

Por una pequeña abertura frontal nos daban unas fichas metálicas que tenían un valor como de dinero: si se la devolvías, te daban el grano de comida. Y así estuvimos funcionando un buen tiempo Bella y yo: nos daban la ficha por la abertura; se la devolvíamos por el mismo lugar y en respuesta no daban la ración.

Pero al poco, llenaron de monedas la cámara de Bella, luego cerraron la abertura frontal de su cámara. A mi me dejaron la abertura frontal, pero no me daban ni una moneda para cambiarla por comida.

Resumiendo: Bella tenía “dinero” para comprar toda la comida que quisiera, pero no podía adquirirla porque la única vía de intercambio de ficha por grano estaba cerrada. En cambio, yo tenía abierto el orificio para recibir fichas pero no me daban ni una. Aunque soy loro, estaba mosca. Y con más hambre que un lobo marino en el  Sahara. Iba llorar, a suplicar al humano que fuera eso, humano.

Ya no podía más, cuando, de repente, Bella por la abertura abierta en el plexiglás que separa su cámara de la mía me ofreció una moneda. La cogí con mi pico curvo y me fui a la abertura frontal para cambiarla por comida. Y así hizo Bella una y otra vez. Sin comer ella, me fue dando moneda a moneda para saciar mi hambre.

Es cierto que el humano siempre cumplió lo de dar comida a cambio de la fichapero lo que me puso las plumas de punta fue cómo mi amiga, pasando ella misma necesidad, me daba las fichas para que yo me saciara.

La primera comunicación en el tiempo es pensar, pero la primera en dignidad es la empatía que engendra altruismo.

«Nuestros loros entienden que otra persona necesita ayuda para lograr un objetivo», le escuché decir a Désirée Brucks, doctora del laboratorio.

Hasta aquí lo que me contó Kimmi.

El Frankfurter Allgemeine Zeitung, de dónde recibí la primera información (Selbstlos ist der Vogel und ohne Neid, 09/01/2020) entiende que “desde un punto de vista biológico evolutivo, este comportamiento desinteresado sin contraprestación no es fácil de explicar. Al menos no entre individuos que no están relacionados entre sí. Entonces, ¿es la amistad de los dos pájaros? Más bien es la forma de vida del loro gris”. En la documentada revista científica «Current Biology» puede leerse el experimento completo. Aquí les ofrezco el vídeo de la generosidad altruista del loro gris africano en 58 segundos

Idea fuente: el comportamiento “altruista” de un ave excepcional (F.A,Z.)

Música que escucho: Don´t Stop believin’, Journey (1981)

José Ángel Domínguez Calatayud

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