Autenticidad adaptada

La próxima vez que la gente diga ‘Sólo sé tú mismo’ hay que pararla en seco. Nadie quiere oír todo lo que pasa por nuestra mente. Sólo quieren que vivamos a la altura de lo que sale por nuestra boca”.

Este párrafo de un artículo de Adam Grant (‘Be Yourself’ Is Terrible Advice, The New York Times. 04/06/2016), me ha hecho volver el comienzo de otro de hoy mismo de Martin Benninghoff y Martin Franke (Wie wird man zum Charismatiker?, Frankfurter Allgemeine Zeitung, 16/02/2020) donde he visto por primera vez el concepto de “autenticidad adaptada”.

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Los autores vienen a decir que el carisma que apreciamos en algunos personas, que son grandes oradores no es algo congénito sino adquirido por un aprendizaje. No es aprender un “técnica” que nos haga simpáticos y atrayentes. Es construir desde el exterior las verdaderas condiciones de nuestra personalidad.

Los autores recorren la historia reciente de Alemania y señalan un persona de gran carisma, Helmut Schmidt  y dicen de él  que “era auténtico, pero se adaptaba a la otra persona, la situación y sus objetivos” y añaden algo más:

“Estamos hablando de autenticidad adaptada. En nuestra opinión, esto le hizo predecible, y las personas predecibles siempre son más agradables que las impredecibles. Su retórica vocal y del lenguaje corporal corrió como un hilo a través de su vida; él se comunicaba de manera diferente a la mayoría de las personas. No roció un anestésico verbal. Incluso si el contenido no parecía tan interesante, lo hizo interesante, por el modo cómo lo empacó. La puesta en escena de las pausas retóricas sólo es un ejemplo de esto”.

Parece que a lo largo de una exitosa vida púbica el excanciller tomó su “yo” en serio y lo trabajó para ser grato a los demás en todo momento. Si no fue auténtico en algún momento inicial de su vida, fabricó una autenticidad adaptada a las necesidades del resto de su existencia. Era auténtico porque se hizo sincero con la vida a la que estaba llamado: no hubo dos Helmuts, vendrían a decir los autores.

Y esa misma idea exudan las afirmaciones de Adam Grant. Decir todo lo que se pasa por la cabeza no es la mejor manera de ganarse amigos. Es más una ocasión de oro para perderlos.

Por eso profundiza en personas con alto nivel de autorregulación o de baja autorregulación. La idea es caer en la cuenta de que la inteligencia y el sentido común no son adversarios de otras capacidades como la espontaneidad. Ser más espontáneos, no pensar en quién nos escucha y en sus circunstancia no nos hacen más auténticos porque también deben formar parte de uno mismo la educación, el respeto y al consideración de las consecuencias.

Eso último debió formar también parte de la boutade medio en broma que soltó Oprah Winfrey: “No tenía idea de que ser tú misma te podía volver tan rica como lo soy. Si lo hubiera sabido, lo habría intentado mucho antes”.

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Sí, el consejo que se da a los que van a hablar en público – “Sólo sé tú mismo” – puede ser una trampa de comunicación, si falta ese sano adaptar el discurso al sujeto y ambos a las circunstancias: se llama estética. O elegancia del alma.

Idea fuente: La autenticidad es condición de la credibilidad

Música que escucho: It’s Only Words, Rita Coolidge (2010): La versión original, Words, es de Bee Gee (1968).

José Ángel Domínguez Calatayud

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