Reencuentros (Lazo del regalo de los 7 relatos)

Las campanas de la cercana catedral anunciaban la hora del ángelus. El sol estaba en su esplendor invernal. Su casi hiriente luz se derramaba sobre aquel parque que muchos vecinos cruzaban para llegar al centro de la ciudad.

Era un espacio apto para sorprendentes encuentros – reencuentros – de personajes del rosario de relatos anteriores que componen un regalo. ¿Regalo para quién? Regalo para quien lo recibe, para quien lo comprende, es decir lo comparte.

Allí llegó el primero Matías con sus metales de latas de bebidas con las que hace figuras artesanales. No es que las venda, pero la gente le da unas monedas por sus molinillos, flores, coches y otras piezas.

Poco después llegó Irene que había estado días yendo allí para encontrarle; “he estado algo enfermo”, le dijo Matías a Irene que estaba interesada por lo la piedrecita con incrustación de una minúscula hoja de culantrillo de pozo.

.- Esa piedrecita que usted regalo a mi hija la otra mañana, era de un amiga mía del Norte que la regaló a una persona a la que quería mucho.

.- Pues me la dio un amigo, también del Norte, cuando perdí el empleo. El rezó con ella muchos días y a mi me la dio para que encontrara trabajo. Y aquí me ve, después de muchos meses: le tenía cariño y me pareció buena para su hija.

.- ¿Cómo se llama su amigo? – inquirió Irene. Se quedó de piedra con la respuesta.

.- Alejo  – dijo Matías y volvió a la tarea de cortar la chapa para una hélice.

.- Ella, Cira: – dijo sin esperar nada más -: no cabe duda de que es la misma piedrita. Qué encuentre ese trabajo que tanto necesita, tiene usted unas manos de oro bien laboriosas.

Las últimas seis palabras las alcanzó a escuchar Fátima que había quedado en aquellos jardines. Las palabras “manos de oro” y “laboriosas”, le sonaron a trompetín de enganche. No perdió tiempo y se puso a hablar con Matías. A los pocos minutos tenía la tarjeta del estudio de Fátima para presentarse al día siguiente… Cosas del culantrillo de pozo y de rezar con fe, pensó el propio Matías.

Un chico pelirrojo con aire de intelectual entró por el Sur, con un libro nuevo bajo el brazo y se apostó junto al quiosco que había cerca del hotel.

Al poco salió del hotel Isidoro, bien trajeado. Llegaba tarde al parque donde había quedado con Fátima.

El chico pelirrojo le cortó el paso y, algo excitado, le dijo:

.- El otro día no le reconocí, aunque me sonaba la cara. Quiero darle otra vez las gracias por las medicinas y el consejo para curarme las erupciones de la cara. El médico coincidió con lo que usted me había dicho.

.- ¡Hombre, qué sorpresa y qué alegría! – le contestó jovial Isidoro -: desde  luego tienes mucho mejor aspecto que el otro día. ¿Querrás que firme el libro, verdad?

Photo by Álvaro Serrano on Unsplash

El muchacho asintió extendiendo el libro hacia el escritor. Éste le preguntó el nombre y luego escribió una dedicatoria: “A Diego D. para que se cuide y sepa que lleva aquí los irrompibles sueños de alguien que fue como él”.

Un grupo de músicos callejeros, seriamente vestidos y con instrumentos de orquesta, iniciaron el Canon en Re mayor de Johann Pachelbel.

Idea fuente: poner lazo al regalo de 7 relatos de días previos: ¡Muchas felicidades!

Música que escucho: You’ve Got A Friend, Carol King, James Taylor, Live At The Troubador (2010)

José Ángel Domínguez Calatayud

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