Ahora y cuando esto acabe

Sé que era lunes. Sé que era agosto y con el templado aire de la mañana leía la prensa de papel. Un pequeño lujo de escritor hacerlo ahí y con bolígrafo en mano.

Así pude anotar en la Moleskine esta cita de Salvador Sostres: “la libertad entendida como misión, la compasión como la divisa de los hombres de buena voluntad que aseguran la convivencia y la paz, y la ternura como metáfora de la solución universal”.

Al releer la cita ahora, siete meses después, suena a aspiración y a premonición. Realmente creo que tiene ese efecto porque en las actuales circunstancias de alarma, dolor, enfermedad y miedo valoramos esa libertad, esa compasión y esa ternura que el autor abre ante nuestros ojos.

Enfermera

No significan otra cosa el aplauso diario, la compañía a los mayores, los trabajos voluntarios de muchos y el tenernos unos a otros.

Sin perjuicio de algún momento de ansiedad que alguno pueda pasar, el bagaje de alegría que está mostrando la gente tiene mucho de ternura para niños y viejecitos; de compasión (con-padecer; padecer acompañando) hacia los que trabajan sufriendo por los enfermos y con los mismos enfermos. Y libertad.

Sí, libertad en el confinamiento, que el cuerpo podrá estar preso, pero no el espíritu que no tiene forma. No tiene forma, pero sí alas.

Con esas alas tejidas de humanidad cumple con la cuarentena, pero vuela a lugares donde servir, donde moldear cariño. Bastan una plegaria, un mail o un mensaje amoroso desde almohada desvelado por un pequeño dolor.

Hoy la madre se ha levantado cuando era noche cerrada. Sin despertar al marido ha caminado hasta la habitación de la niña para comprobar que respiraba. La niña no tiene ninguna enfermedad, sólo una madre desvelada. La pequeña ni siquiera se ha enterado. Luego ha ido a la cocina y mientras se servía zumo de naranja de una botella, ha encendido la vela que suele encender ante la imagen de la Virgen del Rocío: con toda naturalidad, con el vaso de zumo en la mano ha musitado una oración por el hijo mayor que trabaja en Londres y por ese “pesado” de marido – el niño más pequeño de la casa -, que no pone atención a las medidas de prevención.

Y aunque lo ha hecho antes de acostarse, ha vuelto a asegurarse de que la puerta de la calle está cerrada. ¡Qué quieren! ella es así libre, compasiva y tierna con todos.

De vuelta a la cocina, la vela le hace un guiño y a ella le ha asomado a los ojos una lágrima y a la puerta de la nostalgia una sevillana rociera:

Ni mis botos ni mi cara

Se me llenaran de polvo

Y le cantare cosillas

A la luz que da el rescoldo

Photo by Mercedes Bosquet on Unsplash

Este año no hay Rocío. Sopla la vela, camina despacio y se tiende para seguir libre, compasiva y con ternura un día más. Sé que era martes. Sé que era marzo y todos los mensajes ya estaban escritos en las estrellas.

Idea fuente: escritos de un insomnio

Música que escucho: Chandlier, Frank Diago (2015)

José Ángel Domínguez Calatayud

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