Bulos, no gracias

 Me parece que los memes y videos de humor han tenido un lugar predominante. Para los no contagiados el chiste ha sido un desahogo. En general han sido graciosos y no ofensivos. Hacer humor sin molestar no es fácil y en este caso, salvo excepciones, se ha hecho con verdadera gracia.

Pero hacer correr que la familia de Pedro Sánchez se ha a ido a Huete (Cuenca) para no contagiar al presidente además de no provocar risa es falso. Los gobernantes suelen ser diana de relatos más falsos que el rey Miguel, como ese de que el Hospital Puerta de Hierro (Madrid) tenga una planta (“la tercera” precisa el bulo) para el presidente y su familia.

Falso de toda falsedad, como los cerca de 300 bulos sobre el coronavirus que la web Maldita.es ha catalogado, investigado y desmontado.

No es un fenómeno exclusivamente nacional. La verdad es exigente; para la mentira cualquiera vale. Sobre todo apoyados en dos pasiones – el odio y la codicia – que originan un alto porcentaje de las falsedades que circulan.

Probablemente los dos bulos sobre el jefe del Ejecutivo citados más arriba vengan de personas que no lo tragan ni a él, ni a su partido. Son mentiras que juegan a destruir el buen nombre, la fama y el crédito de la persona infamada.

La gente con odio dentro la hay en todos lados y no se arracima en un solo color político. El cóctel mentira y odio es lo más destructivo que existe. Las balas que en tantas guerras han matado miles de hombres las cargaron antes de nada con inquina y falsedad. Mirad cómo se hace imposible en la práctica conocer la verdad en las guerras y en las ideologías que enfrentan a las personas.

Y junto a los que odian aparecen los que buscan la fácil ganancia. Las autoridades han señalado  – y cerrado – páginas web que publicitaban productos supuestamente curativos del  Covid 19 y ofertas: «falsas ofertas de trabajo de Mercadona, o regalos de Netflix».

Es terrible el daño en enfermos a los que se desprecia salvo en lo que tienen por su ingenuidad de máquina de hacer dinero fácil. No hay compasión, no hay responsabilidad y no hay derecho. El trabajo de combatir los bulos es un derroche de energía que debería estar canalizado al cuidado y curación de los enfermos.

El común de los mortales, lejanos de la fuente de la noticia, no tenemos modo indubitado de conocer la verdad. Es entonces cuando la buena gente da pábulo a las falsas noticias. Otros lo harán por frivolidad.

¿Qué  hacer? Parece claro que lo primero es desactivar nuestros odios (o simplemente manías personales). Lo segundo, tener el gesto inteligente de guardar la distancia con las “novedades chocantes” y contrastar con la prensa más solvente:  cuanto más chocante mejor posición ocupará la noticia en portada. Y si es muy alarmante y no aparece en ningún periódico solvente, a la papelera con el bulo.

Photo by Roman Kraft on Unsplash

Qué hermosa es la verdad. Qué necesaria la prensa y los periodistas. Qué bien se trabaja cuando no dudas de la persona que te habla, que te escribe. También cada uno somos mediadores entre las verdades y las personas que queremos. Es la gran sorpresa, el regalo del corazón a quien te importa.

Idea fuente: una persona me sugirió escribir sobre los bulos: caí en cuenta

Música que escucho: Hard to Say I’m Sorry, Chicago (1982)

José Ángel Domínguez Calatayud

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