Distancia y turbulencias

El sábado pasado tuve uno de nuestros desayunos de trabajo. Él es un veterano ingeniero que comparte conmigo recuerdos, cuestiones sublimes y otras más pragmáticas. Siempre sugerentes. Para quienes tenemos menos capacidad para centrarnos en esas cosas son un regalo.

Está última vez, cuando nos despedíamos, le recordé riendo que no me había dicho nada que me sirviera para escribir. Se volvió y, desde su competencia en mecánica de fluidos, me dio dos ideas que me inspiraron. No puedo tratar hoy las dos: se haría muy largo. Quizás la más actual es la de “distancia y turbulencias”.

Eurofighter despegando

A ver si lo explico bien, si no él, que es lector, o mi capitán de navío preferido ya me corregirán. Si algo tenemos ahora es tiempo para rectificar.

Resulta que los aviones producen en cola una turbulencia de tal magnitud que ningún otro aparato debería estar próximo al que le precede. Los aeropuertos de más intenso tráfico tienen un severo protocolo para secuenciar despegues en evitación de accidentes por esta causa.

El día de 12 de octubre de 2017, un Eurofighter que formaba parte de la escuadrilla que había participado en el desfile de las Fuerzas Armadas, se estrelló en la maniobra de aterrizaje . Se habló de una llave, se habló de un desfallecimiento del piloto, capitán Borja Aybar; pero no se descartó un “fallo total del avión y que el caza se viera afectado por una turbulencia inesperada durante una maniobra que le hizo perder el control cuando iniciaba la aproximación para aterrizar” (ABC, 24/10/2017). Y todo sucedió en la base de Albacete en presencia de su familia.

Es una eventual y conocida causa de accidente. Hoy la mecánica de fluidos trabaja, si no en la supresión de la turbulencia, sí en la aminoración de su dimensión perturbadora y en el tiempo de exposición a la misma. Eso evitará accidentes y hará ganar tiempo en la frecuencia de los despegues en aeropuertos altamente saturados. El tiempo es un recurso limitado. El tiempo es oro.

He pensado en la llamada distancia de seguridad que se recomienda estos días para que no nos contagiemos los unos de los otros. Está bien, respetémosla. Además de esa distancia y de ese expeler cada uno aire o gotículas presuntamente infecciosas, también podemos crear por el tono y la mirada – y esto es otra dimensión – turbulencias en otras personas. Turbar llega a ser un modo de inficionar, es decir, “corromper o envilecer a una persona con malas ideas, doctrinas o ejemplos”. O, sin llegar a este extremo, dejar el ánimo sin la fuerza de acometer grandes objetivos.

Photo by Etienne Boulanger on Unsplash

Reducir esas turbulencias del hablar es una tarea apasionante si la orientación de nuestra cabeza, la brújula de nuestra palabra es, cuando menos, no empeorar los estados de ánimo de un grupo o  de una persona. Cuando se puede no es mala cosa reducir nuestros gestos turbulentos y ganarnos el corazón del otro con la generosa siembra – a veces basta la mirada – de paz y de alegría.

Una de los primeros evidencias que estos día de pandemia están poniendo de relieve es que somos extraordinariamente parecidos, con mucho en común, muy próximos: estamos juntos a la corta distancia de un whatsapp o de una sonrisa.

Idea fuente: acortamiento de las turbulencias posteriores de los aviones

Música que escucho: Take My Breath Away, Berlin (1986) de la película Top Gun

José Ángel Domínguez Calatayud

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