De la verdad: lo que importa

Tras la polémica originada por fuentes gubernamentales acerca de las noticias falsas ( o de noticias contrarias al Ejecutivo, que no es lo mismo, querida Sra. Celaa) se ha acelerado la generación de preguntas y comportamientos de respuestas.

¿Es fiable Whatsapp? Tengo un grupo de amigos que, ante la posibilidad de que el Gobierno les espíe (“monitorice” en el idioma de alguien que amó la justicia como el Sr. Marlaska) llevan días discutiendo si mudar el grupo a Telegram. No sé: ¿quien monitoriza más?

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También, y ante este hecho de la monitorización, conozco una señora que sale de casa sin su móvil para ir a casa de su hermana a 1,3 kilómetros para recoger la comida para el marido: le han dicho que nuestros gobernantes andan interesados en vigilar a los ciudadanos y monitorizan sus movimientos superiores al kilómetro. “Estos no van a saber más de mí”. No le he convencido de que ella no les importa tanto y que de ella ya saben lo que les interesa vía declaración de la renta, inscripciones registrales y empadronamiento. Sus otras actividades, aunque fuesen detectables, no interesan más que a su marido, sus hijos y las hermanas con las que se pasa el día con mensajes. Aunque, vaya usted a saber, si le ponen en una lista negra por los memes con chistes sobre la capacidad (es un modo de hablar) del Gobierno para comprar mascarillas antes de que acabe la pandemia y a precios razonables.

Por último tengo un amigo que duda del vicepresidente que pidió perdón por la deficiente comunicación de la desescalada del encierro infantil. No se cree que esa petición sea sincera. “Mas bien – dice – es una escaramuza dialéctica para dejar con las posaderas al aire al más soberbio de la pandilla que gobierna”. Ciertamente el vicepresidente ha sido cogido en renuncio varias veces; como precisamente en esta, pues el mismo decía que un político no pide perdón, sino que dimite.

Sobre este asunto de los bulos y de las noticias falsas, es cosa que da alegría que se hable tanto de ello. Es síntoma de la necesidad de credibilidad.

Cuando se necesita credibilidad lo que se está pidiendo es emisores de confianza. Pero la confianza no se impone, se inspira.

Por eso se debe seguir hablando de los bulos, porque es el modo de llamar la atención sobre el valor ético de la confianza (algo que se inspira). Es un modo de poner el dedo en la llaga de la verdad: se confía en quien con sus palabras y sus actos vive en la verdad.

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Ánimo, pues: en esta hora purulenta de embustes la verdad sale adelante gracias a quienes la dicen, la enseñan, la practican y viven con integridad. Podemos, al menos empezar por buscarla y apoyarla.

Idea fuente: la verdad cobra valor y se expresa su necesidad

Música que escucho: True Love, Deana & Dean Martin (2013)

José Ángel Domínguez Calatayud

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