El pan del consejo

Me ha llamado Alejo. Estaba contento. Lleva el encierro con un cierto estoicismo de mirada alta. “Es lo que hay”, me dijo cuando se decretó. Y me orientó sobre algunas medidas prácticas para salir indemne, durase lo que durase. Una de las orientaciones, tomada de una refugiada siria que estuve nueve meses confinada, era que escribiese un diario. Ayuda al corazón, se añade a rutinas razonables y despeja la mente de paranoias.

Hoy hemos hablado bastante rato de conductas, de la difusión de falsas noticias, de la amenaza a la libertad que el sesgo político está dejando patente. Del silencio de los corderos ante actos de los trasquiladores. También salió el tema de los que están combatiendo el virus cuerpo a cuerpo, en la trinchera de una UCI o en el campo de los servicios.

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Hemos convenido que el corazón humano, sus buenas o malas disposiciones, no las cambia un decreto. “El que nace lechón, muere cochino”, he llegado a afirmar.

Alejo me ha contado entonces, que buscando el otro día el periódico se encontró con una persona de autoridad moral. Le contaba esta Autoridad moral, que otra persona, en tono grato pero algo quejumbroso, le comentaba que le cuesta de ordinario hacer sus cosas y atender sus gustos, porque se pasa el día con gente que le llama para contar sus cuitas o pedir sin pedirlo un consejo. Es una mujer que podemos llamarla la Consejera.

La Autoridad, después de escucharle un rato y, haciéndose cargo de la carga de la Consejera le dijo: “La gente busca pan donde hay pan”.

Conozco por cosas de familia a la Consejera; persona callada, culta, de mucho sentido común, práctica con virtudes, generosa, pero que no se casa con nadie: “si una cosa no es, pues, no es”, y con amabilidad no exenta de fortaleza suelta al aire su visión aunque eso enfríe la mente fantástica de su interlocutor. Sabe dar argumentos para lo que opina pero no dora la píldora a nadie.

No es esta Consejera alguien que practique el lenguaje políticamente correcto, quizás porque lo que es correcto no tiene por qué ser político. Si a cada día le basta su propio afán, a la verdad le es suficiente con serlo.

Esto ha hecho que a su teléfono o a ella misma por la calle acudan amigos, parientes y conocidos para narrarle lo que les pasa. Vivir en verdad ha hecho de ella alguien admirable por creíble, por eso tenía razón la Autoridad al decirle a la Consejera que la gente busca pan donde hay pan. La gente busca muchas veces otra cosa que la palmadita en la espalda, busca certezas de personas con credibilidad.

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“Para ver la verdad no hay mejor lumbre/que la lumbre que sube del ocaso”, me recita Alejo de Miguel de Unamuno antes de colgar. Los años dan desengaños, pero también una cierta visión de lo que es veraz.

Idea fuente: la frase “la gente busca pan donde hay pan”.

Música que escucho: I’ll Never Love This Way Again, Dionne Warwick (1979)

José Ángel Domínguez Calatayud

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