Escribir en tiempos de encierro

 En realidad el arte es labor de grupo. Un grupo que no está presente, tantas veces. El grupo para el arte está en pasado, pues son aquellos amigos que han escrito, pintado, esculpido o pintado antes que nosotros. O son amigos del futuro que nos retan a llegar a sus orillas. Retaguardias y vanguardias. Las vanguardias hablan a lo que vendrá.

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Nadie escribe sólo. Cervantes, Mugica Laínez, Lope de Vega, Salinas, Unamuno y otros de todos los tiempos te acompañan si escribes en español. De ellos es parte de la obra. Pero también de esas necesidades de expresión que aún no están entre nosotros y que aparecen en cuanto el texto, la oscuridad de lo desconocido les da oportunidad.

También de un presente, sólo nuestro por adopción, son hijos nuestras obras: radio, televisión, juegos, deportes, usos y costumbres del pueblo nos ponen palabras en medio del párrafo. La calle, esa maestra. La familia, esa familia. Todos son con nosotros condueños de esa obra que llamamos nuestra.

Y los seres amados de todos los tiempos. Sí, también ellos parecen a veces tomar las neuronas como teclado donde trenzar enlaces para componer ideas o herir con sentimientos nuevos. O emociones nuevas para revestir nuestra viejas líneas, los renglones que volvemos a compartir con compasión, es decir, con pasión, pathos, herida de sangre amiga.

Ya tenemos todas las palabras y queremos ordenarlas para que signifiquen algo para alguien. ¿Pero si apenas sabemos lo que para nosotros significan?

El artista está en agonía, en lucha con el lenguaje y desorientado, como la declara al Frankfurter Allgemeine Zeitung, (“Künstler in der Isolation”, FAZ 23/04/2020) la escritora alemana Helene Hegemann con ocasión del confinamiento: “Quería evitar eso. Pedí un saco de boxeo y cincuenta libros. Juego al scrabble en línea, como mucho, estoy más triste de lo habitual entre las 5:00 p.m. y las 8:00 p.m., el resto del tiempo es soportable si lo que leo es lo suficientemente interesante”. Así se manifestaba la escritora en la encuesta que el diario alemán ha pasado a algunos artistas sobre cómo llevan el aislamiento.

“El arte es, casi siempre, interacción, trabajo en conjunto, trabajo colaborativo. Pero, ¿qué le sucede al arte cuando los artistas están solos consigo mismos?” dice la entradilla del artículo.

Cada uno responde de sí. Y yo pienso que hay una como obligación de insuflar aire puro a los encierros. Una necesidad de que no nos maten los sueños. Un ansia de llenar de belleza minutos sin color y de pensar ellos, en los que tanto nos acompañaron en los momentos de camaradería.

Tengo un amigo que cada noche envía a su grupo de whatsapp una poesía, un texto para ampliar almas que se empequeñecerían. Me vale eso.

Como me vale también el cuadro del paisaje hecho con la foto sacada este verano. Hacer arte es preguntarte y responder con belleza.

Idea fuente: el artistas en el aislamiento obligado

Música que escucho: Sinfonía Nº 4, II Movimiento (Adagio), Ludwig van Beethoven, Orquesta Filarmónica de Berlín; dirige Wilheim Furtwängler

José Ángel Domínguez Calatayud

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