La vida más que el asfalto

Perdón mis amigos, pero por asuntos propios no he podido durante tantos días estar con vosotros. ¡Con el buen rato que pasamos al teclado!

Cuando llevábamos ocho días de encierro, ya se había restringido mucho el tráfico. También había llovido. El sol había salido a la calle. Ni la lluvia ni el sol leen el Boletín Oficial del Estado. Tampoco la luna ve los telediarios: sólo lee en los ojos de los enamorados y los poetas.

La combinación de sol y lluvia es de la cosas más provechosas y eficientes que podemos observar. La luna es distinta…está a lo suyo con las estrellas.

Una calle cerca de casa apenas sufre ahora el tráfico rodado. Sólo personas solas. Sólo perros haciendo un favor a personas para que salgan a la calle. Y ahí, en la calzada gris, obtuve la foto que acompañan estas líneas donde la yerba surge para pintar de palpitante verde el asfalto.

Apenas ha comenzado la primavera y quiere romper a crecer la yerba. Ya digo: me paré a fotografiar el modesto espectáculo para escribir sobre ello. No habían pasado más que unos días y en uno de esos mensajes de whatsapp con imagen me tropiezo con una foto de una flor amarilla enhiesta en medio de una carretera.

Son gráficas expresiones de lo que ya Antonio Machado, con la serena fuerza de su verso, describió en su “Un olmo seco”:

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo

algunas hojas verdes le han salido.

La vida se abre camino, y a poco que se le facilitan las cosas extiende su belleza.

La vida se abre camino, también la nuestra y la de los nuestros. Pero hay que decidir si ser hierba o ser asfalto. Si poner obstáculos o aplicar fuerza. Si ser tenso impedimento a la unión o empujar hacia arriba – hacia el sol – lo poco que somos. La flores crecen para arriba, aceptan la lluvia y ponen el hombro para llegar a la superficie. Tenemos que optar. Ser nosotros mismos es cosa de nosotros mismos. A veces somos asfalto. A veces somos vida vibrante.

Lo importante es ver que la belleza que llevamos en el interior va a hacer feliz al exterior, a la otra persona. Con una sonrisa, con el detalle en el saludo, empujando el asfalto que nos oprime tenemos el privilegio no pequeño de dar una oportunidad a la vida y a compartir soledad propia y ajena.

Una sonrisa es un flor blanca en un desierto. Una mirada, una palabra amable son un bosque de naturaleza llena de vida. Y como la misma naturaleza, basta con poco, todos los días. La clave es “todos los días”.

Y cuando todo esto haya pasado, y el ajetreo colme la calles, veremos cómo, sin darnos cuenta, al asfalto de nuestras jornadas le han salido las flores de nuestro cariño creciente.

Ya que la fuerza que te hizo crecer está en el interior, nada impedirá que seas una alegría. Juegas un papel importante. No eres asfalto. Eres flor. No te pisan. Estás en el aire que respiro.

Idea fuente: hierba que crece en el asfalto

Música que escucho: Love Is A Wild Thing , Kacy Musgraves

José Ángel Domínguez Calatayud

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