La información de proximidad

Estamos, la mayoría de las personas, sumergidas en un caldo de confusión informativa. Muy pocos, acaso por profesión u oficio saben a qué atenerse en materia de ordinaria administración tan simple como cuándo puedo salir de casa, si puede ser acompañado, a qué lugares y por cuánto tiempo.

El BOE expele diariamente decretos y órdenes ministeriales, algunos de compleja interpretación, colijo que hasta para el que ha  decidido su publicación. No exagero: ha habido medidas que han tenido que rectificarse en menos de seis horas.

Tengo amigos camino de la quiebra a la espera de un decreto.

Entiendo que estamos ante una crisis de dimensión desconocida que ha cogido en el puente de mando a los menos preparados: no elegimos este Gobierno porque iban a sacarnos de una crisis de salud y economía, sino porque, probablemente engañados por Pedro Sánchez, evitaríamos una crisis territorial.

Pero cayó lo que ha caído y entiendo, repito, los palos de ciego, las balas de humo, las frasecitas hechas y los decretos modelo Epi y Blas.

Uno, como buen español, va a cumplir lo mejor que pueda de lo que mejor entienda.

Y eso sí podemos hacerlo para disminuir los riesgos de contagio, gracias a los BOIP (Boletín Oficial con Información de Proximidad). Me explico. Leerse, entender, sintetizar la prosa del BOE es una labor gastadora de energía. Más cuando un mismo cuadro tiene en poco tiempo sucesivas ediciones.

Pro hay gente, agentes de la autoridad, que sí lo han hecho y son capaces de convertirse en BOIP. Y algunos, como el caso que voy a contar, con el mejor acento de la amabilidad y el sentido común.

No puedo conducir de momento. Me llevaba mi hija. El coche era un utilitario de dos puertas. Yo ocupaba el puesto de copiloto. Hemos detenido la marcha ante un control de policía local.

.- Buenos días-. Ha saludo a los dos.

.- Buenos días – Hemos respondido nosotros al amable agente.

Luego, mi hija  le ha mostrado los papeles médicos que yo tenia que gestionar.

.- Vale, vale, vale, muy bien, cosa médica – ha respondido el policía.  Lo único que usted tendría que ir detrás, no al lado del conductor, es lo que dice la norma. Bueno, además. ustedes son padre e hija y conviven juntos.

He empezado a quitarme la camisa, pero el agente me ha frenado con un gesto.

.- Herida en costado y el coche sólo tiene dos puertas y esto no es el Circo del Sol, Vale, vale, vale… Sólo le digo lo que dicen las normas.

Bueno, luego estaba el pequeño asunto de la mascarilla. Ninguno de los dos la llevaba puesta, aunque sí los guantes. El hombre ha vuelto a mirarnos sintetizando comportamiento espíritu y ha debido concluir que éramos gente de bien.

Está claro: hacer normas generales requiere un conocimiento y datos. Su aplicación requiere información de proximidad, estar con el ciudadano para ayudarle a cumplir. Sí,  esto es España y para bien.

Idea fuente: el sentido común en la aplicación de criterios generales

Música que escucho: Englishman In New York, Sting (1987)

José Ángel Domínguez Calatayud

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