Comunicación de crisis y familia

No me dejes sin palabras
No me cierres la ventana y quiéreme
Cuando menos lo merezca, quiéreme
(“Cuando menos los merezca” La Oreja de Van Gogh)

 

 

En otro muro cerca de mi casa, aparece escrito el siguiente texto: “Aunque no nos dejen estar juntos, papá te amará siempre”.

Mensaje en el muro

Ya se ve que no es una declaración genérica de amor. No es un poema. Es comunicación. Es un mensaje con sujetos bien concretos: el autor y un hijo o hija. Tiene tono, hechura y sentido de grito desesperado. Es lo último que puede decir, al menos por ahora, el autor. De hecho, lo hace por escrito porque la voz es prisionera de la ausencia impuesta pues algunos no les dejan “estar juntos”.

Es un llanto desesperanzado asido paradójicamente al último clavo de una esperanza: “te amará siempre”. Un amor para siempre, declarado muy visiblemente en lugar público, compromete a quien lo pregona.

Y sin embargo es testimonio de un fracaso. El fracaso de un amor abre la puerta a otros fracasos. Ese padre probablemente tiene prohibido estar junto a esa hija o ese hijo porque pesa sobre él una orden de alejamiento.

Y si es así ¿qué motivó esta prohibición? Lo ordinario es que haya unos previos malos tratos en el ámbito familiar. O un riesgo serio de que se produzcan si se cede a la natural fuerza de la relación paterno filial.

De todos modos los datos son insuficientes; sólo tenemos el letrero pintado sobre ladrillo. ¿Hubo violencia antes? Y si la hubo, ¿fue contra la madre, contra esa hija o hijo? ¿La medida de alejamiento es provisional o es definitiva?¿Es culpable el autor o es inocente?

Por otro lado, siendo indiciariamente probable la previa violencia del autor, también cabe que quienes no les dejan estar juntos no sean los jueces, sino otras personas y por otros motivos.

A la derecha, la plazoleta

Pero el hecho, el que sea, ha debido desgarrar hasta tal punto el corazón de quien lo escribe que necesita proyectar su apasionado estado de ánimo de modo que se lea, que se lea claro y que se lea durante mucho tiempo. Por eso vemos que no se trata de un grafiti normal; no es un texto espontáneamente garabateado con un spray. No, aquí hay un plan.

Veamos:

1.- El autor se ha entretenido confeccionando una plantilla: todo un trabajo artesanal con la altura de las letras y la separación de líneas bien medidas para que el texto coincida con la superficie lisa de los ladrillos y no con los huecos de cemento que separan las filas de los ladrillos.

2.- Las letras son mayúsculas – más fácil de leer que las minúsculas – y están bien perfiladas.

3.- El texto es corto, pero preciso: en sólo diez palabras – tuit de pintura sobre ladrillo – el niño o la niña pueden recibirlo “alto y claro”.

4.- El mensaje posee una indudable fuerza comunicativa: la conjunción “aunque” con el que se abre la oración permite pensar en algún tipo de solución a lo que parece imposible; y el adverbio “siempre” con el que se cierra ofrece una determinación de sonora eternidad.

5.- Hay otro hecho que a uno se le puede escapar si no conoce el lugar y el escenario. Este grafiti sólo se ha plasmado dos veces: las dos en la misma pared, justo en el acceso por el Oeste a una plazoleta en la que hay un pequeño parque infantil con columpios, toboganes y una guardería: no puede ser casual.

Parque Infantil; al fondo la entrada por el Oeste

Estamos, claramente, ante una acción táctica de comunicación que forma parte de un plan estratégico de comunicación: el autor tiene una visión y ha fijado una misión – “papá te amará siempre” – en la mente. Ahí donde nace toda comunicación se ha fraguado un plan, es decir, una serie de objetivos para obtener una respuesta.

¿O alguien piensa que el artesano del anuncio se va conformar con una actividad constreñida a una edición limitada de dos ejemplares de grafiti?

Hablábamos de testimonio de un fracaso del amor. Efectivamente, la ruptura, desde la simple separación hasta las medidas de alejamiento, son la desgarradora evidencia de que algo importante se hizo mal entre dos que se aman. El amor fracasa, perdón por la obviedad, por falta de amor.

Se muere no por falta de sentimiento, sino, de ordinario, por dos causas que caminan juntas: no buscar la unidad aunque cueste y no buscar -detalle a detalle diario – el bien de la persona amada, también cuando no tengo ganas o cuando la otra persona se hace odiosa. “Cuando menos los merezca quiéreme” cantaban La Oreja de Van Gogh.

Todo un plan de “comunicación de crisis” familiar se ha activado porque en algún momento alguien no dijo – con hechos y palabras – “te quiero”.

Ahí se construye la esperanza que haría casi imposible la quiebra: “Hay muchas cosas que ignoramos – escribe Rafael Alvira al final de su libro “El lugar al que se vuelve” – , y nos encontramos con dificultades. Pero para el que tiene un familia verdadera, todo eso pasa inmediatamente a ser relativizado, y perder peso. No sólo ella nos da la fuerza para vencer, sino que la vida misma de la familia es ya la victoria”.

Idea fuente: comunicación de crisis en la familia.

Música que escucho: “Cuando Menos Lo Merezca”, La Oreja de Van Gogh” (2016)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Meninas en la calle: el arte de comunicar con arte

Se exhibe en Madrid una muestra llamada Madrid Meninas Gallery compuesta por 80 reproducciones de una misma escultura. Todas han sido personalizadas, “customizadas”; unas pocas por el impulsor de la muestra Antonio Azzato, otras por diferentes artistas a los que se ha sumado un nutrido elenco de celebridades Agatha Ruíz de la Prada, Nieves Álvarez, Alejandro Sanz, los cocineros Torres, Carlos Baute, Eugenia Martínez Irujo, Laura Ponte, Vicky Martín Berrocal o el torero Enrique Ponce, entre otros.

Las 80 piezas de la colección (180 cms. de alto, 160 de ancho y 30 kilos cada una) están distribuidas por la ciudad y el paseante en Corte puede sorprenderse con alguna de ellas al doblar cualquier esquina o al llegar a aquel otro rincón. (Ver lugares de localización)

La figura es una interpretación – recreación – de una las dos meninas que aparecen en el famoso cuadro Las Meninas de Velázquez. Se trata, en concreto, de la que figura a la derecha del óleo cerca de la luminosa imagen de la infanta Margarita.

Las meninas y la Comunicación

Es la menina Isabel de Velasco, fácilmente identificable por el gesto, las proporciones y la postura de brazos en vertical caída, aunque esta intervención nos la muestra erguida y no con la elegante inclinación de servicio con que la pintó Velázquez.

Nuevamente la comunicación es el tema central de esta iniciativa. El arte a la vista de todos. La imagen al servicio de la imaginación y de la personalidad de una ciudad. El pasado que se reviste en figura del presente. Y el transeúnte queda interpelado por tantas expresiones diferentes para una misma identidad original.

También nos sirve para señalar un fenómeno que ocurre de vez en cuando. Unos personajes, secundarios en origen, saltan al primer plano.

El primer nombre del cuadro según el inventario del Alcázar de 1666 es “Retrato de la señora emperatriz con sus damas y una enana”; en el siglo XVIII se le conoce como “La familia del Señor rey Phelipe Quarto”. Es en el catálogo del Museo del Prado (1843) redactado por Pedro de Madrazo donde aparece por primera vez el nombre que lo haría universalmente conocido: Las meninas.

Las meninas

Menino – del portugués “mi niño” – es un pajecito de la Corte, hijo de algún noble, que entra al servicio para poca cosa. Así que el proceso de “naming” del cuadro ha puesto de relieve – cosas de la Historia que siguen ocurriendo hoy – el valor de lo que en principio carecía de estima.

Ante los ojos actuales la preciosa figura rubia de la infanta Margarita, sobre la que se vierte un amplio haz de luz, queda oscurecida por estas meninas que la atienden, una sirviéndole agua – María Agustina Sarmiento -, la otra, la que nos ocupa, Isabel de Velasco expectante.

La dinastía de los Habsburgo se extinguiría poco después en España con el último de sus reyes, Carlos II. También moriría Isabel de Velasco en 1659 tres años después de posar para el cuadro. Pero la dinastía de las meninas de este mundo perdura.

Perdura en esta síntesis de arte extendida ahora por las calles de Madrid. Y perdura en una realidad que nos concierne: no somos secundarios a condición de que sirvamos de primera.

Quizás haya algo de encuentro del yo más íntimo personal en quienes han ilustrado, a su manera, la figura de amplios guardainfantes, sobre estructura de alambre, que abomba la basquiña de Isabel de Velasco, la menina que asombra a Madrid. Encontrarse a uno mismo es el comienzo de ser especialmente útil.

Menina y creatividad

Pienso que, sin pretenderlo, la paleta del artista sevillano dio color con pinceles vivos a la perenne verdad de que el valor – el valor que vale, si me permiten el pleonasmo – es aquel que, oculto o manifiesto, inspira a otros, anima al que flaquea o asiste incluso en lo básico al que lo necesita, grande o pequeño.

No es poca cosa saberse menino.

Idea fuente: a la vista de dos fotografías de la serie Madrid Meninas Gallery

Música que escucho: Find Yourself, Brad Paisley (2006)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

 

 

 

Ya te has encontrado

No es que sea un fan de los grafitis, pero si soy un fan del mundo en el que vivo. Hay una razón poderosa para ello: no tengo otro. Amo el mundo que se me ha dado tal como es. Cosas buenas, cosas malas, ¡qué mas da! Somos cada uno quien debe hacer más habitable el aire que respira.

Fotografié la frase que alguien escribió con su spray en una pared. Supongo que el dueño de la óptica junto a cuyo escaparte se halla la inscripción se habrá acordado del árbol genealógico del autor.

Quién sabe, a lo mejor, como a mí, le hecho pensar.

El texto es sugerente:

No busques más. Ya te has encontrado”. Pero, ¿cómo sabe cada una, cada uno que ha dado consigo mismo?

Un texto sugerente

La biografía personal es un siempre hermoso puzle hecho de hazañas que sólo uno conoce; de miserias que llorar; de retazos de sueños que se alcanzaron; de otros ¡ay! – y otra vez ¡ay! – que se quemaron por indolencia o estupidez. “La vida” nos decimos resignados, pero sabemos que tuvimos en nuestras manos la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos.

Luego viene la nostalgia, la añoranza, el buscar entre el bullicio de otra ciudad, entre la gente del andén del tren, entre los rostros que se nos cruzan unos ojos que sería milagro encontrar. Un milagro o un mayor dolor.

Sin embargo, dentro de una misma, de uno mismo está – y ¡vaya con cuanta intensidad esta tarde lluviosa de abril! – la propia vida. No me digas que tienes que caminar mucho para encontrarla, para encontrarte: “No busques más. Ya te has encontrado!”

Iba a decirte una cosa, pero me gustaría que no me interpretases mal: No tienes nada que buscar fuera: ya te has encontrado, ya me has encontrado. Es mi vida. Es tu vida. Fue. Y ya está.

Vidas que dieron de sí lo que podían. El lago está donde siempre estuvo. Los gemelos no nacieron, pero sí la vida tuya y mía tal y como tuvo que ser. No busques más. Ya te has encontrado. No quiero que me encuentres a mí. Deseo que te encuentres a ti. El nudo sano de tu mejor tú, el de ahora mismo sin mí, vale un universo.

ya te has encontrado FotoPhoto by Steinar Engeland on Unsplash

Ese universo interior no tiene fronteras, pero sí una casa a orillas del lago, una montón de risas, de canciones que nada dicen a nadie salvo a ti. Y a mí cuando la dormida memoria me proyecta luces de nieve, de fiestas de Navidad, de torpes enfados, de reconciliaciones estremecedoras, de sencillos regalos, pero llenos del orgullo de haber sido imaginados y entregados con el corazón.

Pienso en el que garabateó en el centro de la ciudad “no busques más. Ya te has encontrado” y me uno a él en el deseo de que nosotros sepamos que nada hay que buscar fuera.

Si acaso toca hacer bien el bien que queda por hacer. Supiste hacerlo – soy algo más que un mero testigo – y lo harás porque no tienes nada nuevo que buscar. El encuentro debido ya tuvo lugar.

Idea fuente: No busques más. Ya te has encontrado

Música que escucho: Yesterday Once More. Carpenters (1973)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Comunicación visual y velocidad 1.5x

If I could save time in a bottle
The first thing that I’d like to do
Is to save every day
‘Til eternity passes away
Just to spend them with you

(Time In A Bottle, Jim Croce)

 

 

La Comunicación visual lleva unos años abierta a una nueva experiencia. Se podría decir que la hereda de la comunicación auditiva. Se trata del visionado 1.5x. Este modo de visionar nació primero en los podcast. Escuchados a mayor velocidad de la normal permitían completar la audición en menos tiempo.

Ahora se extiende más y más a los vídeos. A velocidad 1.5x un episodio de, por ejemplo, The Good Doctor de 40 minutos terminará en 30 minutos, con una liberación por tanto, de diez minutos.

En estupendo artículo de Marina Such (Xataca, 30/03/2018) se explica el fenómeno, sus protagonistas y alguna de sus más notorias consecuencias.

Videos a más velocidad

Entre los que emplean en este modo de visionado – los llamados fasters – hay diversidad de motivos. Están quienes son seguidores de una serie pero no van al día. Mediante un visionado 1.5x pueden recuperar más rápidamente el hilo narrativo hasta llegar al episodio actual de la trama. Ciertamente requiere un grado más intenso de atención y, por tanto, un superior estado concentración. Una vez realizada la operación, ya podrán hablar de la serie con sus colegas sin parecer desactualizados y sin que se les avance una escena que no conocen. Pocas cosas más dolorosas para un enganchado a una serie que un spoiler.

Otras personas prefieren esta mayor velocidad porque su particular hábito de consumo audiovisual no tolera la lentitud. Recuerdo a una lectora amiga a punto de ataque de ansiedad ante la muy clásica “2001 Una odisea del Espacio” de Stanley Kubrick mientras veíamos juntos su larga secuencia inicial. Este tipo de espectadores, como afirma uno de ellos, llegan a perder la concentración en un video que se les duerme entre las manos; entonces se ponen a hacer otras cosas con su Smartphone.

2001: Una Odisea del Espacio

¿Es esta una evolución consistente? ¿Se verá modificada la forma visual de contar historias? Es comprobable que la duración de los planos ha disminuido de manera importante. Diez segundos del mismo rostro parece excesivo. Quince intolerable. Incluso la partición de la pantalla con varias escenas diferentes y simultáneas no es inusual en algunas series. Los ojos y la mente son empujados a ver, procesar y asimilar imágenes a más velocidad. Eso es así en series televisivas, pero además el 1.5x se ha mostrado útil para hacerse sin rodeos con la información de una receta de un pastel, con los datos básicos de un tutorial para montar una espectacular fotografía, implementar una función informática o dominar una genial app reciente.

¿Es escandaloso? Lo dudo. No sólo porque el escándalo está infravalorado por consumidores compulsivos de última generación, sino porque quienes no somos nativos digitales hemos aplicado alguna vez en formato analógico el mismo proceso de rápido visionado: ¿nunca hojeó usted una revista? ¿Jamás pasó por encima de las “páginas amarillas” de las letras sin interés? ¿Y aquel rápido paseo delante de los cuadros menos atractivos de Jan Van Eyck de la exposición de pintura flamenca?

(Video 1.5 x speed con tutorial sobre arreglos fotográficos)

Sí hay dos aspectos apuntados agudamente por Marina Such y conectados con patologías comunicativas o psicológicas: una es la que describe cómo el “modo en el que las nuevas tecnologías afectan a nuestras interacciones sociales y a nuestro cerebro es un campo en el que están realizándose actualmente todo tipo de estudios”. Uno de estos modos es el que Linda Stone denomina “atención continua parcial”.

El otro aspecto es el FOMO (por sus siglas en inglés “Fear Of Missing Out”) que lo sufren aquellas personas con miedo a quedar fuera del juego en las redes sociales: una soledad en el para muchos único medio – La Red – donde se consideran valorados. O, de contrario, de donde no pueden faltar para ser tenidos como seres “vivos”.

Miedo a la desconexión

Desde el punto de vista concreto de la Comunicación Visual, a los profesionales (guionistas, directores artísticos, productores, etc.) el fenómeno de los fasters les interpelará: van a tener una parte del público que pasará imágenes y relatos a velocidad mayor que las de la vida real. ¿Se acomodarán escenas? ¿Habrá filmaciones que vengan con 1.5x de serie?

Algunos de estos fasters declaran que si ven a 1.5x o incluso a 2.x es para disponer de unos minutos libres: más de diez minutos en cinco capítulos semanales pueden dejar disponibles cincuenta minutos por semana. El tiempo en una botella.

No puedo evitar acordarme de El Principito y su conversación con el mercader que vendía píldoras para no sentir la necesidad de beber. Cuando le dice a El Principito que “se ahorran cincuenta y tres minutos por semana” y que con todo ese tiempo “se hace lo que se quiere”, el pequeño personaje concluye: “si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría tranquilamente hacia una fuente…”.

¿A qué pozo de conocimiento y belleza audiovisual iríamos con cincuenta minutos para gastar?

Idea fuente: ante una nueva forma de visionada: más rápido.

Música que escucho: Time In A Botlle, Jim Croce (1972)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Un silencio en el Sepulcro

Llorando nos postramos
ante tu sepulcro para decirte:
descansa, descansa dulcemente.
Descansad, miembros abatidos
descansa, descansa dulcemente
(Coro final de Mathäus-Passion, BWV 244 J.S. Bach)

 

Han dado las tres de la tarde en Jerusalén. Cristo acaba de morir crucificado y lo llevan a sepultar.

En la extensa iconografía cristiana no es abundante, no puede serlo, una imagen del Cristo sepultado. Después de que aquel “hombre rico de Arimatea” hiciera “rodar una gran piedra a la puerta del sepulcro”, “se marchó” (Mt. 27,60). Y ya nadie vio, nadie pudo ver, nada más.

La Piedad, Miguel Ángel

Sí hay recreaciones del descendimiento y de la acción de dar sepultura. Sabemos qué pasaba a este lado de la roca. “Estaban María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro” (Mt. 27, 61). También conocemos que, “al día siguiente de la Parasceve” algunos “se fueron a asegurar el sepulcro sellando la piedra y poniendo la guardia(Mt. 27,66).

Pero, ¿dentro? Dentro, oscuridad para la luz misma del mundo. Silencio para la Verdad que resonará atravesando la Historia. Dentro, quietud para quién caminó haciendo el bien. Y un Cuerpo muerto envuelto en una sábana limpia. Un cuerpo con las señales de la tortura. También con muestras de humana piedad en forma de unas cien libras de mirra y áloe (Jn. 19, 39).

Es la noche. Photo by Brent Cox on Unsplash

Han empezado unas tremendas horas: las horas sin Alma. El cuerpo de Cristo yacente en serena mortalidad no oye. En su insigne majestad, no ve. Tampoco siente. En sus manos, en su pies y en su costado cinco faros apagados que iluminarán los tiempos y las personas.

Yo me he quedado dentro con Él. Estamos a oscuras. Oscuridad física y oscuridad del entendimiento. Desde que la gran roca clausurara el pequeño espacio todas las dudas se abren paso. ¿No era el Mesías? ¿Cómo es que no se salvó a sí mismo? ¡Qué redención es ésta que termina con el Salvador humillado, maltratado y con su cuerpo separado de su alma en un sepulcro? Empieza la noche más larga, dura y fría.

La hora de las tinieblas. Las de la cruz, son, qué duda cabe, horas tenebrosas, pero el sepulcro es testimonio de que ha triunfado el amo de la oscuridad. El sábado suena a fracaso total. Todo lo físico de Jesús está sin vida. Murió realmente y si removiéramos el sudario – ¡quién se atreve! – podríamos confirmarlo: Dios ha muerto.

Eso dirían los sentidos sin engañarse. Son los hechos. Es cierto: Cristo ha muerto. Sin embargo la realidad, que siempre es superior a los hechos, testificará en unas horas su victoria sobre la muerte. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte tu aguijón? (1 Cor. 15, 55) ¿Dónde está, diablo, tu gran éxito? ¿En el viernes? ¿En el sábado? Porque el domingo, muerte y diablo, caísteis en la cuenta de que vuestra derrota final comenzó a sellarse en la cruz convertida en árbol de la vida. Ahí os quedáis: siempre y para siempre es la Esperanza quien gana. Es el Amor quien tiene la última palabra para confirmar lo que la Fe apunta.

Sábado (Photo by Charles Deluvio 🇵🇭🇨🇦 on Unsplash)

Pero hoy no es todavía domingo. Y luego, el sábado es de tinieblas, pero sábado para quedarse con todas las bellas lecciones de este cuerpo maravillosamente muerto ante mí. No me canso hoy de sentirlo tan cerca. Porque, aunque indefectiblemente muerto, es un cuerpo incorrupto e incorruptible ya que “su Persona divina continuó asumiendo tanto su alma como su cuerpo, separados sin embargo entre sí por causa de la muerte. Por eso el cuerpo muerto de Cristo “no conoció la corrupción”(Act. 13, 37)” (CEC, puntos 624 a 630).

Dentro del sepulcro, la frente en el suelo. Caen lágrimas. Lloro lágrimas humanas por el hijo del Hombre, el hijo bueno que ha muerto. Sí, y lágrimas divinas porque quien ahí yace muerto lo está por haber dado su vida a cambio de la mía, de la nuestra.

Sábado de misterio donde busco el alma de Cristo y no la encuentro en esta oquedad. “Descendió a los infierno”. Debe andar visitando a tantos que esperaban en el mundo espiritual la redención de todo el género humano. Tendrán off the record la noticia que partirá en dos el tiempo: antes y después de la Resurrección. Santos que se felicitan. Aquí, sobre el suelo del Sepulcro, pienso en la redoblada felicidad de tantos que creyeron y esperaron. Pienso en su padre en la tierra, José. Y en las mujeres y hombres que desde la noche de los tiempos perseveraron por ver la plenitud de los tiempos: Abrahán, Moisés, Jacob, Ruth, aquellos pastores de hace treinta años en Belén; y en los Magos ¡por qué no! Pienso que separada de la paz de esta tumba el Alma ha derramado copiosa alegría, sonrisa que abraza, y un espíritu que te parte el corazón de dicha.

Ya he levantado la frente del suelo algo consolado, porque tengo la seguridad de que este sábado – misterio, silencio sin luz – es una estación de paso. Me atrevo, pues, a mirarlo. Qué conmoción.

¡Si en su quieta soledad parece no haber sufrido! Pero las llagas, que conservará incluso resucitado, me dicen la verdad del horror pasado. Misterio y mensaje para los que vengan más tarde.

¡Si en sus ojos cerrados parece latir un amanecer! Pero aquí dentro es de noche cerrada. Es la más cerrada de las noches. No cabe en la cabeza lo sucedido.

Pienso en María, su madre. Está fuera en su dolor. Pero está dentro en la sangre que queda en este cuerpo. Intuyo que Ella sabe más, sabe antes, sabe mejor sobre los espacios y los tiempos.

Me quedo quieto. No le oigo respirar – ¡cómo podría! – pero dentro de mí,  junto a Él en su sepulcro, sí escucho el silencio más elocuente que jamás haya existido y que jamás existirá: el canto más bello. Él me susurra el poema definitivo: morí de amor.

(erwan-hesry-409028-unsplash.jpg)

Idea fuente: el sábado, en el sepulcro, con el cuerpo muerto de Cristo.

Música que escucho: “Wir setzen uns mit Tränen nieder“, Chorus, Hungarian State Symphony Orchestra dirigida por Géza Oberfrank (Coro final de la Pasión según San Mateo, Johann Sebastian Bach, 1685-1750)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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