Verano: volver a enamorarse

Me tiene todavía perplejo. No porque no sea verdad; más bien porque sea verdad. La noticia se repite año tras año. Eso es parte de lo malo: “El 33% de las separaciones matrimoniales se deciden en verano”, rezaba el titular de Antena 3 Noticias del 22 de julio.

una ocasión en verano

Citaba como fuente el Consejo Superior del Poder Judicial. Inundaba de cifras. Y me lo creo. Año tras año la noticia se repite. O sea que no es muy noticiosa. No les aburro con más titulares, pero hay montones en webs, prensa digital y blogs que informan cada verano de esta desgracia crónica.

Existen docenas de gabinetes psicológicos, también con sus web, avisando de que llega este problema recurrente estío tras estío.

Me he acordado de que al hombre del Tiempo en TVE le han encasquetado un anuncio del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social que da consejos para evitar morir de calor. Me pareció que al pobre le daba hasta vergüenza predicar con insistencia advertencias que son de Perogrullo: “Beba agua…”; “No abuse de las bebidas con cafeína, alcohol…”; “Permanezca el mayor tiempo posible en lugares frescos”; “Procure reducir la actividad física y evitar realizar deportes al aire libre en las horas más calurosas”. No sigo: el decálogo de lo obvio se encuentra completo en la web del MSCyBS.

Seguro que es conveniente difundir las recomendaciones. No es cosa que mueran doscientos tontos de un golpe de calor y los familiares pidan la dimisión de la ministra. Y si no acuérdense de los que pedían la cabeza del ministro del Interior porque pese a los avisos persistentes de nevadas copiosas se quedaron atrapados por la nieve el pasado invierno. Siempre tiene que haber un culpable. Y a ser posible que no sea uno mismo.

Consejos frente al calor extremo

Pero si invocamos la libertad -¡que es maravillosa! – no estaría de más aceptar lo que nos ocurre cuando la activamos. Sí, somos libres con lo que hacemos, pero no somos libres de elegir lo que pasa con lo que hacemos. Así, si es verdad que un hombre de 50 años, 90 kilos de peso y tensión alta es libre de correr la maratón en Montoro a las cuatro de la tarde y sin beber, no es menos verdad que tiene riesgo de morir de un golpe de calor.

Esa es la realidad. Tenemos un ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, pero no tenemos un ministerio del Bien Humano. Ni siquiera una Dirección General del Bienser Personal. Mucho menos una Subsecretaría del Amor. Y, así nos va, con el amor marchitando bajo el sol de agosto sin que nadie nos ayude durante el año. Y, sin embargo, el amor es superior al calor.

El amor se agosta por no seguir máximas de sentido común como las que recita el hombre del Tiempo.

  • Amar es sorprender con un bien inesperado. Ahora, no dentro de unos días. Una nota manuscrita dejada la noche anterior junto a la taza del desayuno con un “te quiero”.
  • Amar es sorprender con un servicio inesperado. Bastaría recoger la cena si no se hace habitualmente.
  • Amar es sorprender con una lectura inesperada, por ejemplo, del libro que ella lee con más gusto. De un libro salen comentarios compartidos. Y comprender es compartir.
  • Amar es dejarla terminar la frase aunque te sepas el final.
  • Amar es volver a ser novios. Renovar con miradas, palabras y silencios de este verano los sentimientos de aquellos primeros inviernos en su portal.
  • Amar es sorprender con una frase de aquel idioma que nos inventamos con mitades de palabras amorosas de dos idiomas.
  • Amar es hacer del invierno un verano de momentos cálidos, sobre todo si estás cansada.
  • Amar es callar el agravio que está más en tu cabeza que en su intención.
  • Amar es llevarse un álbum de fotos y reírse juntos de la pinta que teníamos con pelo largo, pantalones de pata ancha y sentimientos de amplias orillas como un lago.
  • Amar es diseñar juntos una salida de compras y, una vez puestos, no quejarse por las horas que llevamos de pie viendo un perchero tras otro, mientras te preguntas como se llama el arquitecto de Zara que hace tan grandes sus tiendas.

 

horizontes interiores

Y, ¿qué más? Pues cada uno – mejor cada dos – tenemos nuestra historia, nuestros recuerdos y nuestros proyectos; por eso no hay recetas únicas.

A lo mejor le encendías el cigarrillo, o el ataste una vez los zapatos. Quizás pescaste cangrejos en una playa del Norte sólo por estar con ella. Amar es la música que ella nunca olvidará porque tejió heridas sin cicatriz en ambos corazones.

Para el amor no hay un hombre del Tiempo que recuerde; es el propio tiempo el que recuerda a la mujer y al hombre que el amor del verano se calienta en invierno poniendo detalles inesperados que reverdecen en admiración mutua.

Amar es posible siempre, incluso cuando se piensa que no se tienen fuerzas, porque para amar basta amar, basta darse en lo que une por pequeño, por inútil que nos parezca bajo este sol ardiente. De un sol ardiente brotará un sol naciente.

 

Idea fuente: Volver a empezar

Música que escucho: Canon de PachelbelOrquesta Filarmónica de Berlin, dirigida por Herbert von Karajan (1860 para la partitura del Pachelbel; 1984 para la grabación elegida)

José Ángel Domínguez Calatayud

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La huelga como comunicación

No entraré en el fondo de la cuestión ni en los motivos de sus iniciadores. Si voy a detenerme en cómo funciona una huelga en servicios públicos en términos de comunicación. Tomo la muestra de la huelga de taxis en España.

Qué una huelga como ésta tiene un dimensión de comunicación nadie lo discute. Quien plantea una acción como ésta desea una repercusión en la opinión pública que sirva de acicate para que se atienda sus peticiones por quien corresponda.

Si le sumamos que se ha llevado a efecto con ocupación durante cinco días de avenidas principales en las cuatro ciudades más importantes está claro que el deseo de pasar oculto no era, precisamente, una variable estratégica.

Huelga de taxis

Veámoslo desde la tres dimensiones de un proceso: eficiencia, eficacia y efectividad

Eficiencia: toda huelga contiene una magnitud considerable de ineficiencia, si por eficiencia entendemos el empleo de la menor cantidad de recursos. En una huelga se utiliza el recurso del trabajo con el fin directamente opuesto a su naturaleza; se trata de que no produzca.

Para un taxi estar parado es el segundo modo de ser ineficiente. El primero, claro está, es recorrer la ciudad con el vehículo vacío. La fábrica de hacer dinero en la profesión de taxista es el propio taxi haciendo carreras pagadas por clientes satisfechos. Si no lo hace o produce insatisfacción se generan gastos inútiles o clientes irrecuperables.

La mayoría de los taxistas no son empleados por cuenta ajena ni funcionarios: son autónomos. Cada hora parado es un “lucro cesante” que nadie paga sin que, por otra parte, disminuyan los gastos estructurales: eso es muy ineficiente si no tienen – que no consta – caja de resistencia o subvención de grupos políticos o sindicales. Cierto que no han gastado gasolina y la herramienta, o sea el taxi, ha tenido menor desgaste.

Y desde el punto de vista comunicativo hay que reconocer ese mismo fracaso en eficiencia. La ocupación de vía pública es costosa aunque pueden los protagonistas poner en su haber una cierta eficiencia: que ellos mismos han ejercido la comunicación directamente copando cabeceras de telediarios y primeras planas. Los intermediarios de la opinión pública no tuvieron que hacer sino desplazarse al lugar de concentración para conocer de primera mano los hechos, así como la interpretación de sus protagonistas.

Portada de huelga de taxi

Eficacia. Se es eficaz cuando el proceso iniciado se concluye con los resultados esperados o aún mejores en atención a los recursos empleados. A esta hora, el objetivo perseguido por los huelguistas (una regulación normativa más favorable frente a los VTC, mediante una delegación del Estado en Autonomías o Ayuntamientos de la función de otorgamiento y control de las licencias de VTC y sus actividades) no se ha conseguido plenamente.

Sí han obtenido una promesa de que en el mes de septiembre se darán pasos en el sentido exigido por los taxistas. Pero ni ellos están seguros: al desconvocar hablaban de “tregua”. Es sintomático.

En términos de comunicación la huelga ha sido un instrumento eficaz para el público directamente concernido: el Gobierno de la Nación. Éste se ha enterado del mensaje.

La autoridad se movilizó con presteza en el área de transporte. Celebró reuniones con los taxistas, con los representantes de los VTC y con los responsables de las Autonomías. ¡Adelantó dos meses la Conferencia Nacional del Transporte! Sí, el Gobierno ha sabido de primera mano por qué Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia quedaban colapsadas y sin taxis.

Pero en la sociedad actual hiperconectada hay otros públicos que reciben otros mensajes que traducen como beneficiosos o perjudiciales, veraces o mendaces, razonables o insensatos según la propia formación e intereses.

En esta situación tenemos en lugar destacado a los trabajadores y empresarios de VTC que se enteraron del mensaje en sus propias carnes (y en sus propios coches). Además en algunas ciudades, ante las agresiones sufridas por parte de huelguistas, los responsables suspendieron los servicios en evitación de derramamientos de sangre.

Noticia directa

Junto a estos están los usuarios habituales del taxi, el resto de ciudadanos que circula por la calle, los veraneantes, viajeros en tránsito, enfermos e impedidos. Para estos últimos los huelguistas establecieron servicios de atención. Finalmente, no podemos olvidar a quienes ven, leen o escuchan las noticias tanto en España como en el extranjero.

¿Qué habrán traducido ellos de todo esto y cómo actuarán? Lo que nos lleva al último punto.

Efectividad. La efectividad de un proceso se produce cuando, con medios eficientes y resultados plenamente eficaces, se puede concluir que todo el sistema está en una situación óptima para seguir siendo eficiente y eficaz en años venideros. Es decir, transita por el camino de la excelencia para progresar dando un buen servicio desde la posición actual sin poner en peligro ni los principios y valores que lo motivan ni la supervivencia en un horizonte predecible.

Sobre el alcance de la huelga de taxistas puede decirse que adolece de falta de consistencia porque la regulación que se pretende no se ha producido y si se produce será en contra de una tendencia masiva: volverá el conflicto.

La presencia de oficios con alto aprovechamiento de los medios digitales, redes e internet es una mega trend – una ola gigante – que va alisar todos los sectores. Lo ha hecho en prensa, logística, industria del automóvil; hasta música o todo el comercio han quedado bajo las aguas digitales.

Perdón, pero guste o no es imparable: no hay paro que la detenga.

Imparable contra el paro

En este contexto, la comunicación mediante huelga con larga y extensa ocupación de avenidas principales me parece sumamente inefectiva. Sí es efectista, pero no efectiva. De hecho acaba volviéndose contra el emisor.

Les replico la noticia: en España “Las aplicaciones de Uber y Cabify ascienden a los primeros puestos en descargas durante la huelga del taxi” “Las aplicaciones de las empresas de VTC superan en algunos casos a Instagram, Facebook o Youtube” (El Periódico, 02/08/2018).

Idea fuente: la huelga y su dimensión comunicativa

Música que escucho. Caprí c’est fini, Hervé Vilard (1966)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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Crónica desde un tumor

Jaime es un conocido con el que jugué recientemente al golf. El nombre es ficticio, como algunos de los escenarios, para resguardar la intimidad del auténtico. Hace unos años le detectaron un tumor de fatal pronóstico. Como siempre en esos casos no es sólo la salud la que se resiente: economía personal, relaciones, capacidad de respuesta y el propio espíritu, todo queda agredido por la cruel enfermedad.

En Estados Unidos encontró Jaime un Hospital y unos médicos que supieron atajar lo peor de su mal. La quimio fue devastadora; durante largas semanas tomaba más de veinte pastillas.

Un largo tratamiento

Pasaron los años. Por cierto, años también siempre largos y con la espada de Damocles sobre su cabeza. ¡Agotadores los tiempos de dolor!, ¿verdad? Escribía Gustavo Adolfo Bécquer aquella exclamación de su Rima LXXIII “¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”.

Podemos nosotros suspirar, “¡Dios mío, que solos luchan los enfermos!”. Y que solos, que apretadamente solos, se quedan los que su amor les dijo adiós. Muerte, dolor, amor abren surcos de sangre en las almas.

Del drama, de la tragedia, del abandono se sale con humor, compañía y más amor en una fe fuerte.

A nuestro Jaime, una vez pasada la sesiones más agudas, allí mismo en el Hospital – pongamos el Memorial Sloan Kettering – le recomendaron ponerse en manos de un psicólogo. Es experiencia común que un corazón aplastado necesita ayuda profesional que lo infle. Un espíritu anegado de oscuras incertidumbres y miedos impronunciables necesita abrirse a otro.

Eso no lo soluciona todo, pero alivia con nueva luz las tinieblas, con tal de que ese alguien sepa recibir y encauzar debidamente una intimidad herida. “Toda alma, por santa que sea, necesita un desaguadero”, decía Teresa de Ávila.

Confidencias que alivian

Pero hay angustias y angustias. Enseguida llegó a ser Jaime a una persona que ya no tiene nada que contar, sino dejar al espíritu cantar. Y eso no se hace en una consulta. Hay tareas para el aire puro y los espacios abiertos. “Ponte a jugar a golf”, fue el consejo que le dio el sabio.

Me dice que eso hizo. Desde entonces, sus males los saben los mirlos, las abubillas, los patos del lago del 15, las hormigas del green y la liebre del hoyo 7. Sus confidencias las han escuchados las ramas de los robles, las raíces de los pinos y los hojas del laurel. Si hablasen las repetirían las adelfas del hoyo 1, y las piedras. Y las nubes. Y los santos del Cielo a quienes Jaime se encomendase.

Normalmente me gusta el golf en silencio, o en conversaciones tranquilas de espaciados pensamientos inspiradores. Escucho y guardo en mi almario.

Y ahora, caminaba con Jaime a mi lado por la segunda vuelta, cerca de las casas de Noroeste. Debí de hacer algún gesto de desaprobación sobre el mal resultado de mi último golpe. Quizás comenté lo aleatorio del golf. No recuerdo cuál fue el origen, pero el caso es que Jaime después de un corto de silencio me dejó una frase:

.- El golf nos da lo que le pedimos.

.- ¿? – le miré; él interpretó correctamente mi perplejidad.

.- Si tú le pides frustración, frustración te entregará; si le pides dura competitividad, te devolverá gestos endemoniados, resultados malos y algún acierto; si le pides pasar un buen rato con los amigos, tendrás amigos que te alegrarán y a los que alegrarás.

.- ¿Y si no tengo intención de pedir nada?

.- La más recta intención es no tenerla propia –sonrió Jaime -. En esas ocasiones el campo me ha devuelto humildad ante el fallo, felicidad en el acierto; un universo completo para mí; la admiración hacia los tesoros internos de otros. Y aprender que hasta el aire que respiramos es un don por el que dar gracias a Dios. Sólo no pidiendo nada para ti, Él te da casi todo lo que importa.

.- Como la vida, tantas veces – musité.

.- La vida imita al golf – me recordó Jaime -. Pero lo imita sobre todo en el modo con el que la afrontamos. No te rindas y ella será valiente; ve a por el objetivo que está dentro de ti y te devolverá la meta. Pienso que esa es la lección, la terapia que me salvó; el golf me hizo caminar hasta el fin del mundo.

Abrió los brazos como queriendo encerrar en ellos el orbe y se rió. El mundo ya lo llevaba dentro.

 

 

Idea fuente: la vida como el golf te da lo que le pides

Música que escucho: The End of The World, Skeeter Davis (1962).

José Ángel Domínguez Calatayud

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Taxi y otras cosas humanas

 

“Gli amici miei son quasi tutti via
E gli altri partiranno dopo me
Peccato perché stavo bene
In loro compagnia”
(Che Sara, José Feliciano)

 

“Me han pasado (sin parar) taxis amarillos en numerosas ocasiones”, explicó Rice, que es negra. “Cuando vives en Harlem o Bed-Stuy (Bedford-Stuyvesant: centro del barrio de Brooklyn), llegar a casa es más difícil de lo que debería ser”. Quien así habla es Arva Rice, presidenta de la New York Urban Ligue, Inc. (“The Ligue”). Lo recoge el New York Times (“Uber Gains Civil Rights Allies Against New York’s Propose Freeze: It’s a Racial Issue” 29/07/2108) en ilustrativo artículo.

Alva Rice, CEO de The New York Urban Ligue

 

The Ligue lleva más de 90 años, ayudando a los neoyorquinos desfavorecidos a encontrar humanidad en la gran ciudad, a encontrar formas de conectarse y ayudarse mutuamente, y juntos obtener acceso a la igualdad de oportunidades en el empleo, la educación, la alfabetización financiera, tecnológica y otras áreas más. La de Nueva York es filial de la National Urban Ligue.

En la Gran Manzana, ya se ve, el problema del transporte es diferente al de otras grandes ciudades europea como Madrid, París o Barcelona. Por ejemplo, allí un taxi no quiere llevar a un negro a Harlem y Uber sí.

Allí, el Ayuntamiento celebrará reunión el próximo 8 de agosto para estudiar si congelan las licencias de vehículos de transporte con conductor (VTC).

En 2015 había en Nueva York 63.000 licencias; hoy hay más de 100.000, de las cuales 80.000 están asociadas a aplicaciones con sistemas de contratación de activar y montar.

El asunto ha hecho crisis y la autoridad local, que es allí la competente, señala algunas de los síntomas: saturación del tráfico urbano y caída importante del negocio del taxi.

Yellow Cab en declive

Cada taxi de Nueva York, como en las demás ciudades, debe poseer su “yellow car medallion”, es decir un Certificado de Pública Necesidad y Conveniencia (CPNC). En 2014, la posesión de una de estas licencias “era la mejor inversión en América”, como titulaba por entonces The Washington Post (“Taxi medallions have been the best investment in America for years“, 20/06/2014)

Pero del millón largo de dólares que obtenía su propietario por la venta – allí legal – de esta licencia se ha pasado en junio a una horquilla entre 165.000 a 700.000 dólares, según un informe de la Taxi & Limousine Commission.

Otro dato trágico que ha urgido la reunión es el encadenamiento de seis suicidios de taxistas, el último de un disparo a la puertas de Ayuntamiento. El taxista había subido previamente a su muro de Facebook un dolorido mensaje.

Dough Shifter, tenía 60 años; en los años 80 trabajaba un jornada normal de 40 horas semanales; ahora 100 horas no eran suficientes para sobrevivir. Después de haber conducido a lo largo de su vida más de cinco millones de millas, a través de cinco huracanes y 50 tormentas de nieve, había llegado un momento, éste, en que se le acumulaban las deudas y se había quedado sin seguro de salud. La desesperanza en forma de bala había tomado el lugar de lo que el llamaba “hacer el tonto”, y se quitó la vida para producir una conmoción.(CBS NEWS, 07/02/2018)

City Hall, escenario del suicido de un conductor

No extraña, pues, que la directora ejecutiva de la Alianza de Trabajadores del Taxi de Nueva York, Bhairavi Dasai, a la que llegan día a día las dificultades de los conductores, exclamara: “la mitad de mi corazón está aplastada y la otra mitad en llamas”.

La limitación que se pretende es la segunda vez que está sobre la mesa. En 2015, el alcalde De Blasio lo intentó y hubo de retirarla después de una campaña de comunicación bien dirigida en la que Uber llegó a implementar en su app una opción llamada “De Blasio” que mostraba al cliente dónde encontrar un vehículo: si se activaba aparecía vacío: en ningún sitio.

Vuelvo al principio; la deriva de cada país en el asunto del transporte urbano tiene sus propias notas. No se puede detener el avance que mejora las condiciones de los ciudadanos, por ejemplo las de los negros de que requieren un transporte para ir a casa o a la oficina.

Tampoco es de recibo abolir por vía de hecho y de forma traumática un oficio que ha necesitado fuertes requisitos administrativos y económicos para establecerse. Como no es de recibo apoderarse de la vía pública.

Cambiar es inevitable. La desesperación es evitable.

Podría ser esta una oportunidad para las mujeres y hombre implicados. Podríamos apelar a la noción de bien común propia del Humanismo y retomarlo desde su comprometedoras raíces.

Taxistas ocupan un vía principal 30/07/2108

El momento tiene todas las trazas de necesitar que se active la capacidad prudencial exigible a políticos, sindicalistas, empresarios y comunicadores. Prudencia es el primer fundamento para enjuiciar y disponer las piezas de un puzle que no sé si a ustedes pero a mi me recuerda a los desahucios.

 

Idea fuente: un conflicto con raíces humanistas: progreso y esperanza

Música que escucho: Che Sara, José Feliciano (1971)

José Ángel Domínguez Calatayud

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A la muerte de Yvonne Blake, mujer de cine

La recogí en la Estación de Santa Justa. Era la tarde de un martes cualquiera de primavera. Nunca la había visto. Nos habíamos escrito para concretar detalles. Busque sus rostro en Internet antes de rebuscar su figura menuda entre los que se bajaban del tren.

Al día siguiente inaugurabamos una exposición de los trajes diseñados por ella para la película “There be Dragons” ((2011) de Roland Joffé, que se estrenaba en España por esos días. También daría una charla de la que yo haría de moderador ante más de ciento cincuenta personas, un público entendido convocado por la Fundación para el Estudio de la Comunicación (FEC).

 

Yvonne Blake sorprendía porque no era sorprendente. La autenticidad y la sencillez resaltan frente a la extendida mediocridad ruidosa y complicada que vemos tantas veces.

Las elegantes frases de los mails en formal construcción británica, escritas en un precioso español, dieron paso, tras el primer saludo, al cara a cara franco y transparente en sus ojos claros y observadores.

Para algunos directores de cine y productores podía llegar a ser muy exigente, nunca dura. Para quienes compartimos aquellos días con esta diseñadora de trajes de cine Yvonne poseía un fortaleza orientada a la amabilidad y al cuidado del detalle. No hay detalle sin importancia.

En cuanto subió al coche me preguntó si antes de llevarle al hotel, podríamos ir a un convento de clausura, uno muy concreto situado en el centro de Sevilla. Me explicó el motivo. Quería visitar a una monja ya muy mayor. Creo recordar que era una pariente de su marido. En cualquier caso, alguien que si no recibía la visita de Yvonne no iba a saber ni que la cineasta estaba en la ciudad. Ella lo hacía, sin darle más importancia, como un grato deber de amor y cercanía humana.

Ya en el interior del convento pasamos inmediatamente cerca de una capilla próxima a la portería. Precedido por la monja que nos acompañaba entré para hacer una genuflexión de saludo a Cristo sacramentado. Yvonne no entró. Permaneció fuera esos segundos. Más tarde, ya solos, me explicó. Y lo que me dijo lo dijo más su sonrisa que la palabras, antes con la paz de sus ojos que con la gramática.

.- No entré porque soy judía.

Pensé con mucha paz que judía era también María. Luego en las horas de trabajo que compartimos me habló de sus trabajos y de la gente del rodaje. Curiosamente me contó lo que se reía con el sacerdote que les acompañaba como asesor en la citada película “Encontrarás Dragones”.

.- Es un hombre muy culto y divertido. Era el mejor de todos los que estaban en el rodaje – vino a decirme -: me reí mucho con él.

Se notaba que había disfrutado en este trabajo. Que no había tenido sino ayuda para vestir un época, la Guerra Civil en España.

Cartel de “There be Dragons”

La mañana previa a la exposición trabajó, como si fuera una recién contratada, en todos los detalles de preparación de los maniquíes. Daba puntadas; miraba todos los pliegues; tomaba distancia y volvía a corregir. Si me permiten la expresión, la imagen exterior que vi de ella esa mañana era la de la búsqueda de la perfección en el trabajo profesional.

Me mostró también, los dibujos de los trajes que se exhibían. Estaban hechos por ella a mano sobre cartulina. Ahí no había copia, corta y pega. Era miniatura de belleza plástica en lápiz sobre papel.

.- Sí, siempre lo he hecho directamente a mano – me confirmó.

Sólo, pasadas unas horas, cuando vio todo conforme, se vino a casa donde comimos con otros invitados del mundo de la Moda y del Cine. Sus ojos no se perdían en lo general. Enseguida se quedaba colgada de los colores. Alababa la mesa bien puesta, el tono del mantel o el estampado del vestido de Olga. Suele llamarse deformación profesional, pero por qué no llamarlo profesionalidad.

Sí, tenía la exclusiva del traje de Superman (1976) en la película que protagonizó Christopher Reeve. Poseía cuatro premios Goya y un Oscar por Nicolás y Alejandra (1971) de Franklin Schaffner. Pero pocos saben que no quería recogerlo por el sufrimiento que le provocó aquel encargo. Nuevamente ahí pudo el pundonor sobre los sentimientos.

Los sentimientos tenían en ella el sentido de una búsqueda de la belleza en texturas, colores y armonía. Los sentimiento los ponía en la familia de su casa “La Inglesa” cerca de Madrid. Los sentimientos, en fin, los dirigía a los amigos para hacerles grata la vida mientras con ellos estaba.

Intervención de Yvonne Blake, Sevilla, 9 de marzo 2011

También en la distancia. También por correspondencia, como tuve la dicha de disfrutar después de aquella primera tarde, una tarde cualquiera de primavera sevillana.

Si el Cielo es el lugar reservado para las personas que resuelven cosas con corazón y cabeza, Yvonne Blake, su sonrisa y su mirada clara y observadora nos esperan allí desde el pasado 17 de julio.

Idea fuente: ha fallecido Yvonne Blake.

Música que escucho: There Be Dragons, (soundtrack), Stephen Warbeck (2011)

José Ángel Domínguez Calatayud

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