La mitad de arriba

En un artículo seriamente escrito Margarita PuigEstilo confinado«, La Vanguardia, 26/04/2020) nos explica la tendencia que más se está consolidando en el vestir profesional del confinamiento.

Desde el primer día, allá por mediados de marzo, se impulsó – más bien se empujó – al teletrabajo. El empleado, directivo, ejecutivo gracias a Internet, a las nubes virtuales y a los portátiles podía trabajar en casa y mantener reuniones por video conferencia. También entrevistas.

Con estas técnicas sólo es visible la mitad de arriba del cuerpo. Esto, junto a lo que la autora, y no sólo ella, llama el triunfo del comfort below the waist, acaba por abrirse a la vida un nuevo modo de vestir. Citando a la agencia londinense WSGN confirma que “a medida que las comunicaciones a través de una pantalla se van convirtiendo en la norma, trabajar desde casa no sólo cambiará la forma en que nos vistamos, sino también la forma en que categorizamos nuestra ropa y accesorios de modo que los que se llevan de cintura hacia arriba van a convertirse en un medio importante de autoexpresión y se diseñarán teniendo en cuenta las limitaciones del marco de la pantalla”.

No me alargo, pero queda claro que el bolso y los zapatos pierden peso respecto de collares y camisas. Es el confort lo que impera, pero un confort elegante para arriba y un confort puramente corporal de cintura para abajo. A mí esto me parece que va a triunfar porque es cómodo.

Una pantalla tiene otras exigencias como el color que mejor nos va a nuestro rostro, la luz, el fondo, el encuadre para comunicar mejor según qué interlocutor.

Pero que acabe siendo tendencia triunfadora en el vestir, no nos dice todo. En lo profundo el modo de vestir interpela sobre la personalidad. Una cosa es la comodidad y otra la integridad.

Lo mismo que se habla de unidad de vida en el mundo del comportamiento (que todo en mi vida responda en todo momento con coherencia con una verdad de mi interior), podría hablarse de una unidad de la personalidad. Y,  en caso del vestir, ¿qué pensar de quien tiene un chándal y zapatillas bajo la mesa y una camisa Sir Bonser y americana de Derby ante la pantalla del portátil? ¿Habría que hablar de cinismo, de fake acerca de lo que el sujeto dice de sí mismo?

Estos desdoblamientos ya los hemos escuchado cuando un político justifica su contradicción diciendo que lo hace en función de su cargo o en función del puesto que ocupaba antes de ahora.

Parece en términos de comunicación que, no obstante tendencias, modas y guiños políticos, tiene más recorrido ser siempre uno mismo por arriba y por abajo; en el parlamento y en el supermercado; en la palabra dada ayer y en nuestra conducta de hoy.

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Sólo por el hecho de ser humanos merecemos la verdad con uno mismo y con los demás.

Idea fuente: ser y aparentar la verdad íntegra sobre nosotros

Música que escucho: Colgando en tus manos, Carlos Bauté (2008)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Una Feria interior

A las 12 de la noche del sábado, con la “Prueba del Alumbrao”, tenía que inaugurarse la Feria de Sevilla. Pero un virus malaje que se las da de aristócrata, “corona” se hace llamar, nos ha dejado sin la feria de Los Remedios. Bueno, pues que ahora nada nos asuste, mi alma, y hacemos por nuestra cuenta la prueba del alumbrao de la Feria de nuestro interior.

2020 no es así

Porque es esta una fiesta de la alegría, de encender amores y apagar penas. Suena la rumba, suena la sevillana que con sus cuatro partes sugiere sueños, anhelos y conquistas. Y mientras suenen dentro de nosotros las brisas de abril, no necesitamos farolillos y bombillas.

Somos gente del Sur, gente que ha pasado las penas por el tamiz de la alegría y de “al mal tiempo, buena cara”. Tiene algo de nueva aventura todo esto que nos pasa. Estaba el otro día con un joven que acaba de sufrir una enfermedad muy grave. Y me decía:

.- Esto es muy sencillo: tienes dos formas de pasarlo: o te dices que todo va mal o te lo tomas con espíritu deportivo. Entre la amargura y llevarlo bien yo elegí lo segundo. Total, vas a tener que manejar esto, me dije, así que tu decides: y decidí echarle toda la fuerza de mi ánimo. Porque sino “Algo se muere en el alma/cuando un amigo se va”.

La presencia del coronavirus en las fechas de la Feria, no va a terminar con la alegría, con la amistad y, permítaseme, con las ganas de soñar de estas fechas. ”Sueña la margarita con ser romero”.

Ya hay familias que ha montado su “caseta” en alguna habitación. Y ya suenan sevillanas después de los aplausos de las ocho de la tarde. Eso, pienso yo, no quita respeto por los muertos ni por enfermos  de la pandemia. “A ese lirio peregrino que no lo pisen los bueyes”.

No es sólo que la vida sigue, ni que hay que tirar pa’lante. Es más bien otro modo de combatir a la enfermedad en el dolor que más duele, el anímico. Tenemos corazón y alma que no admiten cirugía, pero sí el coraje, sí la música, sí el valor de un baile por sevillanas y un recuerdo de estremecimiento antiguos. “La historia de una amapola que escapó de entre los pinos”.

Respetamos el confinamiento; ni montamos la caseta, ni nos metemos en bullas de gente festiva, pero sí acunamos la tradición en una sevillana que llora lenta en una revuelta del alma. Es primavera, es tiempo de llevar la alegría en la cara y los sones en los sentidos. Y cantar, contar y compartir para espantar el mal fario. “Al bailar por sevillanas/ se me olvida que he sufrío”.

expresión de una sensibilidad

Sí, quedan por el camino la penas, la sangre de la heridas, las angustias por el futuro, pero crece en nosotros el gozo del reencuentro, una tibia caricia de aire cerca de donde nos vimos una última vez en un fuego, en una noche, en una estrella rociera. “Inmensidades verdes,  los pinos/ y quebrando el silencio, los trinos”.

Idea fuente: ¿Feria? la de dentro para regalar alegría a los demás

Música que escucho: Tiempo detente, Los Romeros de la Puebla (2010)

José Ángel Domínguez Calatayud

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De la verdad: lo que importa

Tras la polémica originada por fuentes gubernamentales acerca de las noticias falsas ( o de noticias contrarias al Ejecutivo, que no es lo mismo, querida Sra. Celaa) se ha acelerado la generación de preguntas y comportamientos de respuestas.

¿Es fiable Whatsapp? Tengo un grupo de amigos que, ante la posibilidad de que el Gobierno les espíe (“monitorice” en el idioma de alguien que amó la justicia como el Sr. Marlaska) llevan días discutiendo si mudar el grupo a Telegram. No sé: ¿quien monitoriza más?

Photo by True Agency on Unsplash

También, y ante este hecho de la monitorización, conozco una señora que sale de casa sin su móvil para ir a casa de su hermana a 1,3 kilómetros para recoger la comida para el marido: le han dicho que nuestros gobernantes andan interesados en vigilar a los ciudadanos y monitorizan sus movimientos superiores al kilómetro. “Estos no van a saber más de mí”. No le he convencido de que ella no les importa tanto y que de ella ya saben lo que les interesa vía declaración de la renta, inscripciones registrales y empadronamiento. Sus otras actividades, aunque fuesen detectables, no interesan más que a su marido, sus hijos y las hermanas con las que se pasa el día con mensajes. Aunque, vaya usted a saber, si le ponen en una lista negra por los memes con chistes sobre la capacidad (es un modo de hablar) del Gobierno para comprar mascarillas antes de que acabe la pandemia y a precios razonables.

Por último tengo un amigo que duda del vicepresidente que pidió perdón por la deficiente comunicación de la desescalada del encierro infantil. No se cree que esa petición sea sincera. “Mas bien – dice – es una escaramuza dialéctica para dejar con las posaderas al aire al más soberbio de la pandilla que gobierna”. Ciertamente el vicepresidente ha sido cogido en renuncio varias veces; como precisamente en esta, pues el mismo decía que un político no pide perdón, sino que dimite.

Sobre este asunto de los bulos y de las noticias falsas, es cosa que da alegría que se hable tanto de ello. Es síntoma de la necesidad de credibilidad.

Cuando se necesita credibilidad lo que se está pidiendo es emisores de confianza. Pero la confianza no se impone, se inspira.

Por eso se debe seguir hablando de los bulos, porque es el modo de llamar la atención sobre el valor ético de la confianza (algo que se inspira). Es un modo de poner el dedo en la llaga de la verdad: se confía en quien con sus palabras y sus actos vive en la verdad.

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Ánimo, pues: en esta hora purulenta de embustes la verdad sale adelante gracias a quienes la dicen, la enseñan, la practican y viven con integridad. Podemos, al menos empezar por buscarla y apoyarla.

Idea fuente: la verdad cobra valor y se expresa su necesidad

Música que escucho: True Love, Deana & Dean Martin (2013)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Escribir en tiempos de encierro

 En realidad el arte es labor de grupo. Un grupo que no está presente, tantas veces. El grupo para el arte está en pasado, pues son aquellos amigos que han escrito, pintado, esculpido o pintado antes que nosotros. O son amigos del futuro que nos retan a llegar a sus orillas. Retaguardias y vanguardias. Las vanguardias hablan a lo que vendrá.

Photo by Helloquence on Unsplash

Nadie escribe sólo. Cervantes, Mugica Laínez, Lope de Vega, Salinas, Unamuno y otros de todos los tiempos te acompañan si escribes en español. De ellos es parte de la obra. Pero también de esas necesidades de expresión que aún no están entre nosotros y que aparecen en cuanto el texto, la oscuridad de lo desconocido les da oportunidad.

También de un presente, sólo nuestro por adopción, son hijos nuestras obras: radio, televisión, juegos, deportes, usos y costumbres del pueblo nos ponen palabras en medio del párrafo. La calle, esa maestra. La familia, esa familia. Todos son con nosotros condueños de esa obra que llamamos nuestra.

Y los seres amados de todos los tiempos. Sí, también ellos parecen a veces tomar las neuronas como teclado donde trenzar enlaces para componer ideas o herir con sentimientos nuevos. O emociones nuevas para revestir nuestra viejas líneas, los renglones que volvemos a compartir con compasión, es decir, con pasión, pathos, herida de sangre amiga.

Ya tenemos todas las palabras y queremos ordenarlas para que signifiquen algo para alguien. ¿Pero si apenas sabemos lo que para nosotros significan?

El artista está en agonía, en lucha con el lenguaje y desorientado, como la declara al Frankfurter Allgemeine Zeitung, (“Künstler in der Isolation”, FAZ 23/04/2020) la escritora alemana Helene Hegemann con ocasión del confinamiento: “Quería evitar eso. Pedí un saco de boxeo y cincuenta libros. Juego al scrabble en línea, como mucho, estoy más triste de lo habitual entre las 5:00 p.m. y las 8:00 p.m., el resto del tiempo es soportable si lo que leo es lo suficientemente interesante”. Así se manifestaba la escritora en la encuesta que el diario alemán ha pasado a algunos artistas sobre cómo llevan el aislamiento.

“El arte es, casi siempre, interacción, trabajo en conjunto, trabajo colaborativo. Pero, ¿qué le sucede al arte cuando los artistas están solos consigo mismos?” dice la entradilla del artículo.

Cada uno responde de sí. Y yo pienso que hay una como obligación de insuflar aire puro a los encierros. Una necesidad de que no nos maten los sueños. Un ansia de llenar de belleza minutos sin color y de pensar ellos, en los que tanto nos acompañaron en los momentos de camaradería.

Tengo un amigo que cada noche envía a su grupo de whatsapp una poesía, un texto para ampliar almas que se empequeñecerían. Me vale eso.

Como me vale también el cuadro del paisaje hecho con la foto sacada este verano. Hacer arte es preguntarte y responder con belleza.

Idea fuente: el artistas en el aislamiento obligado

Música que escucho: Sinfonía Nº 4, II Movimiento (Adagio), Ludwig van Beethoven, Orquesta Filarmónica de Berlín; dirige Wilheim Furtwängler

José Ángel Domínguez Calatayud

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Amistad recuperada

Habían dejado de verse. Se podían contar los años de ausencias. Aún así, ahora les aparecía el vacío con la dimensión de un tiempo incontable. La vida los había llevado por senderos que raramente, y sólo por algún acontecimiento familiar, se cruzaban.

Eran aquellos días agridulces. Agrios y breves como una uva de junio y compartiendo un mismo aire con otras personas, lo que impedía la charla íntima, el desnudar del alma o el desenredo de antiguos malentendidos. Dulces como la uva de septiembre con el azúcar en la mirada del recuerdo compartido, con la textura de lo que fue bello. Inmensamente bello.

Photo by Ivan Stern on Unsplash

Ahora era distinto. En aquella cafetería de Madrid ninguno de los dos sabía de la presencia del otro hasta el instante del aroma. El iba hacia una mesa vacía y pasó junto a la que ocupaba ella sola. He dicho pasó. Pero no pasó se quedó de pie.

.- ¡Vaya!, qué sorpresa – dijo ella como rompiendo la cáscara de huevo que el tiempo de separación construye alrededor de los pasados rotos.

.- ¡Pero grande! – coincidió él con una amplia sonrisa.

Luego en un instante calibró situación, ambiente y límites. Ella estaba sola porque su chaqueta estaba en la otra silla y una única taza de café reposaba en la mesa delante de la mujer. De otro lado, el salón de la cafetería tenía media entrada y una paz bastante afable. Por último, como decía su amigo Juan, Madrid tiene el encanto de tener mucha gente a la que nada le importas: “vive y deja vivir” tendría que haber sido el lema capitalino.

Todo confluía pues a la toma del asiento de enfrente. Cogió la chaqueta y la puso en otra silla que acercó de la mesa más próxima. Tomó asiento. Y se quedó mirándola sin hablar. Ella retuvo esa mirada el rato necesario para guardarla en su memoria.

.- Cuánto tiempo – dijo él.

.- Un buen rato – respondió ella. Luego se maldijo por no estar tan bellamente arreglada como si hubiese sabido que se encontrarían. Él no pareció percatarse de que hubiera algo negativo en ella. Realmente no lo había.

Y pronto, rota la cáscara de aislamiento, fluyó la conversación llena de confianza, llena de recuerdos de regalos, de planes locos y de ternura. Podrían haber estado horas, más horas desentrañando añoranzas.

.- ¿Te acuerdas de aquel candado que cerramos entorno a un barrote de una reja?- propuso ella.

Él se metió la mano en el bolsillo, hurgó y saco el llavero, lo puso sobre la mesa y separó una llave dorada con la letra F. Ella se llevó la mano a la boca con asombrado gesto y dijo.

.- La mía está en casa en Valencia. La próxima vez la llevaré encima.

.- La próxima vez… – musitó él en un tono de cierta melancolía…-

.- Dentro de un mes tengo que volver, si tú puedes… – dejo caer ella.

Él consultó la agenda del móvil.

.- Exactamente dentro de un mes,  el 13 de abril sí que estoy.

.- En este sitio, a esta hora y con la llaves – remató ella, alborozada como un niña.

.- Y nos vamos a «nuestro» candado – concluyó él.

En el Complejo Hospitalario Ruber, de la calle Juan Bravo, un teléfono – el de él – agotaba su batería. Era 12 de abril  y se amontonaban decenas de llamadas perdidas: todas de ella en el imposible intento de hablar con quien desde la UCI no podría responder.

Idea fuente: Vidas de azar

Música que escucho: Lontano dagli Occhi, Sergio Endrigo (1988)

José Ángel Domínguez Calatayud

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