Entusiasmo por España

Tenemos los españoles en este abril – quién sabe si también en mayo – unos minutos diarios de recreo: de ocho de la tarde a ocho y diez.

Es un recreo que además de diario es exterior. Tiene sus partes fijas y sus partes móviles como toda buena liturgia. La parte fija la forman esos aplausos que el vecindario, desde terrazas y ventanas, tributa a los médicos, enfermeras y otros servidores públicos que heroicamente dedican su trabajo a enfermos allá donde más peligro corren de contagio. Merecida manifestación de alegre hermandad.

Aplausos de españoles

Después de los aplausos, como digo parte fija, cada rincón patrio ha prolongado los minutos con otras actividades. No falta el himno nacional (Chunda-Chunda…). Tampoco ha faltado el himno de la pandemia (“Resistiré). Y luego, cosas de cada lugar: gaita, saxofón o música pop. En Sevilla, donde vivo, se escucharon en Semana Santa marchas procesionales, también se olió incienso y sonaban los aires de “Pasan los Campanilleros”. En nada, ya están aquí las sevillanas. (“Sueña la margarita con ser romero”).

Pero además de ese corto recreo local, los españoles tienen ese otro largo de veinticuatro horas recreo virtual llamado redes sociales y apellidado Whatsapp. Ahí no hay restricciones y lo mismo alguien suelta un meme que te caes de la risa que otro arroja una mentira como la copa de un pino. Whastapp es la barra del bar donde cada cual llega y deja caer la guasa o se mete con quien sea, aunque “quien sea” se llame Gobierno de España. Y en esta cervecería virtual hay quien lleva mejor y quien lleva peor las alusiones personales.

Pues Gobierno de España lo lleva fatal, tanto que al decir del General Jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, el Gobierno de España ha puesto al benemérito cuerpo a trabajar “para minimizar el clima contra el Gobierno”.

A los españoles les gustan los recreo pero no que el jefe de estudio ponga a unos para que se chiven de los otros, incumpliendo la primera Regla del Patio. Eso no tiene perdón en el patio.

Luego quieren mesa de reconstrucción. Lo primero a reconstruir es la alegría, el entusiasmo de los españoles, no vigilando sino diciendo la verdad y reconociendo los errores. Si no, crecerán las pedradas en el recreo virtual.

Hoy buscando una cita de Napoleón Bonaparte me he encontrado con otra que nuestros dirigentes podrían tener en cuenta: “Se indignaron con la afrenta y se sublevaron ante nuestra fuerza corriendo a las armas. Los españoles en masa se condujeron como un hombre de honor”.

En el centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós, recordamos un texto de sus Episodios Nacionales: “Bien puede decirse que la estrategia, y la fuerza y la táctica, que son cosas humanas, no pueden ni podrán nunca nada contra el entusiasmo, que es divino».

Photo by Yvette de Wit on Unsplash

Yo que ellos dejaría los desmentidos y me aplicaría a juntar españoles en la alegría de serlo. Recuperar, desde el dolor por los muertos y los enfermos, lo que un taxista me decía esta mañana: “esperanza en la alegría, que esto pasa. ¿Verdad, usted?”

Verdad.

Idea fuente: recuperar esperanza en la alegría

Música que escucho: Rise Up -My Dream  Is to Fly, Yves LaRock (2007)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Felicidad y fascinación

El otro día viendo por televisión el concurso “La ruleta de la suerte” me llamó la atención la frase exultante de la señora que ganó: “hoy es el día más feliz de mi vida”, clamaba alborozada cuando se plantó tras alcanzar la cifra de 8.000 euros. Lo decía en serio “Sí, es el día más feliz de mi vida” repitió con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba visiblemente conmovida.

Desconocemos cuales eran las finanzas de la señora. Y sus necesidades. Desde luego, 8.000 euros no es una cantidad despreciable. Hay jóvenes que no ganan esa cantidad en un año. Pero tampoco convierte a nadie en un potentado económico.

Pocos días después un diario (“Entrevista a Andrés Iniesta: «Da igual el dinero; todos tenemos los mismos miedos«”, El Mundo, 17/04/2020) publicaba unas declaraciones del gran jugador que marcó el gol que dio a España el Campeonato del Mundo de Fútbol en Sudáfrica. Recordando ese y otros momentos el futbolista decía: “Las personas, da igual el dinero, tenemos los mismos sentimientos, los mismos miedos, las mismas alegrías… Y ahí todos estamos cortados por el mismo patrón. Todo lo demás son accesorios. Evidentemente, los que tenemos los privilegios tenemos que saber aprovecharlos, y estar agradecidos por tenerlos, pero el trago que pasé lo pasé como persona, no lo pasé mejor o peor por tener más o menos dinero”.

Son dos modos de responder a la pregunta acerca de dónde está la felicidad. O lo que reconocemos como instante feliz. Porque esa felicidad es un destello luminoso de una verdadera y definitiva felicidad. Muchas veces son sólo momentos fascinantes de nuestra vida.

Hay acontecimientos que consiguen en su atracción no ser sólo del cuerpo o sólo del alma sino de ambos a la vez. Todo el ser sabe en ese momento que lo que pasa supera cualquier previsión, se llena de alegría indescriptible, porque hay algo que le aproxima a la plenitud.

Hay pensamientos que iluminan esa realidad:

Por ejemplo, las pocas veces que caemos en la cuenta de que está en nuestras manos armar momentos fascinantes en la vida de otro. Y luego, al conseguirlo, saboreamos una cucharada de la que será la felicidad final.

También tenemos la posibilidad de valorar los momentos actuales como un privilegio de cara a los momentos que vendrán. Sí, cuando llegue la libertad no tendremos el candor de pensar que todo es así y que lo valioso es gratis.

Si miramos para atrás, a los años pasados, somos capaces con toda seguridad de hacer el catálogo de momentos fascinantes: el día que nos conocimos y quedamos mutuamente fascinados; el día, y hasta la hora, en que nos salvamos de un hecho de graves consecuencias; el nacimiento de un hijo; el descubrimiento de la propia vocación personal; la tarde que se llenó de belleza ante una obra de arte.

Normalmente pueden parecer hechos aislados como un décimo premiado encontrado en el bolsillo del pantalón y que aparece a tiempo de ser cobrado.

Photo by Nick Saxby on Unsplash

Pero muchas veces se juntan expectativas, necesidades del corazón, estremecimientos de la existencia con un reencuentro cuya música es diferente pero que nos estruja el corazón. Es, de otro modo fascinante, historia personal. Existe esa felicidad.

Idea fuente: la expresión “el día más feliz de mi vida”.

Música que escucho: The First Time Ever I Saw Your Face, Leona Lewis (2007)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Para cuando salga

Nadie sabe cuando saldrá nadie. Tiene rostro de distopía este régimen de reclusión. Nadie sabe cuando nada. Al menos los presos con sentencia tienen sus fechas: tanto para el primer permiso de fin de semana; tanto para el tercer grado, tanto para el cumplimiento pleno de la condena y respirar aire exterior. Pero no nosotros, que de nada sabemos cosa alguna, más allá de la cifras del dolor.

Photo by Martin Katler on Unsplash

Si fuera una película al guionista ya le ha dado los datos de ambientación: un vacío gris asfalto lleno de batas verdes, sirenas azules y coches largos y negros y las inevitables, diarias cifras del dolor.

Esta es la realidad vista mirando a lo más exterior y a lo más periférico, porque no sé qué pueda interesar a nuestro guionista de cada interior. Habrá cronistas para todo. Uno mirará los interiores de los tejemanejes políticos para la toma más absoluta del palacio de primavera, por nuestro bien y, sí, provisionalmente como tantas veces. Las tiranías no los son desde el primer día, pero acaban quedándose porque todavía no se acaban las curvas con las cifras del dolor.

Otro guionista puede tener la llave intelectual para entrar en esa casa pequeña donde hacen lo que pueden para llenar el día un matrimonio y sus hijos. Cierta ternura y algún temor por ese abuelo enfermo. Difícil cine sobre el cariño al que padece y las ocurrencias para hacer cada jornada vivible. A las ocho de la tarde aplausos y el himno.

Pero la narración interesante y no menos difícil es la que describiría que estamos haciendo en nosotros y que haremos mientras dura la cuarentena.

Y la pregunta es para cuando termine la cuarentena. También para más adelante, cuando los días se apaguen. La pregunta es ¿qué guardo como recuerdo o como ofrenda para el final?

Un día se abrirá la puerta, ¡ya puedo salir! Entonces y antes del primer paso, me daré media vuelta mirando al armario – o al almario – y responderé a la pregunta que nadie me ha hecho: “Esto será mi recuerdo, esto mi ofrenda,  por haber vivido encerrado todos estos días”.

Claro que cabe presentar la manos vacías, las horas llenas de play station y series de una plataforma. Y los minutos de telediarios con las cifras del dolor.

¿Qué guardo para cuando salga?

Me ha llamado Cira para ver cómo estoy. No le he dicho que ayer hablé con Alejo. Desde que se distanciaron – nunca supe porqué – los dos me han tenido como confidente y cómo ese amigo que no se va con uno o con otra, sino que por pacto tácito con los dos se queda, por que los quiso y porque le quieren.

.- ¿Qué guardas para cuando salgas? – le he soltado después de los saludos.

Photo by Milo Bauman on Unsplash

Se ha  quedado en silencio, se ha reído luego con tono de añoranza y me ha respondido con suavidad.

.- Bien sabes que no es mi primer encierro – se refería a la ruptura -: aquel no pude aprovecharlo. Pero éste estoy juntando recuerdos. He reunido los materiales que aun me quedan. Para los otros me voy haciendo con retazos de historias que me acompañan y los escribo en una agenda. No está todo ahí. Todo está sólo donde quedó.

Idea fuente: Pasan los días y no es impensable guardar un recuerdo de ellos

Música que escucho: Sailing, Rod Stewart (1975)

José Ángel Domínguez Calatayud

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El pan del consejo

Me ha llamado Alejo. Estaba contento. Lleva el encierro con un cierto estoicismo de mirada alta. “Es lo que hay”, me dijo cuando se decretó. Y me orientó sobre algunas medidas prácticas para salir indemne, durase lo que durase. Una de las orientaciones, tomada de una refugiada siria que estuve nueve meses confinada, era que escribiese un diario. Ayuda al corazón, se añade a rutinas razonables y despeja la mente de paranoias.

Hoy hemos hablado bastante rato de conductas, de la difusión de falsas noticias, de la amenaza a la libertad que el sesgo político está dejando patente. Del silencio de los corderos ante actos de los trasquiladores. También salió el tema de los que están combatiendo el virus cuerpo a cuerpo, en la trinchera de una UCI o en el campo de los servicios.

Photo by Priscilla Du Preez on Unsplash

Hemos convenido que el corazón humano, sus buenas o malas disposiciones, no las cambia un decreto. “El que nace lechón, muere cochino”, he llegado a afirmar.

Alejo me ha contado entonces, que buscando el otro día el periódico se encontró con una persona de autoridad moral. Le contaba esta Autoridad moral, que otra persona, en tono grato pero algo quejumbroso, le comentaba que le cuesta de ordinario hacer sus cosas y atender sus gustos, porque se pasa el día con gente que le llama para contar sus cuitas o pedir sin pedirlo un consejo. Es una mujer que podemos llamarla la Consejera.

La Autoridad, después de escucharle un rato y, haciéndose cargo de la carga de la Consejera le dijo: “La gente busca pan donde hay pan”.

Conozco por cosas de familia a la Consejera; persona callada, culta, de mucho sentido común, práctica con virtudes, generosa, pero que no se casa con nadie: “si una cosa no es, pues, no es”, y con amabilidad no exenta de fortaleza suelta al aire su visión aunque eso enfríe la mente fantástica de su interlocutor. Sabe dar argumentos para lo que opina pero no dora la píldora a nadie.

No es esta Consejera alguien que practique el lenguaje políticamente correcto, quizás porque lo que es correcto no tiene por qué ser político. Si a cada día le basta su propio afán, a la verdad le es suficiente con serlo.

Esto ha hecho que a su teléfono o a ella misma por la calle acudan amigos, parientes y conocidos para narrarle lo que les pasa. Vivir en verdad ha hecho de ella alguien admirable por creíble, por eso tenía razón la Autoridad al decirle a la Consejera que la gente busca pan donde hay pan. La gente busca muchas veces otra cosa que la palmadita en la espalda, busca certezas de personas con credibilidad.

Photo by Dawid Zawiła on Unsplash

“Para ver la verdad no hay mejor lumbre/que la lumbre que sube del ocaso”, me recita Alejo de Miguel de Unamuno antes de colgar. Los años dan desengaños, pero también una cierta visión de lo que es veraz.

Idea fuente: la frase “la gente busca pan donde hay pan”.

Música que escucho: I’ll Never Love This Way Again, Dionne Warwick (1979)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Los límites del destino

En los límites nos movemos. Siempre. Fuera de ellos no hay movimientos. O sí. Las restricciones son, en otro sentido, una oportunidad.

En pleno confinamiento crece el comercio “on line”. Se están multiplicando las ventas en línea. Y se quiere llegar a hacer la entrega de la manera más sostenible y, en la medida de lo posible, más a gusto del destinatario.

Así ha nacido un envase para vinos que tiene las dimensiones que caben en el buzón doméstico más común en el Reino Unido. La firma británica Garçon Wine ha creado la primera botella “plana” de vino del mundo. El propósito es el dicho, llegar mejor al destino.

Botella plana Garçon & Wines

«Inventamos una botella plana de vino que cabía en la mayoría de los buzones del Reino Unido y era ligera, fuerte y ecológica», dijo Santiago Navarro, director ejecutivo y cofundador de Garçon Wines. “Hoy tenemos una situación muy diferente, donde el vino buzón tiene una mayor demanda que nunca” («Post modern: letterbox-shaped products come into their own», The Guardian, 16/10/2020).

Ya le han salido imitadores en otros sectores; Bloom & Wild y Flying Flowers envían sus flores en paquetes que caben en el buzón. La marca gourmet envasa sus Harrogate en cajas aptas para echarse en el buzón. Lo mismo la ropa de Smol y otros cuantos productos van por ese camino.

Y es que en sólo cuatro semanas de marzo los envíos on line ha pasado de 200.000 millones libras a 1.2 millones de libras. ¿Será ésta una de las líneas del cambio a la nueva normalidad?

Adaptarse es la consigna. Y es un arte. Lo mismo hace el pintor cuando procura constreñir a los margen del rectángulo del lienzo la belleza imaginada. Y el escultor, en su pelea para extraer toda la expresión del sólo bloque de mármol que le es dado. ¿Y qué decir del escritor?

Las palabras son vehículos y te permiten circular. Pero también te frenan cuando no encuentras cómo expresar el concepto. También te atan la mente cuando tratan con sentimientos para los que, literalmente, no encuentras palabras.

Son momentos de hermosa tensión para dominar los límites del destino. Quizás ahí están las sendas del progreso, el lugar de las preguntas para avanzar, el acicate para hacernos mejores. La anatomía humana – vamos a pensarlo – no tiene las palmas de las manos hacia arriba en actitud de pedir, sino vueltas hacia la tarea: Homo Faber.

También ese deseo arduo de llevar el destino más allá de los límites está presente en el lenguaje del amor. Ahí valen las palabras para un poco. Un poco necesario, pero llega un momento de exaltación, que sólo la mirada habilita para compartir el designio común.

Photo by Clément Falize on Unsplash

No se sabe por qué, pero pasado el tiempo quedan muy pocas palabras en el recuerdo. En cambio, quedan, grabadas a fuego, las miradas que cupieron en el buzón del corazón, planas y ardientes para seguir inventando bienes para el ser amado. La edad se adapta a los límites de un nuevo destino.

Idea fuente: la creatividad de nuevos envases para vinos en Reino Unido

Música que escucho: Ho Amato Tutto, Tosca (2019)

José Ángel Domínguez Calatayud

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