Sobrevivir a las “fake news”: cinco sencillos gestos

I remember way back then when everything was true and when
We would have such a very good time, such a fine time
Such a happy time
(Our House. Crosby, Stills, Nash & Young)

 

En un divertido artículo a base de viñetas aparecido en un renombrado semanario americano recibimos una buena dosis de racionalidad. Se titula “Por qué usted y sus amigos obviamente sobrevivirían a cada película de terror que se haya hecho” (Why You And Your Friends Would Obviously Survive Every Horror Film Ever Made, The Newyorker, 29/09/2108 ).

Su autora, Hilary Fitzgerald Campbell, presenta uno a uno tópicos de películas de miedo y en cada viñeta uno de los personajes amigos expresa lo que haría (o no haría) para sobrevivir en esa particular situación. Siempre se trata de cosas de sentido común que les librarían a ellos, a usted y a mí de las consecuencias aterradoras usuales.

Viñeta 5 de Hilary Fitgerald Campbell en The Newyorker

Me preguntaba si dentro de unos años una Hilary u otro analista con lucidez podría describir con humor el mundo absurdo que se construye hoy sobre la verdad. Contra la verdad, mejor dicho.

La buena noticia es que alguien ya se ha dado cuenta de que la verdad importa. Sólo ella es plenamente creíble. Sólo ella da razón de sí y de nosotros. Sólo ella, con tal de no acobardarse y mirarle de frente.

Si será importante la verdad que asistimos al espectáculo diario, masivo e invasivo de contenedores (medios, redes, chismódromos) llenos de envases (palabras) con apariencia atractiva (verosímiles) queriendo el imposible de convertir en verdad lo que no lo es.

Ese tipo de mensajes mendaces tienen la eficiencia de ser efímeros: no tienen vida larga relevante, porque otra falsedad, la siguiente, borra su notoriedad. Finalmente, nos vemos sumergidos en un mar de noticias que no los son, informaciones que deforman y comunicaciones que nos alejan de la sabiduría.

Alguien en el futuro podrá ridiculizarnos por habernos comido ese pasto tóxico e indicarnos, con humor como la autora citada, qué tendríamos que haber hecho para sobrevivir a las fake news, a la posverdad y a la chapuza contaminante de las mentes contemporáneas.

 

Por si sirve le presto algunos cinco gestos para otras tantas viñetas:

1.- No abrir ni empezar a leer ningún mensaje que comience diciendo algo así: “Bellas palabras del papa Francisco sobre los pobres”. (O de Paulo Coelho, o de Mahatma Ghandi): rara vez él es autor del texto.

2.- Desconfiar del contenido de artículos con un adverbio en el titular (y de los medios que lo toleran abusivamente). Por ejemplo, “Ahora el Partido Conservador da marcha atrás”. O sea que rectifica y ya dice lo que nosotros decíamos.

3.- Por ser trending topic no es necesariamente cierto. Menos aún relevante para su vida. Y eso es porque los trending topic se construyen por repetición de una “idea”. Repetición que se convierte en acumulación. Acumulación que se traduce por mayoría. Mayoría que se interpreta como popular. Y lo popular viene a ser como la verdad democrática. O sea, lo políticamente correcto. O sea, dogma. Si usted cree que algo es verdad porque quinientos millones lo repiten, va a sufrir tarde o temprano. Al menos, una decepción. Ojalá no sea la frustración de quinientos millones de moscas que se aficionaron a las masas fecales.

¿Tendencias?

4.- Si lo dicen con números redondos es que no es verdad. Las cosas de interés acostumbran a tener unidades. Las más delicadas hasta decimales. Matices, tonalidades si lo prefiere. Y siempre un sentido. Y si al número con muchos ceros le añaden un porcentaje es que le están vendiendo un moto averiada. Así se ha manipulado a la opinión pública y a los parlamentos que han aprobado leyes lesivas contra negros, judíos, cristianos, y contra los derechos de la familia. “Uno de cada diez…” ¿Le suena?

5.- ¿Lleva usted más de una semana sin plantearse un “por qué”, mejor un “para qué”, en materia que afecta a su fe, a su dignidad y a la de los suyos, al bien de su patria o la continuidad de la Naturaleza? Pues mire si sus horas diarias frente a una pantalla (Smart, portátil o la que sea) pueden reducirse 15 minutos para leer y, a lo mejor, le surgen interrogantes. Sé que es escandaloso pero, sí: he escrito “leer”.

Idea fuente: cadáveres andantes con eslogan

Música que escucho: Our House, Crosby, Stills, Nash & Young (1982)

José Ángel Domínguez Calatayud

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In memoriam Charles Aznavour

Sólo tenía 94 años. Pero siempre tuvo 94 años, y 50 y la edad de todo adolescente que llora un trozo de vida perdida. Sostenía todas nuestras biografías en sus canciones. Charles Aznavour ha muerto. De origen armenio, había nacido en París cuyas nubes cubrieron las notas de su voz.

Charles Aznavour

Esa voz fue aclamada en todo el mundo y sus canciones acompañaron a una generación que quería cambiar el mundo. Que quería suspirar por la paz y por crecer más valiente.

No sé si eso se consiguió. Él sí obtuvo el premio a querer estar siempre preparado para hacer los días un poco más habitables, para que los armenios – fue nombrado embajador de Armenia en Suiza – abrazaran una existencia más digna. Charles Aznavour no elevaba la voz, levantaba el silencio en poemas que se nos quedaban cantando entre los pliegues primero del alma y luego de los largos recuerdos. Y de los aún más largos olvidos.

Recuerdo a aquel amigo de apenas diecisiete años en el portal de ella, con el frío del cercano parque metido bajo la camisa, esperando que ella bajara para ir a tomar un vino en La Viña. Eran tiempos en que en unos colegios se seguía enseñando francés (en el de la chica) en otros emergía el inglés (en el de él). Anglófonas se imponían las canciones (The Beatles, Rollings Stone, Bee Gees, Simon & Garfunkel). Pero él, pensando en ella, persistía en musitar para sí – nunca cantó bien – canciones de trovadores franceses como Charles Aznavour (también Françoise Hardy, Richard Anthony o Jacques Brel).

¿Qué habrá sido de él? Pero, mejor, ¿qué habría sido de él sin la música llena de poesía de esos cantantes?

 

Playa de Algorta

Le vi una vez por la playa de Algorta sólo y en invierno. Habían pasado veinte años y aún buscaba entre los pocos cantos rodados que la marea acariciaba uno blanco. Ya me había contado cuando éramos dos jóvenes que en la playa tendría que aparecer un día la roca lisa, sin aristas, blanca con un solo signo. Me lo dibujó en la arena mientras tatareaba La bohème y mi memoria aún retiene aquel signo simple y radiante.

.- La que perdí está en un mar de sueños – decía – y de otro mar vendrá lo que mi destino dibuje.

Luego, vueltos a la ciudad, charlamos de las propias vidas y de las canciones que acompasaban los pasos míos, suyos y de todos aquellos que crecimos los años en que la música se estiró hasta la Luna de París.

Pocas canciones con tanto contenido de lo cotidiano hecho poesía. Desde que Que c’est triste Venice a Il te suffisait que je t’aime; desde Hier encore que sonaba cuando perdió a su madre hasta Le Temps que en dos estrofas talla la fugacidad.

Pasamos una buena tarde entre la nostalgia y los sueños. Luego y antes de separarnos me mostró lo que escribía en su Moleskine, todo un libro de poemas entre los mares, los pinos, los robles y un lago extenso quizás de allí donde Charles terminó de embajador. O del lugar donde todo se sumergió.

A ella la he visto menos, pero me consta que sigue buscando – quién no – el lugar donde los aromas se hacen sólidos anhelos, los anhelos silencios y los silencios canciones en francés.

Portada del disco de Aznavour en el Olympia. París 1972

Música que ha sonado viva porque su intérprete nunca se rindió ante el trabajo. Impresiona la juventud nonagenaria de Charles Aznavour: entregó el irrecuperable pentagrama del último respiro recién llegado de un recital en Japón. Ha muerto con las canciones puestas. Así se muere menos.

 

Idea fuente: Recuerdos in memoriam Charles Aznavour

Música que escucho. “Que c’est triste Venice”, Charles Aznavour (1964)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Comunicación de crisis: el caso plagios

En comunicación rige también la escala de mejoramiento o empeoramiento de los hechos por el modo de llevarlos a cabo.

Los efectos en Comunicación de Crisis son más agudos y duraderos.

La escala mide la efectividad de los actos desde lo mejor a lo peor en función del modo de llevarlo a cabo; el modo puede ser bueno o malo. En un extremo esta lo excelso, que es igual al bien cuando está bien hecho. En el otro lo pésimo que es el bien mal hecho. Veamos los cuatro escalones:

 

Excelso: es el bien, bien hecho

Imperfectamente malo: es el mal, mal hecho

Eficazmente perverso: es el mal, bien hecho

Pésimo: es el bien, mal hecho

Del bien y el mal

Casi todo el mundo al que se le pregunta dice que lo peor que existe es el mal cuando se hace bien. Pero normalmente, aunque parezca extraño, lo que más daño produce es hacer cosas buenas pero chapuceramente.

En comunicación y sobre todo en Comunicación de Crisis esto es un axioma.

Analicemos la Crisis de la Tesis del Presidente del Gobierno Pedro Sánchez y cómo se ha gestionado la Comunicación.

Acciones excelsas (el bien, bien hecho)

1.- Lograr que la Universidad Camilo José Cela emitiera un comunicado diciendo que “la tesis de Pedro Sánchez cumple la legislación vigente”(El Mundo, 13/09/2018) es una comunicación diligente, de autoridad y que utiliza la fuerza semántica de la “Ley”.

2.- Conseguir que los medios afines, empezando por la purgada RTVE, apoyaran la postura de Pedro Sánchez “Sánchez publica su tesis en internet tras superar el examen de dos programas antiplagio”, (RTVE 14/09/2018).

3.- Acto convocado bajo el lema “Avanzamos”, organizado para hacer reivindicar los 100 días de Gobierno socialista. Al acto han acudido 300 representantes de sectores económicos, culturales o periodísticos. (El Español 17/09/2018). El modelo de cortina de humo funciona sobre todo cuando hay una gran titular. Aquí fue el de la reforma de la Constitución para eliminar aforamientos.

4.- Irse de viaje a Norteamérica. Nada mejor para no hacer declaraciones en la propia casa que irse a otra, cuanto más lejana mejor y si es con “glamour” (Quebec, Nueva York, la ONU, Los Ángeles), miel sobre hojuelas.

Sede de la ONU

Imperfectamente malo (el mal, mal hecho)

1.- Decir el 12/09/2018 en réplica parlamentaria a A. Rivera que su trabajo estaba “colgado” en la Base de Tesis Doctorales (TESEO). Sin embargo, Teseo sólo recoge la ficha de la tesis, pero no el documento con la misma. En ese momento no se podía leer más que en papel un único ejemplar en la propia biblioteca de la Universidad. (Público.es 12/09/2018). Tuvo que dar órdenes posteriores para que se publicara digitalmente.

2.- Amenazar al líder de Ciudadanos, que acababa de sembrar dudas sobre su tesis en sede parlamentaria: “Os vais a enterar”. El vídeo de la sesión no deja oír esa expresión, pero si se ve al presidente con gesto retador y duro. No le hace bien. No le hizo bien, cuando justo al día siguiente se publicó en ABC el reportaje con los plagios. Seguramente A. Rivera ya sabía algo.

3.- No poner coto a las ministras y otros personajes en declaraciones que pretendían defenderle pero que eran insustanciales o inoportunas. Desde la vicepresidenta hasta Adriana Lastra, vicesecretaria del PSOE: “300 palabras o 500 palabras que no llevan comillas es un plagio”? ¡Anda, por favor!”” (20 Minutos 20/09/2019).

4.- Amenazar a la prensa que desvelo los plagios: ABC y El Mundo. Doblemente es un mal muy mal hecho. En Comunicación de Crisis disparar al mensajero sólo da mayor eco al mensaje. Y, luego, como principio de los caballeros y la espada, “ni la saques sin razón, ni la envaines si honor”. No habrá querella. Y si hay demanda civil en defensa del honor puede comerse un sapo cuando salga la sentencia y varios renacuajos en forma de páginas y páginas de periódicos mientras se sustancia el proceso. Yo nunca le habría aconsejado la amenaza. Lo haces si hay motivos o no lo haces pero, mientras, ese argumento, artillería gruesa, está mejor en retaguardia.

Libertad de Prensa

Eficazmente perverso (el mal, bien hecho)

1.- No decir nada de lo que ocultaba el libro que publicó con el material de la tesis. Esta vez sin embargo la eficacia fue de corta duración y de un efecto estúpido pues el que se volvió hacia él fue un aliado: el periódico El País que descubrió esta nueva trampa, calificada como “error” por el afectado. Mucho error todo un párrafo extenso en cuyo copia y pega no se tuvo ni la mínima prudencia para detectar que se estaba fusilando hasta un errata: “ente” por “entre”.

2.- Concitar el silencio de los corderos. Es siempre una maldad bien perfecta el conseguir que quienes conocen nuestras maniobras perversas no las divulguen. Unos tienen mucho que perder. Otros algo por ganar.

3.- El propio silencio del afectado. Meter la venganza en la nevera. Mascullar a solas los agravios y que ningún extraño conozca que va a hacer algo malo es una maldad bien hecha. En unos días, por ejemplo se volverán contra Pablo Casado para que publique su Trabajo Final de Master. En el caso del presidente, sin embargo, nuevas revelaciones acabarían por apuntillarlo.

4.- Mantener su alianza con los partidos que le apoyaron para que fuera presidente de Gobierno. Salvo Pablo Iglesias que calificó de “cutre” la tesis, los demás no han entrado a desgastar al presidente. Cierto: sacarán tajada, pero no lo despellejan a él y en sus respectivos ámbitos no se trata el tema.

El silencio estratégico

Pésimo (el bien mal hecho)

1.- Someter la tesis doctoral al análisis de programas antiplagio. La idea es buena cuando funciona. Si ya tienes el sello de “legalidad vigente” de la Universidad que otorgó el doctorado, desmontar por falsarias las acusaciones mediante un instrumento exterior y objetivo te indulta de toda responsabilidad de plagio. Lo malo ha sido que se hizo tan chapuceramente que el propietario del test antiplagio PlagScan ha denunciado que se pusieron filtros para que el análisis dijera que sólo se había plagiado un insignificante 0,96 % cuando era del 21%, y esto atendiendo a plagio directo y no los de paráfrasis y otros atajos.

2.- Responder a preguntas sobre el asunto en rueda de prensa en Salzburgo. Está bien dar la cara. Pero para que fuera un bien bien hecho le faltaron todos los elementos esenciales de la comunicación. Lo hizo tarde, arrastras y en el extranjero. No inspiró confianza. No fue empático. No fue relevante. De hecho lo hizo con gesto duro, adusto y contestó con monosílabos a las preguntas sobre los plagios. Nunca deshizo las sospechas ni argumentó convincentemente.

3.- Publicar digitalmente la tesis. Eso es bueno porque en las crisis hay que facilitar la información. Pero lo hizo mal, nuevamente tarde, arrastrado, después de engañar diciendo que ya estaba publicada.

4.- El peor bien mal hecho es su ambición. La ambición de ser presidente de Gobierno es en sí buena y hasta honorable. Luchó con bravura para ser Secretario General de su partido del que había sido defenestrado. El tema de la tesis, sin embargo ha roto su humildad y con ella el respeto por esa ambición. Todo hubiese sido diferente dando pronto buenas explicaciones, reconociendo los puntos débiles, pidiendo disculpas y desvelando todo: lo malo y lo bueno, que lo hay.

Palacio de la Moncloa

Idea fuente: Comunicación de Crisis y el bien bien hecho

Música que escucho: Se piangi, se Ridi, Bobby Solo (1965)

José Ángel Domínguez Calatayud

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¿A dónde vamos?: Historia e Identidad

Honesty is hardly ever heard
And mostly what I need from you
(Honesty, Billy Joel)

 

Comienzo interrogando cómo hizo Francis Fukuyama en su célebre artículo (¿El fin de la Historia?) que en 1989 puso en pie a la universal asamblea de los pensadores.

Fin de la Guerra Fría; cae el Muro de Berlín

Se caía el bloque soviético y el ensayista predecía que, acabada la Guerra Fría, el mundo abrazaría el modelo democrático liberal y acabaría con los conflictos ideológicos: todos seríamos pacíficas reproducciones de los Estados Unidos de América.

Se extendería por el orbe (en el orbe que él tenia en la cabeza no cabían los pequeños países) una simple conjunción armoniosa de tres dinámicas (Disponer de una economía de libre mercado /Poseer un gobierno representativo/Mantener los derechos jurídicos). La paz del consumismo. La Paz de votar cada cuatro años y dejar hacer. La paz jurídica de sólo derecho positivo: laboratorio sin una referencia a un modelo superior inmutable.

Y casi pasó. Pero sólo casi.

Porque, ahora lo vemos más claro, la Caída del Muro de Berlín no supuso el último capítulo de la Historia.

El propio Francis Fukuyama, leo en The Newyorker, acaba de publicar otro libro (“Identity: The Demand for Dignity and the Politics of Resentment” Farrar, Straus & Giroux)) del que se hace eco Louis Menand, crítico y ensayista, premio Pulitzer de Historia 2002 en un importante artículo: “Francis Fukuyama Postpones The End of History“.

 

 

Portada de “Identity”

La tesis de Identity es un reflejo de El Fin de la Historia, pero en Identity, Fukuyama se extiende – y extiende a casi toda la historia – el concepto de Thymos, que toma de Platón.

Thymos aquí es “un aspecto universal de la naturaleza humana que siempre ha existido”: el deseo de reconocimiento. La Historia para Fukuyama es la aplicación a los fenómenos del deseo que todos tenemos de ser reconocidos.

La crítica de Menand es implacable:

“La demanda de reconocimiento, dice Fukuyama, es el “concepto maestro” que explica todas las insatisfacciones contemporáneas con el orden liberal global: Vladimir Putin, Osama bin Laden, Xi Jinping, Black Lives Matter, #MeToo, matrimonio gay, Isis, Brexit, nacionalismos europeos resurgentes, movimientos políticos contra la inmigración, políticas de identidad del campus y la elección de Donald Trump. También explica la Reforma Protestante, la Revolución Francesa, la Revolución Rusa, el Comunismo Chino, el movimiento por los derechos civiles, el movimiento de mujeres, el multiculturalismo y el pensamiento de Lutero, Rousseau, Kant, Nietzsche, Freud y Simone de Beauvoir. Ah, y todo el negocio comienza con la República de Platón. Fukuyama cubre todo esto en menos de doscientas páginas. ¿Cómo lo hace? Mal”.

Probablemente hay algo de cierto, bastante, en la importancia que personas y grupos atribuimos a nuestra identidad y a ser reconocidos. Ese algo no ha sido percibido oportunamente por partidos y fuerzas políticas.

Manifestación de Black Lives Matter (Londres, 10/07/2016)

Pero,  podría haberlo hecho mejor acudiendo a la seguridad de que la Historia no es lineal, que no existen mecanicismos cuando el Hombre (masculino y femenino) entra en la cancha de la Historia con su libertad.

Claro que para eso hay que estar convencido de que es la libertad la que va construyendo la realidad. Y la realidad es la verdad. En el caso del Hombre va unida a la responsabilidad. Incluso cuando quiere evadirse de ella. Porque la Naturaleza abomina de las evasiones. También de esa evasión que ignora la Naturaleza del Hombre.

Idea fuente: el fin de la Historia, la necesidad de reconocimiento y la Naturaleza

Música que escucho: Honesty, Billy Joe (1978)

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Aquellos eran mis pies

Starry, starry night
Paint your palette blue and gray
Look out on a summer’s day
With eyes that know the darkness in my soul
(Vincent, Don McLean)

 

Eran las doce de mediodía de aquella mañana calurosa de agosto. Había terminado mis dos cafés en el velador, bajo la sombra que daba el edificio de viviendas de allí mismo. Sólo un par de mesas más estaban ocupadas. Apenas se oían sus conversaciones. Al menos yo, centrado en la lectura de artículos de fondo, no escuchaba nada. Acaso el algún piar retrasado y quejumbroso de un negro milano. Pasaba las páginas. Me detenía en un párrafo. Subrayaba un frase inspiradora.

Pocas cosas más satisfactorias en una mañana de un domingo que tener entre las manos prensa de papel – sí, de papel – y poder entretener voluntad, inteligencia y lápiz en algún texto. Memoria me va quedando menos.

Según avanzan de la mano mediocridad y prensa digital, cada vez echo más en falta firmas con ideas de fondo que con prosa culta sugieran, empujen, animen, ilustren y hagan crecer desde las páginas del periódico los espíritus de los lectores y las luces de la sociedad.

Pero este domingo me sumergí en algunos artículos de interés que explicaban la actualidad más allá de chismorreo y la vacuidad inane de las declaraciones políticas sin esperanza. Me detuve, por ejemplo, en dos ideas de Vincent van Gogh. La primera: “cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche y pinto las estrellas”. Y otra más : “es bueno amar tanto como se pueda, porque ahí radica la verdadera fuerza, y el que mucho ama realiza grandes cosas”.

Autorretrato” de Vincent can Gogh (1889)

Estaba bien. Me sentía fantástico sin más urgencia que comprender y asimilar sin prisa lo que leía. ¡Se dicen tantas tonterías!

Pero de pronto todo se interrumpió fuera y dentro de mí. Un sonido desafinado de flauta se hizo espacio en el espacio pisoteando el tiempo y la armonía. Yo seguí leyendo sin levantar la cabeza. Una voz quejumbrosa se dirigió a los que ocupaban una mesa no lejos de la mía.

.- Señores, una ayudita, que no tengo para comer y tengo una hija enferma.

Hubo un corto silencio. Yo no veía al grupo ni al mísero que limosneaba. Tampoco supe si le dieron la ayuda suplicada. Pienso que no porque el mendigo insistió.

.- Una ayuda y toco lo que quieran…

Enseguida se llevó la horrible flauta a los labios. El aire se quebraba herido por notas musicales. El hombre destrozaba temas de amor y de nostalgia.

Por mi parte, metí más la cabeza en la lectura y seguía con el lápiz las palabras. Pero él se apostó en el árbol que yo tenía a un escaso metro tocando y tocando aquel horrísono instrumento.

Imposible concentrarme. Me tapé los oídos con los dedos sin levantar la cabeza siquiera, con el único deseo de que aquello acabase. Me dije a mí mismo que no le daría un céntimo. “Lo que faltaba – pensé – es que le diese dinero. Sí, vamos: para que repitiese aquella tortura de sonidos”.

Al final el repertorio no fue largo. El hombre de la flauta musitó algún ruego que no atendí y se marchó.

Sólo había visto de él una sucias botas de indefinido color y unos calcetines que en origen debieron ser blancos. Era pobre, necesitado y muy solo. Como tantos que en estos días andan por las calles, paran a la puerta de las iglesias o se acercan a las terrazas pidiendo a los que no hemos huido al refresco de las piscinas o a la playa.

Les souliers“, Vincent van Gogh (1886)

Ya ido, dejé de leer claramente perturbado por aquella falta de caridad tan estúpida como malvada. Recogí las prensa y la barra de pan – sí, de pan – y caminé hacia casa. Al milano tampoco le hice caso cuando repitió no se qué. La verdad es que desde esa escena de pobre y flauta el día perdió sentido e interés.

Hasta hace un rato. Sólo hace unos minutos, como una punzada de dolor en el alma, he escuchado sin posibilidad de error este mensaje dentro de mí: “él era Yo. Aquellos eran Mis pies”.

Idea fuente: quién es Yo

Música que escucho: Vincent, Don McLean (1971)

José Ángel Domínguez Calatayud

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