Rojo y amarillo

Me ha sorprendido la fuerza del himno nacional español cantado por Marta Sánchez. Sorprendido y emocionado. Porque como ella ha declarado que lo que cantó ella es una carta de amor.

En el Teatro de la Zarzuela una mujer. En Madrid, una mujer de nuevo. Española de nuevo. Con garra y con desgarro. Sin complejos y con sencillez. Con pasión – ¡cómo si no! – ha puesto letra y entonado el iletrado himno de la más vieja nación de Europa.

A diferencia de otros himnos marciales que ponen acento en lo épico (cañones, bayonetas, marchemos, batallas y victorias), el de Marta es lírico hasta la lágrima (nostalgia, sensibilidad y añoranza). Es una balada de sangre y rabia.

Ella describe el nacimiento de la letra como un golpe de dolor por la lejanía mientras residía temporalmente en Miami. Hay distancia por el tiempo. Hay distancia por el espacio. Pero la peor distancia es el desamor y la indiferencia. Nada está más lejos que lo que huyó del pensamiento. Nadie más abandonado que aquel que perdió su amor. Dime qué es soledad. Pero nunca están lejos las cosas que se saben amar.

España es épica. Una épica llena de poetas. Y España ha estado muy abandonada por sus propios hijos. Ni pensar quiero en quienes no la tienen como madre, en quienes aprovechados de su historia, de sus bienes y presupuestos, de sus grandezas – sí también, pacientes de su carencias – la rajan con la navaja de un odio parricida.

Vuelvo a Marta, porque volver quiero a abrazar lo que nos une y lo que nos hace a todos más cercanos. “Vuelvo a casa, a mi amada tierra la que vio nacer mi corazón aquí”. Retorno a ella, porque admiro el coraje cuando desde una sencillez suprema abre el alma a un sentimiento que muchos han experimentado.

Porque efectivamente son muchos los españoles que por nuestro odio se fueron y desearon volver. Son decenas los que, como Marta, por sus profesiones de artistas deportistas o académicos pasan largas temporadas lejos de estas costas y montañas. Y, hoy, expulsados por una crisis que no provocaron, son millares quienes trabajan, forman familia y viven tan lejos de su patria. Dios mío, que suerte si regresaran vivos y con futuro.

Marta Sánchez

Y ¿los que estamos en la Península, en Canarias, en Baleares, en Ceuta y Melilla? Pues el que quiera sumar, unir, crecer con sus paisanos, puede hacer suya la inspiración de Martísima  y cantar “llevaré ese honor, llenar cada rincón con tus rayos de sol. Y si algún día no puedo volver, guárdame un sitio para descansar al fin”.

 

Idea fuente: abrazar juntos una nación en un himno

Música que escucho: “Himno Nacional de España”, Marta Sánchez (2018)

José Ángel Domínguez Calatayud

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El nudo sano

Después escribir el otro día de las calorías vacías –patología epidémica de la comunicación – quería escribir hoy el nudo sano. El término no es mío. Lo escuché por primera vez la semana pasada en una conferencia.

Fue durante la intervención del profesor Mariano Hernández Barahona, psicólogo. La suya fue la exposición de apertura de un ciclo denominado con el sugerente título “La felicidad posible” que se desarrolla hasta junio con una charla mensual en un centro de Sevilla.

Sé poco de psicología y menos de nudos. Conozco el nudo corredizo, los nudos en la garganta y el nudo ciego, llamado así por su dificultad de desatar. Su expresión más conocida y extrema fue el nudo gordiano, aquel que Alejandro Magno no deshizo, sino que partió en Frigia con un poderoso golpe de espada.

Alejandro, de un golpe seco de espada, parte el nudo gordiano

Los nudos significan fortaleza y debilidad, los saben los escaladores y los marinos. Malo si se desata demasiado fácil. Peor a veces si no se desata jamás. También lo saben las parejas cuando la vida con sus vueltas y revueltas acaba haciendo un nudo de silencio que ahoga la respiración del amor hasta asfixiar la felicidad.

La felicidad depende de la comunicación. Si es verdadera no debe anudar imposibles, sino desnudar el bien y la belleza interior. La alegría. Y aquí entra “nuestro” nudo sano.

La idea que tomo, no sé si con acierto, del profesor Hernández Barahona es que en toda persona hay un núcleo que forma y mantiene el centro de energías para el bien. Hay en cada una, en cada uno un lugar interior no contaminado. Una zona verde. Una zona blanca, mejor. De ahí irradia luz, verdad, calor humano y resortes para comunicarse. Entenderse y hacerse entender. Comunicar es comprender.

Mientras haya persona

Por grande que hayan sido el mal, la mentira y la fealdad de una persona encontraremos un motor limpio donde se aprietan ocultos, rebeldes, los sentimientos y la honda capacidad para lo más maravilloso. La otra idea es que él, o ella, es quien lo crea, y quien puede buscar y desatar ese nudo sano para que despliegue su eficacia.

Otro modo de ver el nudo sano es acudir a la Selvicultura y a la técnica de la madera, donde nudo sano es el que “no presenta rasgos de pudrición”.

En la madera, una vez extraída del árbol, hay partes fibrosas, que han estado afectadas por otra madera circundante, por ejemplo el nacimiento de una rama. Ahí se producen alteraciones en su composición, en su lisura y en su resistencia a la putrefacción. La madera de nudo sano no presenta fallos, conserva la integridad.

nudo sano en la madera

De todo tronco puede sacarse un tablón de nudo sano. Lo mismo en el hombre, en la mujer: desde su nudo sano están capacitados para dar – para darse, diría – lo mejor de sí. Sin nudo sano no hay comunicación, aunque se oigan palabras, aunque – y es difícil – se miren a la cara.

La comunicación personal – también la comunicación estratégica de empresa – han de buscar ese nudo sano para evitar, digámoslo así, la extensión de la falsedad, las fake news internas y la comedia que al final acabaría en tragicomedia. O al menos, en una penosa pérdida de tiempo.

Escucha activa

 

¿Cómo llegar al nudo sano? Con la amistad, con la escucha activa, con el conocimiento de lo circundante que afecta al interior. Y con paciencia. Vamos, poniendo uno mismo en activo las más sublimes capacidades del propio nudo interno.

 

Idea fuente: en el interior de él y de ella hay un nudo sano que se abre al comunicar.

Música que escucho: Tell Him, Vonda Shepard (1998)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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Calorías vacías en la Comunicación

Estaba con un grupo de matrimonios charlando durante un cóctel después de una entrega de premios. La conversación surgía espontánea, alegre y divertida.

No recuerdo a propósito de qué, quizás de algo que servían en ese momento, la mujer de uno de ellos que es farmacéutico dijo que aquello sólo aportaba calorías vacías. Reconozco que no estaba familiarizado con el término.

Pero la expresión me resultó atractiva. Luego he sabido que las calorías vacías las proporcionan los “alimentos que contienen una elevada densidad energética pero mala calidad nutricional. En este caso, hablamos de alimentos hipercalóricos, los cuales no aportan más que energía en forma de azúcar o grasa, normalmente saturada”.

“A estas calorías se les llama ‘vacías’ porque no van acompañadas de más nutrientes importantes”. Están en el origen de la obesidad y de algunas enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer. “La inclusión excesiva de grasas en la dieta, sobre todo saturadas, es otra forma de que se aumente el aporte de calorías vacías”.

¿No hay algo de esto en nuestra comunicación? No en toda. Pero hay una parte que padece obesidad mórbida a base de mensajes con cero nutrientes. Vemos redes, medios y tertulias de dieta notablemente desequilibradas.

La buena noticia es que la palabra, la imagen, el sonido y las artes, junto a la meditación pueden aportar nutrientes culturales y espirituales.

¿Qué es nutrir? “Aumentar la sustancia del cuerpo animal o vegetal por medio del alimento”. Pero el DRAE añade una segunda acepción a la anterior: “Aumentar o dar nuevas fuerzas en cualquier línea, especialmente en lo moral”.

Por medio de la comunicación nuestro cerebro recibe impactos que metaboliza para comprender el mundo y para comprendernos a nosotros mismos.

Hay libros, artículos, conversaciones y películas en las que podemos concluir satisfechos que alimentan nuestra mente, o la de quienes nos acompañan: cuando terminamos con ellos tenemos más sustancia.

Sé tú

Pero también, parándonos un poco, distinguimos mensajes, discursos y exhibiciones que, aunque engorden nuestros sentimientos, parezcan enriquecer nuestro vocabulario o “actualizar” el pensamiento, en realidad dejan un rastro de vacío. O el vacío mismo.

Observo ese efecto de calorías vacías en:

  • no pocas tonterías repetidas por grupos de Whatsapp
  • casi todos los mensajes que, llegando a ser trend topic en Twitter, han engordado porque vuelcan toneladas de odio tóxico contra personas e instituciones valiosas
  • las etiquetas de las doctrinas oficiales de lo políticamente correcto y su gestión autorreferencial.
  • el magreo de los sentimientos para extender la indignación, vulgo populismo.

Una dieta para la inteligencia y para la moral tendría que apartarse de esos brebajes tóxicos pseudoculturales y cultivar una dimensión superior de la comunicación. El supermercado de lo saludable para el espíritu ofrece variedad y cantidad de alimentos asequibles a los diferentes niveles de formación.

Libros ricos en ideas y pensamientos

No tiene por qué ser un libro de poesía, aunque también. Con libertad y un poco de dedicación es posible encontrar perfiles de Twitter, firmas de prensa, novelas, series y películas que aportan nutrientes al alma y buen ánimo para seguir el camino.

Sí, es posible y parece aconsejable.

 

Idea fuente: detectando calorías vacías en la comunicación

Música que escucho: “I’ve Gotta a Message to You”, Bee Gees (1968)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Digital y Humano

Let’s say that the sun might show up here tomorrow
and we could go back to that place
let’s say that the sun might show up here tomorow
and we will find the love we misplace
(Better Off Now, Trent Dabbs)

 

Si es usted cliente de El Corte Inglés, habrá sido amablemente requerido en sus últimas compras a participar en la nueva iniciativa de esta cadena de grandes almacenes. Con la más dulce de las voces, la persona que le vendió el perfume o el jersey le habrá pedido que calificara la atención recibida. Sólo tendría que pulsar uno de los botones que hay junto a la caja y que van desde el verde oscuro con cara sonriente al rojo intenso con cara de ceño fruncido. De la máxima satisfacción a la más indignada frustración.

¿Contento o no?

La idea parece nacida – y a lo mejor fue así – de profesora de guardería para indicar lo bien o mal que han trabajado sus pupilos.

Ahora es ya un fiebre en empresas de servicio al público en América y Europa. Aeropuertos, hoteles, restaurantes, cafeterías, gasolineras y hasta los 49th de San Francisco, equipo de futbol americano, han instalado estas encuestas de respuesta simple y de análisis rápido sobre la satisfacción de los clientes.

El desarrollador de la idea para los negocios es un finlandés – Heikki Väänänen – que ya de niño sufrió una decepción en un comercio y no pudo dar la queja a nadie. Cuando estaba en segundo de carrera recordó aquel malestar y asociado con otro compañero comenzó a trabajar sobre los programas para dar resultados rápidos de análisis a masivas expresiones de satisfacción o insatisfacción.

Ahí nació en 2009 HappyorNot. Tienen más 4000 organizaciones clientes en 117 países. Sus terminales – lleva instaladas miles y miles – hacen furor y su soft es objeto de seguimiento. Nos los cuenta en The New Yorker el escritor y colaborador David Owen en un entretenido artículo (Customer Satisfaction at the Push of a  Button, The New Yorker, 05/02/2108 ), y que subtitula “Las terminales HappyOrNot parecen simples, pero la información que recopilan es reveladora”.

Cuatro botones y un destino

Así es: es reveladora en un doble sentido, en el de los propios datos, y en hacia dónde va una parte de la Sociedad Digital.

Sobre las consecuencias inmediatas de los propios datos el artículo da algunos datos divertidos, otros enigmáticos y algunos que subrayan la siempre contradictoria condición humana.

Acerca del sentido de la Sociedad Digital cabe proponer que todos los protagonistas – gobiernos, empresas, asociaciones de usuarios, universidades y colegios – dediquen unas jornadas de reflexión para sentar bases sobre lo que se debería hacer para que las personas crezcan armoniosamente en la dimensión individual y en la dimensión social en un mundo casi desconocido. ¿A dónde vamos? y, sobre todo, ¿a dónde no queremos ir? serían dos preguntas suficientes, a mi parece, para centrar el debate.

Tuve el placer de escuchar a Julio Linares López en la sesión inaugural del ciclo la “Agenda Digital para la Alta Dirección”, organizada por el Instituto Internacional San Telmo (Sevilla).

Julio Linares López – actualmente presidente de la Comisión de la Sociedad Digital de la CEOE – expuso realidades, tendencias y retos que ya están con nosotros, lo hizo bajo el título “Líneas estratégicas para la transformación digital de las empresas desde la óptica de la alta dirección”. He dicho que tuve el placer, y es cierto. Como lo es que me vi invadido de perplejidades y aún enrostrado por interpelaciones de rasgos humanistas.

Por ejemplo cuando expuso estos cuatro “principios básicos” de la Sociedad Digital:

  • Todo lo que se pueda digitalizar, se digitalizará
  • Todo lo que se pueda automatizar, se automatizará
  • Todo lo que se pueda conectar, se conectará
  • Todo lo que de pueda analizar, se analizará.

Posición digital de España

O, cuando expuso con diapositiva de apoyo que Europa (“todavía”) está en el podio de la digitalización; eso sí, en el tercer puesto, tras la plata de China y el oro de EEUU. O más interpelado cuando quedó fijado que, dentro de esa pobre posición europea, en términos digitales España estaba en la posición 14ª de Europa y la 35ª del Mundo.

Claro que cuando termina el ilustre conferenciante sentenciando que “El Futuro o será Digital o no será”, la interpelación es a lo profundo del hombre. Y yo pensando hasta ese momento que el Futuro será Humanista o no será.

La digitalización condiciona hasta el modo de las relaciones personales. Sin embargo tengo para mí que a El Corte Inglés, al de siempre, le bastaba para dar un trato profesional a los clientes la buena Selección, la buena Formación y, significativamente, el Ejemplo de sus directivos.

Sin embargo el artículo de The New Yorker aporta ejemplos de conocimiento de datos exteriores de empleados y sus análisis sobre comportamientos visibles que pueden mejorar las conductas. Y también despedir más rápido, todo hay que decirlo.

una mirada de comprensión

Soy partidario de fidelizar clientes. Pero más todavía de fidelizar empleados. Y antes que todo eso, empezando por la Alta Dirección, de difundir la convicción y a práctica de que el trabajo es una ocasión permanente para hacer mejores a los clientes, a los empleados, a la alta dirección y a todos los que entramos en contacto con las empresas.

Pedro Almodóvar hizo esa película, Óscar al Mejor Guión Original, “Hable con ella”. Pues eso: además de ver casi en tiempo real lo de HappyorNot, hable con ella, hable con él. Escúchele, apóyele, corríjale y vuelva a escuchar. Un mirada puede llegar a ponerle de manifiesto más que diez gráficos. Si sabe analizar miradas.

Idea fuente: El Futuro será del Humanismo o no será.

Música que escucho: Better off Now, Trent Dabbs, de su Album Future Like Snow (2012)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Lo que dice de ti el uso que haces del móvil

Send your dreams
Where nobody hides
Give your tears
To the tide
(Wait, M83)

 

1.- No tienes móvil. Por eso no te dice nada. No has cumplido los 7 años o superas los 90. O eres Ramón, mi amigo abogado: “si tienen que encontrarme, saben dónde”, declara.

2.- Lo tienes encima de la mesa mientras comes con tu pareja. Si ella – o él – es ocasional eres un maleducado: si es tu futura (o futuro), se trata de un futuro imperfecto: puedes apostar a que cortáis antes de que salga a la venta el próximo terminal. Ah!, y sigues siendo un maleducado. Si es tu cónyuge coge el teléfono, marca su número y cuando lo descuelgue frente a ti os reís de vosotros mismos por lo muy tontos que sois los dos.

mesa, compañía y smartphone

3.- Te quedas sin batería desde la 5 de la tarde o antes. Eres un bobo abusón, eso me dice de ti el móvil. MeToo. Lo has manoseado desde que te hizo de despertador esta mañana y ahora te dice “´déjame cargando y coge El Principito”. (Nota para ti: El Principito no es un jugador del Atleti; tampoco el último modelo de Samsung. Lo escribió Saint-Exupéry, no llega a las 100 páginas y su lectura te reseteará; recomiendo el capítulo XXIII sobre el “mercader de píldoras especiales que aplacan la sed”).

4.- Sólo lo usas parar recibir llamadas y lo has convertido en fijo. Eres mujer; has cumplido los 50; probablemente ama de casa y tienes una o dos hermanas que te llaman a diario. Racionalista y organizadora de tu tiempo: muy lista. Tu móvil siempre está en silencio, en el bolsillo del abrigo, en la mesa de la cocina o, peor, en el cajón de la verdura de la nevera. No te interesa el móvil. Ya escuchas demasiado; ya oyes muchas cosas. Ahora hablas contigo misma riéndote a carcajadas con Carlos Herrera.

5.- Lo enciendes y lo miras cada 45 segundos. No hablas con Dios desde hace años. Contigo lo hiciste una vez en el último mes: y es que, realmente ya sabes lo poco que hay que sobre ti: dentro sólo tienes los reutits y videos vistos esta semana; no te acuerdas del título de un solo libro leído en los últimos meses. Estás muy ocupado pulsando teclas mientras pagas a plazos tu soledad. Piensa: hay conversación personal gratis que genera compañía.

6.- Abres todo vídeo que te llega vía Twitter o Whatsapp. Los hay graciosos, muchos; guarros, algunos; inteligentes, los menos; en cualquier caso metido que estás en varios grupos de chat, no te permites mirar los ojos de alguien y debatir con ideas. “Al no tener ideas que intercambiar, los hombres intercambian naipes buscando arrebatarse los florines” escribió Arthur Schopenhauer. Hoy ni naipes, les bastan videos que no valen un florín.

Nomofobia

7.- Padeces ataques de angustia por un riesgo de quedarte sin batería o sin conexión durante lo que resta del día: eso se llama nomofobia. Tiene tratamiento. Mientras, aprieta fuerte la mano que amas, la mano que no va a soltarte: la batería que importa es la que da motivo a tu vida.

8.- Subes con él a Instagram fotos de tu paella, de tus pies, de tu T-Shirt. Pues que bonito, pero, ¿de verdad que no te aburres de ti? Anda, toma este es otro libro: “Primero lo Primero”; Capítulo 3, “Vivir, Amar, aprender, dejar un legado” y te copio “Hacer muchas cosas más rápido no reemplaza a actuar correctamente”. ¿El autor? Pues ese búscalo en Internet. Pista: el nombre empieza por “S” y el apellido por “C”.

9.- Miras las llamadas recibidas y no la respondes. Eres un grosero. Y te brindo dos pensamientos. Un día serás tú quien llames y dolerá que ni reconozcan tu nombre en la pantalla de destino. La otra, que hay una llamada al final del túnel por el que transitas y a esa no podrás dejar de responder.

10.- Sacas fotos y fotos de la reina Leticia mientras pasa por delante de ti. Perfecto, tu teléfono tiene cámara 12 megapíxeles, con apertura f/1.7, tecnología Dual Pixel. Querrás inmortalizar el momento. O, por el contrario, hacerlo fugaz porque sólo pretendas decirte – y decir a tus contactos – que estabas allí. Pero allí tú no estabas, era tu máquina. Y si estabas, no eras. Ni serás si no sabes vivir el momento, mirar a la reina – o a quien sea – percibir y grabar en tu cerebro, no en el disco duro, lo que están significando para ti y para los demás los acontecimientos que te implican. Puedes vivir, quiero decir, si sueltas el teléfono y te aferras a las personas y a la vida.

No perderse nada. O todo.

11.- Escuchas con auriculares una y otra vez “Me cuesta tanto olvidarte”. Sí, de Mecano. Te entiendo. Te ha dejado. O le has dejado. Da igual. Pero hija, ¡si ya han pasado años de aquello! Además, si buscas en Spotify, también está el Canon de Pachelbel. O más actual Perfect de Ed Sheeran. También puedes amar el sonido de la calle, de la voz de tu madre o la de ese mendigo. Él sí que está solo.

12.- Andas todo el día liado con el teléfono en un montón de grupos. Grupos que charlan sin parar; tuitean que les duelen los dedos; cuelgan imágenes por millones; se apuntan, se borran, se vuelven a apuntar. Y ahora pregúntate, ¿cuántos amigos – de verdad amigos – tengo?

13.- Das prioridad a las llamadas entrantes del trabajo sobre las de tu hija (novia, hermano, mamá). “Lo que importa más nunca debe estar a merced de lo que importa menos” escribió Goethe. O del libro de Primero Lo primero que cité antes “Cuantas personas en su lecho de muerte desearían haber pasado más tiempo en la oficina? Ese es el título del capítulo primero.

Personalidad y exclusión

14.- Experimentas miedo a perderte algo en las redes sociales o a quedar excluido de un evento, lo que puede llegar a obligarte a permanecer conectado a Internet. Visita a tu consejero espiritual, porque padeces FOMO (Fear Of Missing Out), pavor a ser excluido.

Y si me permites yo te digo otra cosa: nunca estás sola; nunca estás solo porque tú vales más .Para alguien lo vales todo. No te miento.

 

Idea fuente: ¡Ay si los Smartphone hablaran!

Música que escucho: Wait, M83 (2011)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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