Un par de manzanas

No es cierto que no podamos hacer nada. Nos lo decimos con rabia mal contenida cuando vemos que se intenta desde poderosos medios dejar clavadas las ideas en los cerebros. Como esas cajas de madera claveteadas todas iguales. Son marca. No son caja aparte. No son nada ni nadie.

Pero no tiene demasiado recorrido esa imagen. Ahí se queda. El sol la secará como baba de limaco. Algo indigno, probablemente.

Hoy el frutero de la esquina, que no ha hecho un ERTE porque él es su sólo trabajador, daba un par de manzanas wachintonas al pobre de las once. También cambiaban unas palabras. Algo digno, probablemente.

El pobre de la once le decía: “¿No crees? Hay semillas en las miradas de las personas. Unas se miran las manos donde nada crece. Otras miran al suelo y recolectan monedas pequeñas con las que ir tirando. Otras miran los ojos».

.- ¿Y que hallan?

.- Pues que va a ser: la riqueza de sabernos hermanos, amigos – concluyó el pobre de las once.

.- Y un par manzanas

.- Y un par de manzanas

Rieron hermanos a fin.

Idea fuente: la mirada de un pobre

Música que escucho: Wonderful Life, Black (1985)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Los nuevos aplausos

Amainan los aplausos. Mas de setenta días de homenaje a los que han permanecido sumergidos en el dolor y angustia de la pandemia ceca de enfermos, familiares y amigos. Homenaje rendido a los que no se han rendido. Pagasteis con vuestra vida muchos de vosotros. Y ahora, que no suene a reproche, se apagan los vítores porque vuelven las aguas cerca de sus cauces.

Gracias amigos: que bien los habéis hecho.

Y en los días que sobrevienen. duros todavía y más en otras materias, que bueno es recordar que puede más el que quiere que el que puede.

Por eso, sin salir al balcón, paseemos nuestra sonrisa para aplaudir sin ruido a  profesoras, padres, abuelos, amigos que afrontamos la normalidad. No queremos que sea nueva: nos basta que sea normal, es decir de trabajo, cariño, cerveza, copla si estamos de fiesta y consuelo si nos aqueja un dolor.

Vamos, ¡ea! que no es ya camino el que dejamos atrás.

Idea fuente: ¿Tu normalidad? ¿Mi normalidad?: la normalidad, ¡y vamos juntos a buscarla!

Música que escucho: High, Lighthouse Family (1997)

José Ángel Domínguez Calatayud

Jacaranda

Me contó Alejo que, incluso después de muchos años de que la joven lo dejara, creía verla en la distancia. Bastaba un corte de pelo, un abrigo azul azafata, un pañuelo estampado en un cuello, para que su corazón diera un brinco. No importaba que por la fecha y el lugar la presencia de Cira fuera altamente improbable.

El corazón no sabe de tiempo ni espacio. No sabe del día. No sabe de la noche. No sabe de distancias. Para el raciocinio estas cosas son de lo más fácil. Pero el corazón no se para en lo fácil, sino en el golpe de emoción: por motivos muy racionales Cira no podía estar en Le Mondial de L’Automobil de París: porque Cira no se dedicaba en aquella época a los coches, sino a  las flores; porque octubre es el mes para ir Cira a Holanda a elegir tulipanes y no limusinas; porque aquella chica sólo se parecía a su chica por el modo coqueto de llevar subido el cuello del elegante abrigo. Alejo se acercó con mal disimulada caballerosidad para verla y llevarse el enésimo chasco: ¡no era ella!

No lo fue nunca. Ni ahí en Paris, ni en aquella cafetería de Serrano, ni en la tienda de moda de Barcelona, ni en el pasillo de la planta de trauma de la Clínica de la Universidad de Navarra. El deseo te hace ver colores amados aunque hayan pasado décadas.

Pues algo parecido me paso a mí y dejé rastro en mi anterior post.

Jacaranda

Enredado en la primavera y en un sentimiento encerrado en un cuerpo debilitado me puse  a ver- recordarán – flores en el móvil. Flores que una encantadora y asidua lectora me había enviado. Entre ellas una flor de violáceos colores y de una luminosidad. Y no fui capaz de pronunciar su nombre. Al contrario: no conseguí hacer en la cuenta del nombre de aquella belleza de la naturaleza la preferida flor de abril: la jacaranda.

Ando todavía confuso por la vergüenza de no haberla reconocido. Sirvan estas letras de desagravio. Desagravio sí, justificación, no: ¿cómo puede ser uno tan cateto de ciudad de no darse cuenta de que tiene ante sí una jacaranda y además hermosa?

Sevilla puede darte estos disgustos que, ¡oh paradoja!, te refuerzan el recuerdo de lo amado. Se te pasó una vez, precisamente esa vez que hará que nunca la olvides. En la corta salida por la ciudad la buscaba hoy con la mirada. Enseguida su color me habló en su silencio morado para decirme que los mejores colores son los que se quedaron, después del olvido.

Pus no habrá más: para olvido el primero, azulado escarmiento y hoy horizonte del pulso.

Idea fuente: A veces nos olvidamos una vez que nos la hace recordar para siempre

Música que escucho: Better Off Now, Trent Dabbs (2012)

José Ángel Domínguez Calatayud

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La flor anuncio de sol

Un lectora habitual me ha enviado una foto de una flor. La estoy mirando y me parece lila. Pero de botánica tengo un conocimiento entre nulo y limitado, más cerca de lo primero que de lo segundo. Así que a lo mejor no es lila, sino lirio, violeta, digitalis o lavanda.

Sí que me gustaría conocer el nombre de la flor como al chico le gustaría saber el nombre de la hermosa chica que acaba de entrar en la fiesta. Y esta flor se ha colado en mi Blog. El nombre es importante. Es conocido el dicho según el cuál la palabra que más gusta escuchar a una persona es su propio nombre. A la flor seguramente le dé igual que alguien pronuncie el suyo.

A esta de la foto le llamaría yo violeta. O hija del sol. Lo haría por la facilidad de contraste entre su matices oscuros y misteriosos y el fulgor del astro. No sólo que se compenetren cromáticamente, es que se comprenden la una y el otro. Hija del sol, que te enciendes en mensajes de cariño a lo humano bello.

Al pie del camino, contra una tapia o ya segada en un jarrón de la terraza nos dices “vive; vive como lo he hecho yo; da luz, da tu color – el que sea – para tintar de belleza lo que veas, lo que llenas de aroma y luz que anuncia sol, verdad y cosas buenas por hacer”.

Es ella, la flor, la que me mira ahora y me dice “no eres flor; pero eso no puede ser excusa para no dar tu aroma, tu inigualable color o tu luz. Si queremos nada impide ser anuncio de sol”.

Tiene tanta razón. En nuestras manos, pétalos de carne; en nuestros ojos, estambre de luminosidad, en todo nuestro cuerpo y en nuestro espíritu vibran los colores sonoros de la felicidad. Por ello podemos dar un buen día a otra persona. Es sólo cuestión de voluntad buena puesta a la luz del sol y no a la sombra del yo.

Idea fuente: una flor violeta, un sol y nosotros, todos nosotros

Música que escucho; Always on  My Mind, Willie Nelson (con Carrie Underwood) (2013)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Flores de otro mayo

Le llenó de ilusión aquel whatsapp de la tarde. Con las normas de desescalada no podían verse. En primer lugar porque él era población de riesgo por una reciente enfermedad. En segundo lugar porque no eran de la misma provincia. Esto último le produjo un ligero cabreo cuando oyó en las noticias que había colas de franceses en el paso fronterizo de la Junquera para llenar el depósito de gasolina en Gerona.

Si eres Dupont, sí; si eres Gálvez, no.

No quiso hondar en las paradojas de los expertos y prefirió alegrarse con aquel mensaje de ella. Era un foto de flores de la campiña. Hermosas flores. Hermoso, más hermoso el mensaje que él leía pero que no estaba escrito sino en la imaginación, vislumbrado entre las hojas y los pétalos.

Flores de este mayo

“Mira, no puedo estar ahí junto a ti como quisiera. Tampoco tú aquí. No puedes salir. Yo sí.  Y mis ojos están preparados para compartir contigo esta tarde de mayo. Procuraré  caminar por sitios bellos, sugerentes, inspiradores contigo en mi cabeza. Sacaré fotos y te las envío para vivirlas juntos. Es mayo y no puedo sino recordar cuando, por sorpresa – hace tantos años -, te presentaste ante mí con flores de otro mayo”.

Todo eso pensaba él que la joven quería decir.

Quién sabe si estaba en lo cierto, pero revisaba cada fotografía como un investigador con su microscopio, queriendo extraer, sin dañar la flor y su significado, cada margarita, lirio, cardo o amapola .

Lo que vio no era superior a lo que sintió. Se sintió libre, en el campo, riendo con ella. Estos días de encierro tocaban a su fin. Y presentía todo el bien de aquellas fotos compartidas. Y su corazón se llenaba de gratitud.

Idea fuente: No es tan fácil separar los anhelos

Música que escucho: – You Don’t Bring Me Flowers Anymore, Neil Diamond & Barbra Streisand (1978)

José  Ángel Domínguez Calatayud

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