Grandeza y palabra

Lest we forget how fragile we are

On and on the rain will fall

Like tears from a star/

Fragile, Sting

En todos los medios hay alguien que se atiene a principios. Siempre tendremos esa persona con valores. No nos faltará quien escriba bien. Esa pluma – ese teclado – que inyecta belleza en lo que cuenta. Y que cuenta con honradez u opina con integridad. Haberlos los hay.

No nos faltará quien escriba bien

Sin embargo, ya lo sabíamos, no es lo mismo valor que popularidad. Se hace difícil ser leído y seguido por personas que aprecien una obra bien hecha. Hoy, donde apenas se lee algo más allá del titular.

Hoy, donde las audiencias de informativos se quedan – cuando se quedan – en las entradas, en los breaknews. Hoy donde, comprobado está, resulta más creíble un bulo y falso que la verdad simple y llana. Hoy, cuando, personas sin formación pero con pulgares largos percuten en las redes con datos más veloces y verosímiles que el investigador que lleva años escudriñando unos vestigios. Hoy, donde el Dogma es Wikipedia y la Herejía es cualquier sabio – sabio: el que escribe de lo que sabe – que contradiga la ideología, verdadero pensamiento único, imperante.

Photo by Aziz Acharki on Unsplash

Son pocos, pero los hay. Por mis trabajos he conocido y conozco comunicadores que estudian los temas, los preparan y los exponen sin hacer componendas, sin concesiones a una galería, que en algunos foros yace estabulada. He conocido y conozco periodistas que enfrentados a un hecho relevante, lo investigan, lo contrastan hasta donde pueden, y luego aplican una ciencia, la ciencia de contar, sin ventas de humo ni enjuagues de conveniencia.

Conveniencia es tantas veces connivencia y complicidad.

Pero siendo pocos señalan a muchos donde está ahora la grandeza.

Grandeza es tener la gallardía de perder horas en la biblioteca – me vale Internet – para dar con el conocimiento, la definición, los límites y las posibilidades de la materia de interés.

Grandeza es escribir sin ensuciar lo que te hace mujer o te hace hombre; sin contradicción con la verdad íntima insobornable de ser persona.

Grandeza en el oficio de comunicar es no dar ni un segundo de audiencia,  y menos hacer de repetidor, a favor de quien el único crédito que puede concedérsele es el que le serviría para aspirar hacerse con el Premio Pinocho.

En el uso de la redes sociales la grandeza se contiene en hacer aprecio a un decálogo difundido precisamente en una de ellas. El “tercer mandamiento” es bien concreto: “No confíes siempre en lo que encuentras por la red, pues muchas cosas no tienen una base solida y pueden haber sido inventadas”.

Para aumentar la grandeza es lógico apoyar a los grandes, a los que hacen más bien que mal, a los que escriben con altura, a los que tienen coraje y también compasión, a los que aman lo que escriben porque escriben con amor y con profesión, con dedicación.

Sí, puede que sean pocos, pero es claro que son necesarios porque con su palabra y su ejemplo están abriendo brecha en el tenebroso muro que está emparedando la Libertad entre falsas libertades.

Photo by Aaron Burden on Unsplash

No es pedir mucho, es pedir lo necesario: la grandeza de espíritu para servir a la sociedad en un momento especial de cambio de época. Una época que no sé como la llamarán pero que es Comunicación, que es palabra, que es imagen.

Idea fuente: la grandeza como requisito del espíritu de la comunicación

Música que escucho: Fragile, Sting (1987)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Catedral de Notre Dame

Mientras revuelan las últimas pavesas de la Catedral de París, tenemos el corazón entelerido en esta noche de Europa. Ya dura mucho.

Y ¿París? “Fluctuat nec mergitur”. “Es batida por las olas, pero no hundida”. Me he acordado del esperanzador mensaje contenido en el lema de la capital francesa.

Notre Dame es una realidad de piedra y madera y es un símbolo de Notre Europe. Nuestra Europa es una realidad atravesada en su Historia de gestas heroicas y terribles guerras. El relato siempre incompleto de una aspiración. Por definición toda aspiración no alcanzada es trozo incompleto de vida. Y Europa siempre aspira a más, a algo mejor. El corazón de Europa es fáustico. Un anhelo de totalidad recorre sus siglos  como en el Fausto de Goethe.

Ese es el sentido de los góticos arcos de ojiva apuntando al cielo, imagen de lo Eterno. Esa era en la mente de sus  constructores el  sentido de la aguja de la catedral que se desmorona a las 19:35 del 15 de abril en el devastador incendio.

La Catedral de París se dedicó de manera filial a la Dama sobre toda dama. La Mujer que dijo que sí cuando lo fácil era decir que no. La Virgen que concibió lo inconcebible: un Dios hecho Hombre. Perfectus Deus, Perfectus Homo. Una Mujer que por esa maternidad sobre el Hijo del Hombre fue, a los pies de la Cruz, hecha Madre de los cristianos. Notre Dame, Notre Mère.

Ardió un Lunes Santo la Catedral de París, una catedral central para Europa. Su destrucción por el fuego es un daño cultural. Lo han dicho cargados de verdad políticos y humanistas. Entre las piedras de su armónica estructura dormitaban el arte y la artesanía en muchas manifestaciones. En sus fachadas han sobrevivido al devorador fuego los rosetones cuyas vidrieras, como alguien ha escrito con bella expresión, dejan pasar la luz, pero no el sol.

Rosetón en el crucero de la Catedral de Notre Dame

Es una realidad, una obra de devoción y arquitectura cuya grandeza ha sido respetada en su magnitud física tanto por la Revolución Francesa como por las dos Grandes Guerras. Tanto por el ateísmo militante como por el imperio de Napoleón, autocoronado precisamente bajo su bóveda. Tanto por el laicismo como por las tendencias artísticas. Notre Dame es trasunto de autoridad, de belleza ante la que rendirse.

Pero además el incendio de Notre Dame es un símbolo de la hora actual de Europa.

El Viejo Continente contiene por su amor a la libertad y sus ansias de infinito una belleza especial, una sombra de vida humana, personal y social. Y de eso es símbolo la imponente imagen de la parisina catedral. Y el fuego que la arruinó este lunes nos invita a preguntar, ¿Europa, qué es de ti? ¿No estás ardiendo? ¿No se están quemando tus aspiraciones de Verdad? ¿No es humo de ideologías el que asfixia tus días? ¿No deseas, Europa, ser tú misma?

La imagen de Notre Dame esta mañana me ha sugerido el rostro de esas elegantes damas de Champs Elysées cargadas de años pero en cuyo hermosos rostros sigue resplandeciendo la luz, ya no el sol completo, de una belleza perenne.

Europa parece llevar unas décadas – demasiadas – avejentada, alejada de lo que le podía unir y fortalecer. Europa está en riesgo de incendio. Ya se huele el humo de las viejas afrentas, cuando podría embarcarse en una inacabable aventura de las que miran al último horizonte.

A ese cielo al que se alzaba desde Ile de France la espesura triste del incendio de Notre Dame, hacia la Maison de Notre Mère. Mirando a ella cabe un plegaria, para que nos ayude a convertir estas cenizas en una suerte de positiva alerta para el espíritu europeo.

Y el misterio de la Cruz

Jean Cocteau, iconoclasta y escritor, por ese orden, gustaba decir, “si el fuego quemara mi casa, ¿qué salvaría? Salvaría el fuego”. Seguro que ante las llamas de Notre Dame podría como nosotros desear que no quedase en un suceso, sino en un acceso a un proyecto común y grande. Por ello me quedo de sus frases con esta:“Il faut faire aujourd’hui ce que tout le monde fera demain”.

Idea fuente: Nuestra Dama arde. París, Europa no ha de acabar en cenizas.

Música que escucho: “La bohème, Charles Aznavour (1966)José Ángel Domínguez Calatayud

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No son las máquinas

We are searchlights, we can see in the dark

We are rockets, pointed up at the stars

We are billions of beautiful hearts

And you sold us down the river too far

(What About Us, Pink)

José María Álvarez-Pallete tiene razón. La tiene en el sentido de mi post de ayer en este Blog Personal (“En busca de certezas”). “Google no puede ser la fuente del conocimiento” ha dicho este miércoles el presidente de Telefónica en el Foro de Debate de ABC de Sevilla.

José María Álvarez Pallete en ABC de Sevilla

La llaga en la que mete el dedo este capitán de la empresa es la de los “datos”. Llegó a afirmar que “Facebook tendrá que pagar por utilizar nuestros datos”. También que “no somos conscientes de lo importantes que son nuestros datos. Para mí los datos son una cuestión de derechos humanos; es como la dignidad, no pueden ser expropiados sin una transacción justa de la que yo sea consciente”.

Esa es es la orilla de certeza para recuperar nuestra identidad frente al expolio cibernético y la intoxicación comunicativa. “Lo que más viaja por las redes, lo que más se viraliza, es lo que se supone que es correcto”. O no. No es correcto porque se viraliza: se viraliza para hacer suponer que es lo correcto.

Recuperar la salud comunicativa

Puso el ejemplo, de amplia difusión por redes sociales, de una noticia negativa a base de datos manipulados sobre Hilary Clinton pretendidamente publicada por un periódico que ni siquiera existía. Sí, en todo eso tiene razón José María Álvarez-Pallete.

Y concluía: “No podemos dejar a las máquinas que, a través de algoritmos, hagan cosas que no son correctas y saquen conclusiones empleando correlaciones espurias”.

Pero no son las máquinas. Son quienes en su diseño, en la alta programación de sus reacciones o en la proyección de su propia cosmovisión obligan a las máquinas a dos cosas terribles.

Primero a considerar que lo que más se repite es lo que hay que seguir. Segundo, a hacer que se repita lo que les da más ingresos, independientemente de toda referencia a lo que es bueno, bello o verdadero.

Si lo que más se repite marca la trayectoria, sólo porque es lo que más gente dice que es lo correcto, es fácil para quien domina la red de Internet  – o uno de sus brazos, por ejemplo Wikipedia – manipular sin más ambages la verdad y la dignidad.

Pero, en segundo lugar, lo que se puede hacer – y ya lleva tiempo haciéndose – es priorizar por monetización lo que hay que comprar, ver, seguir, consumir o creer. ¿Es ese el último escalón del subjetivismo? Me creo mi yo. Y mi conducta, mi convicciones o las de mis hijos se ajustan a los deseos de una mayoría robotizada vía Internet invasivo y extensivo.

Yo Persona vs Yo Robot

“Es la hora de las personas ante el desarrollo tecnológico” afirmó Álvarez Pallete. Personas es Educación. Personas es conocimiento y compasión. Personas es priorizar ya las humanistic skills (competencias humanísticas), porque “lo que más va a valer en el futuro es aquello que no se puede digitalizar, ni automatizar”.

No, no son las máquinas.

Idea fuente: los algoritmos nos tienen vida propia. Primero personas libres.

Música que escucho: What about Us, Pink (2017)José Ángel Domínguez Calatayud

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En busca de certezas

Sing
As a song in search of a voice that is silent
And the one God will make for your day

Be- Introduction Of Jonathan, Neil Diamond

En las últimas semanas han coincidido sobre mi mesa  – o en mi pantalla – alertas sobre un fenómeno notable: la incertidumbre.

Antonio Garrigues Walker presentaba su libro “Manual para vivir en la era de la incertidumbre”.

En una Tercera de ABC Enrique Ponce, en un alegato sobre la defensa del toro, deslizaba una clave: “Creo que no estamos en una época de cambio, no nos confundamos: estamos ante un cambio de época, algo que es distinto y más vertiginoso”.

Incertidumbre social

El último número de lNSIGHT, revista del IESE, desde la portada declara “Incertidumbre Global”. Algo que impone. En el interior deja constancia de una máxima que Risto Siilasmaa, presidente del consejo Nokia desarrolló en Nueva York en la Global Alumni Reunion: “Hoy es el día más lento del resto de tu vida. Probablemente penséis que el cambio nunca ha sido tan rápido como ahora. Pero es un error. Hay que pensar que el cambió nunca será tan lento como ahora” (IESE Business School, Insight,  nº 151, págs. 9 y ss.).

Cambio de época, giro vertiginoso, era de incertidumbre: perplejidad. ¿Las dudas superan las certezas? ¿No hay siquiera un clavo ardiendo al que cogerse? En no pocos intelectuales, pensadores, ciudadanos se detecta una indefinible sensación de congoja ante sus cosas y sus días que les hace preguntarse por dónde discurrirán los acontecimientos, cómo me afectarán y, en definitiva, cuál debe ser la elección segura.

Efectivamente, hay cosas nuevas en el mercado físico; tanto en lo tangible con nuevos materiales como en los medios de comercialización, fundamentalmente en la logística.

¿Última tech?

También se definen procesos tecnológicos que, nacidos hoy, despiden al que ayer era lo último en agricultura, turismo, manufacturación, arquitectura, diseño, educación, medicina o en otras ciencias.

Cosas nuevas brotan en el mercado inmaterial sobre todo en la investigación, agregación, análisis, síntesis, almacenaje de pedazos de identidad de las personas, incluidos lo que cada una de ellas considera todavía intimidad: hay quien, lejos de tu cerebro y de tu casa, conoce tu champú preferido, tu canción más amada, la literatura que te deleita, las palabras que buscas en el diccionario, la lista de tus amigas, tu hándicap, el deporte que haces y por dónde los haces.

Si has comprado ese coche y esa hamburguesa no sólo lo sabía antes. Lo que puede inundarte de incertidumbre es que lo compras porque otros, lejos de tu amistad y de tu familia, decidieron fabricarte ese deseo:  no eres el comprador – compradora: eras ya el producto.

Todo sobre ti, más que tú

Tú “yo”, con todo lo que para ti significa, llevaba meses perfilado. Casi impreso en 3D virtual. Los deseos que tendrás la semana próxima han sido vendidos a quién puedan interesar para que él – o ella – te arrastre con mensajes en tu ordenador, en las pantallas hasta la puerta del concesionario, hasta la página web de compra on line o al recinto que otro tiene dispuesto que vayas, pensando tú que es idea tuya.

No se salva la Comunicación. Hoy es reelaborada  y ha llegado incluso a las aulas, al Alma Mater. También a ese aprisco donde todo individuo considera que lo es porque piensa que dice lo que piensa cuando sólo dice lo único admitido en el cercado de lo políticamente correcto.

Sí, lejos de tu trabajo y de tu casa, hay quien no te deja solo – sola – ni a sol ni a sombra. 24 sobre 24. 365 sobre 365. Y no eres inocente del todo. Yo tampoco, claro.

Has ido dejando por los líquidos caminos de Internet unas miguitas de pan llamadas “click”. Los clicks ni se hunden ni desaparecen en Internet. Tampoco cambian de coordenadas ya que no les afectan las corrientes y el oleaje.

Líquidos caminos de la Sociedad Líquida

Todo lo contrario, los miles de millones de clicks que hemos sembrado en los caminos líquidos de esta Sociedad Líquida son anclas, balizas si prefieres, para hacerte un ser dubitativo, sin compromiso, sin certezas y sin apenas más libertad que la que te crees tener porque te has sacado el carnet del “Grupo de los que No Tienen Etiqueta”.

Y si a los que desean modelar tu voluntad les faltaban pistas de tus certezas, el Smartphone es una luz, faro luminoso. Lo llevas encima para que geoespacialmente grites por las ondas del espacio acerca de por dónde andas y por dónde anduviste. Hacia dónde irás es ya menos cosa tuya. Sí, repíteme que perteneces al “Grupo de los que No Tienen Etiqueta”.

¡Vaya si la tienes! Y con destellos. Justo la etiqueta que te define como producto a vender a los laboratorios de ideas recicladas; a los calculadores de votos a lo que no votarías con algo de criterio, o, simplemente, al fabricante chino de ese peine eléctrico que no necesitas para nada. O del nuevo smartphone.

Competencias humanísticas, personas modélicas

Las pistas de la certidumbre están en tu interior. Sé tú mismo, sé quien eres. Entrega tu libertad al amor, afianza ideales que valgan la pena, y hazlo porque quieres. Esa es libertad recuperada que no caduca cada Viernes Negro, cada periodo electoral, o cada vez que un editorial dice que toca cambiar la verdad que tú aprendiste por otra que se arrastra por la Red porque no es verdad, sino bulo, falsedad, fábula, ideología revestida de diálogo.

Idea fuente: fortaleza de principios para salvarnos de incertidumbres.

Música que escucho: Be –Introduction  Of Jonathan, Neil Diamond (1973)

José Ángel Domínguez Calatayud

18 minutos

“Le quedan 18 minutos, carga de batería en un 10%”

Muchas veces me había pasado lo mismo: concentrarme en la tarea con el portátil y no darme cuenta de que el tiempo agotaba la batería. Todo por no haberlo conectado a la red.

Sí, pero esta vez era diferente porque esta vez sí quedaban sólo 18 minutos. El ordenador no sabe de flexibilidad ni de prórrogas. La vida tampoco. Mi ordenador no sabe de segundas oportunidades. Mi vida tampoco. Lo que me parecían antes segundas oportunidades eran nuevos momentos únicos, cerrados, excluyentes, aunque guardasen parecidos unos con otros.

18 minutos son una eternidad cuando te mata un dolor. Son impaciencia ardiente en el atasco para llegar a casa después de un mal día.

Y, a la inversa, son nada cuando necesitas al menos 30 para terminar y enviar el informe final de tu contratación. Son un parpadeo si es el tiempo exacto para la inyección letal. 18 minutos son puñalada cuando son los que quedan antes de dejar a tu amor en tierra un domingo y tomar un avión.

18 minutos y despegar

Si el ordenador vuelve a poner en su pantalla “Le quedan 18 minutos”, le preguntaré ¿qué harías tú si sólo te quedase ese cuarto de hora ampliado?

Mejor, me lo pregunto a mí; y a ti, mi lector amigo. Si hoy, si ahora mismo te quedan 18 minutos, ¿qué vas a hacer con ellos?

Idea fuente: Un aviso de mi ordenador portátil

Música que escucho: Leaving on a jet plain, Peter, Paul and Mary (1967)

José Ángel Domínguez Calatayud